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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

sábado, 14 de enero de 2017

ARTURO. UN CHICO LISTO



 



Arturo, era un chico listo. Y así era como todos lo veían por su peculiar manera de aprovechar las oportunidades de la vida. A donde iba o donde estuviera se dedicaba a observarlo todo, observación que realizaba con especial detenimiento, pues tenía enfocado de una forma precisa sus objetivos, los cuales en su gran mayoría no eran más que ambiciones superficiales, sin embargo, tal cualidad no le restaba la posibilidad de que desarrollara una cierta destreza en el arte de la palabra, diciendo con total soltura lo que los demás querían escuchar. Si observas bien tu entorno, sabrás perfectamente lo que necesitan aquellos que se mueven dentro de él. Esa era su máxima. Y con dicha máxima, ya había logrado bastante, sin mucho esfuerzo. No requería de otras habilidades, ni siquiera ante las más temibles posibilidades, pues su empatía estaba bien canalizada, dirigida a evitar los problemas y los desgastes que estos ocasionaban hasta en lo más mínimo. Observar también es un arte queridos amigos. Comentaba entre sus coterráneos quienes le seguían, tratando de aprender su distintiva forma de manejarse en la vida.

Tenía un delirio particular, casi especial por aquellas mujeres que se etiquetaban, a sí mismas, como independientes y autosuficientes. Él en sus observaciones había determinado como conclusión que la gran mayoría de ese tipo de mujeres no necesitaban más que un buen sexo para ser felices, y le mantuvieran a él, allí, cerca de ellas. Bajo esa premisa Arturo pasó gran parte de su vida. Como estudiante había logrado financiar su carrera por el beneplácito de una mujer un tanto mayor que él, pero que era independiente y autosuficiente. Aquella mujer, costeaba su manutención, además de una pequeña beca por los favores concedidos.

En la universidad, no era un santo. Usaba sus sensuales encantos para agraciar a una que otra profesora y de esta manera conseguir que su permanencia en el recinto no fuera del todo traumática, sino por el contrario, que fuera cómoda, tranquila y sin mucho tropiezo. Donde aprobaba las materias más difíciles y de mayor exigencia, con la facilidad de un cisne.

Al finalizar la carrera, el joven aventurero decidió poner fin a la relación que mantenía con aquella mujer mayor. Dentro de su cabeza se había encendido la idea de cambiar de ciudad y conocer otras personas, otros estilos de vida. Algo, de un estatus más cosmopolita. La mujer no se tomó a mal la forma en que Arturo había puesto fin a aquella situación, en el fondo ella intuía que todo aquel cuento de hadas no podría ser posible a su edad, sin embargo, a pesar de las múltiples infidelidades de Arturo, ella le amaba, y por ese amor había disfrutado los pocos momentos de placer que el joven, le había dado. Al final, terminó regalándole el porsche rojo que tanto le gustaba y todo el vestidor que tenía, incluyendo los relojes, lentes y hasta las pantuflas de baño.

El día que Arturo hizo las maletas para marcharse, sintió por aquella mujer lo mismo que sentía cuando su mamá le acompañaba a hacer las maletas para los viajes de veraneo que disfrutaba en su adolescencia. Ese recuerdo despertó tanta ternura en él, que antes de irse, le hizo el amor por primera vez, no fue un momento de sexo, fue un momento cargado de amor por evocar aquel viejo recuerdo, y a aquella mujer, en medio del éxtasis, olvidó el dolor que le había causado el final de aquella relación.

Ya había abandonado la provincia, y antes de entrar a la nueva ciudad, dejó atrás todo aquello que no le permitiera codearse con lo más snop. Observó sus pertenencias y dio gracias al altísimo por haberle cruzado con una mujer con un alto sentido del estilo. La mayoría de las cosas que ésta le había obsequiado, incluyendo su coche, estaban perfectamente alineadas con el tipo de personas a las que le gustaba frecuentar. No vivas de apariencia, eso dicen todas las mujeres, pero como les gusta que se les acerquen un tipo bien vestido, con buen olor, con buen estilo, de zapatos pulcros, de piel tersa y ojos brillantes, con dientes blancos y bien peinado. Y todas las mujeres son así. Pero entre ellas, se dicen: No vivas de las apariencias ¡Como se mienten!

Se sentía en su momento. Había arrendado un piso, en uno de los barrios más cómodos de la ciudad. Compró algunos muebles modernos, algunos artefactos que no le podían faltar: unos cuantos cuadros de pintura, ninguna famosa pero si con estilo abstracto, unas cuantas estatuas, pues ese era su delirio y si eran con el estilo de la diosa afrodita mejor. Compró algunas copas, platería, y otros utensilios de cocina. A algunas mujeres les gustan los hombres que saben dominar la cocina, pensaba. Luego de acomodar lo que sería su nuevo hogar, comenzó a revisar las opciones que tenía para empezar a codearse con algunas personalidades de esa sociedad nueva en la que estaba ingresando. Hizo lo propio. Inició por comprar el periódico local, y mientras lo leía y marcaba los lugares que identificaba como la créam de la créam, escuchaba lo que decían en la televisión local. Estaba aprendiendo cuales eran los modismos y los chistes de moda que pululaban en ese momento.

En dos semanas Arturo ya había conocido a varias personas de su interés y hasta había conseguido relacionarse con una médico muy prominente, llena de maestrías y próxima a recibir un doctorado. Aquella noble mujer ocupaba un alto cargo en la sociedad médica y además, era socia de una de las principales clínicas de la ciudad. Una mujer independiente y autosuficiente en todos los contextos que Arturo manejaba.

Valentina, así era como se llamaba, era un poco mayor que él, sin embargo, no era distintiva la diferencia de edad, pues se conservaba muy bien. Eso nunca era un problema para el joven especialista en este tipo de mujeres. Su futuro era brillante, y de por sí, su presente ya brillaba con la posición que ostentaba. Sin embargo, en el amor no tenía mucha suerte, o nunca la tuvo. Por ello, consiguió alivio en los libros y en su profesión, lo que la hizo destacar entre las demás o entre sus amigas, quienes la gran mayoría terminaron casadas y dedicadas a sus hogares y esposos.

Había conocido a Arturo en las canchas de tenis del club, donde pasaba la mayoría de las tardes. Un encuentro muy normal, como cualquier otro, sin embargo, lo que había cautivado a Valentina era esa dulce manera de ser del chico. Y sobre todo le había cautivado, la sencilla pero además pulcra manera de vestirse, además de su físico: alto, bien parecido, de cabello rubio y ojos claros que acompañaban su delicado estilo europeo, tanto en la forma de peinarse como el brillo de su cutis, después del afeitado. Tiene piel de bebé, pensaba ella, mientras le pasa la yema de sus dedos por las formas de su cara, permaneciendo horas y horas así, contemplándolo, mientras él dormía.

Valentina se sentía bien. Por primera vez en mucho tiempo se había sentido querida, deseada y toda esa sensación le había despertado una nueva forma de ver la vida. Con Arturo a su lado, había podido compartir actividades que no estaban relacionadas con el mundo de la medicina. Todo aquello, había incitado en ella un gran deseo de compartirlo todo con aquel joven, desde sus momentos más serios hasta sus momentos más estúpidos o insignificantes.

Pasaron meses juntos, sin embargo, era claro que la naturaleza de Arturo no le permitiera mantenerse en una fidelidad eterna. Estaba dado a abordar a cuanta mujer independiente y autosuficiente se le cruzara en el camino. No podía desprenderse de ese gusto exquisito que le generaba el placer de conquistarlas y entre más difíciles, más intensa era su determinación de poseerlas. No le importaba en lo más mínimo que Valentina conociera de sus aventurillas, y en ocasiones la dejaba plantaba en la soledad de su apartamento para internarse a nuevos encuentros.

Y de esos innumerables encuentros, se ganó la fama de don juan entre sus amigos, haciendo perder la cabeza a muchas mujeres independientes y autosuficientes, que pululaban en la ciudad. La mayoría de ellas deseaban pasar noches enteras con él, y por si fuera ´poco, muchas intentaban someterlo al imperio de los mundos que ellas controlaban. Pero él se escabullía ágilmente del calabozo de las sábanas de seda que esas mujeres construían en torno a su cuerpo, dejándolas sedientas de placer para regresar al final de la noche, a los brazos de su querida Valentina. Quien lo esperaba impaciente, llena de temor, rogando porque su amado no fuera atrapado por algunas sábanas de seda, mejores que las suyas. Y al verlo entrar por el umbral de la puerta de su habitación, corría con sus brazos extendidos y se colgaba de su cuello, sin reclamos, sin escenas, y se entregaba a él, para borrar las caricias que le antecedieron. Eso era lo que más le gustaba a Arturo de Valentina. Esa cualidad que ella tenía de aceptarlo tal y como era.

Pero como a todo Apolo le llega su Dafne, para Arturo no iba a ser una excepción. Una noche, en una de esas reuniones que frecuentaba en casa de sus amigos, conoció a Victoria. Y desde que la vio, no pudo desprenderse del magnetismo que su presencia le había generado en su interior, depositando su mirada en ella durante toda la noche. Sus ojos se paseaban por su sedoso cabello almendrado, se detenía en su tez de porcelana quedándose anclado en el perfil de su rostro, ¡que bella, que bella es! se decía mientras la recorría completamente. La seguía con sus ojos en silencio, manteniendo distancia para evitar la posibilidad de un encuentro, antes quería cerciorarse de la naturaleza de aquella mujer, que tan solo en un instante le alteró su propia existencia. La observó con cautela, y en ocasiones se acercaba sin que ésta sintiera su presencia, solo para enterarse de lo que ella hablaba con las personas que la rodeaban. Sin embargo, no era suficiente para Arturo, tenía que iniciar el juego de seducción con aquella misteriosa mujer. Pero algo dentro de él se lo impedía, dejándolo inmóvil y sin palabras cada vez que intentaba acercarse a ella. Ella tiene algo que me bloquea, no sé qué es, pero esto me gusta… pensaba, mientras buscaba dentro de sí, una estrategia que lo acercara un poco a su nueva conquista.

Pasó gran parte de la noche bebiendo vino, para tratar de buscar la inhibición de aquella fuerza interna que no le permitía acercarse a la adorable mujer. Cuando ya, el dulce elixir del vino comenzó a hacer efecto, soltó la copa vacía en una de las mesas, y emprendió por el laberinto de la seducción con la esperanza de alcanzar el centro de aquella estrella, de ese nuevo astro que con solo su presencia, estremecía su cuerpo sin poder controlar toda aquella nueva pasión.

Sus pasos no eran firmes, pues sus piernas temblaban de emoción, y de cuando en cuando tropezaba con sus propios pies que se cruzaban y chocaban torpemente, haciéndole perder el equilibrio de su cuerpo y de su mente…¿Qué me pasa? He perdido el control de mí mismo…Estaba a punto de llegar al rincón de la habitación donde se encontraba Victoria cuando de pronto, alguien le tomó fuertemente del brazo y lo detuvo en seco.

Ø ¡A dónde crees que vas! Le dice una voz masculina, con tono molesto.
Ø Suéltame Raúl, ¿acaso no ves? Voy a socializar un poco…
Ø No amigo, te conozco bien, y toda la noche no has retirado tu maliciosa mirada de Victoria.
Ø ¿Y qué con eso? Me interesa esa chica, ¿y qué? ¿Acaso está contigo?
Ø No, de todas las mujeres que ves aquí, Victoria es sagrada, no es el tipo de mujer al que estás acostumbrado a seducir, así que detente, porque no te lo voy a permitir.
Ø Ah vaya amigo, ¿de qué va esta escena si ella no está contigo? No interfieras en mis asuntos y suéltame.
Ø Arturo, te lo pido, no te acerques a ella, recibe mi cortesía como una advertencia.
Ø ¿Y por qué he de recibirla? No te la he pedido, sabes como soy, así que suéltame.
Ø ¡Porque eres tan necio y obstinado, no puedes tener todo lo que desees! La vida no es un pasatiempo, un juego donde te saldrás con la tuya.
Ø ¿Por qué no dejamos que ella lo decida? Y así dejas de meterte en asuntos de otros, ¿te parece?
Ø Ya te dije que no voy a permitir que te acerques a ella.

Mientras tanto, al otro lado del salón Victoria se vio absorbida por la curiosidad, al ver a sus amigas dirigir sus miradas justo al lugar donde estaban Raúl y Arturo, quienes aún continuaban en un extraño forcejeo, que por el sonido de la música que envolvía al ambiente parecía que estuvieran haciendo una extraña danza o baile, robando las risas de quienes ya habían notado la escena.

Ø ¿Bueno y a ese par que le sucede? pregunta Victoria a sus amigas, quienes se encontraban muertas de risa.
Ø No sabemos, Vicky, pero tal parece que están en medio de una discusión, a menos que los hombres ahora tengan esa manía de crear bailes modernos sin nuestra compañía…Contesta una de ellas.
Ø ¿Y quién es ese que acompaña a Raúl? No lo había visto por aquí antes.
Ø ¿No? Pero eso es imposible, es el último grito de la moda, lo mejor que ha podido llegar a la ciudad.
Ø ¿Ah sí? ¿Y por qué está de moda? ¿Es artista?
Ø ¡Oh, sí que lo es! ¡Tiene un arte, el muy pillín!
Ø Qué raro, nadie me había hablado de él, y ¿cuál es su arte?
Ø ¿En realidad quieres saber su arte?
Ø ¿Y por qué no? ¿Qué podría tener de particular el que quiera saberlo?
Ø Nada Vicky, solo que siempre has estado en tu mundo, pocas cosas de este mundo te interesan.
Ø Vamos chicas, me gusta el arte, ustedes saben que sí.
Ø Claro, el arte, pero no creo que el arte de Arturo sea de los que te gustan.
Ø ¿Y por qué no? Vamos, pruébenme, quizás se sorprendan.

Las chicas se miraron con malicia, ellas en medio de su complicidad sabían que no estaban hablando bajo los mismos términos, pero les divertía el hecho de ver a Victoria interesada en alguien tan opuesto a ella. Y en medio de risitas comenzaron a describir el arte de Arturo. Algunas se detenían a exponer sus cualidades como músico, describiendo las melodías que hacia estremecer a todas aquellas que le escucharan.

Ø ¡Oh sí, es un músico! sus manos, sus suaves manos, como hace vibrar todo lo que toca y su voz tan dulce, tan cálida que calienta cualquier sangre fría.
Ø No, no… decía otra… No es tan buen músico como lo es con el pincel, es un gran pintor, esa forma de darle textura a los momentos, de captar la impresión de los gemidos en medio de sábanas húmedas, impregnadas del sudor ardiente, de noches llenas de pasión, ¡si, es un pintor que llena de color al lienzo que se le cruce de frente!
Ø ¡No, no queridas mías… respondía la más apremiada… No es tan buen músico ni pintor como lo es como escultor, sus fuertes manos, llena de tensión las frágiles rocas que se posan en su vera, dándole forma a las siluetas que rodean su cincel!
Ø Pues no, todas están equivocadas… replicaba la más apasionada…¡No es tan buen músico ni pintor ni escultor como lo es como escritor, esa manera de hilar las palabras sabiamente pronunciadas en el justo momento que llegas al éxtasis del orgasmo cuando sientes sus libros dentro de ti! ¡Sus letras te hacen el amor!
Ø ¡Oh, vaya! … interrumpe Victoria… Ustedes sí que están impregnadas de su arte ¿pero qué es al fin? ¿músico, pintor, escultor o escritor? ¿O es qué es multifacético?
Ø Bueno querida Victoria, tendrás que descubrirlo tú misma, quizás para ti resulte ser un simple mortal, como te resultan siempre todos los hombres.
Ø Por favor chicas, no sean tan duras conmigo, es que simplemente no puedo conseguir nada interesante, además mis proyectos me mantienen un poco ocupada.
Ø Claro, eso lo sabemos de sobra. Sin embargo, ¿cuándo dejarás de estar en ese mundo y comenzaras a vivir realmente? A veces nos preocupas, ¿cuánto tiempo tenías que no te reunías con nosotras? Te la pasas todo el tiempo internada en tus estrellas, y has dejado de sentir lo que ocurre en la vida real, así no puedes continuar. Deberías intentar conocer el arte de Arturo ¡Para ver si avivas esa sangre fría que adormecida está!
Ø ¿Sangre fría? ¡Claro que no! Además estoy a punto de descubrir una constelación, ¿se imaginan? Sería un gran descubrimiento, y por cierto, el hecho que no comparta sus placeres no quiere decir que no esté viviendo, al contrario ¡mi placer yace arriba!
Ø ¿Y de qué te sirve? Deja a las estrellas quietas, ellas no se moverán de su lugar, en cambio tú, pronto envejecerás y entonces ¡querrás vivir lo que hasta ahora no has vivido!
Ø ¡Oh por favor chicas, que pensamiento tan banal!
Ø ¿Banal? A ver ¿cuándo fue la última vez que te enamoraste? No queremos que respondas que lo estás ya de tus estrellas, porque eso lo sabemos de sobra y no cuenta, las estrellas no pueden calentarte la carne como lo haría una buena revolcada.
Ø ¿Revolcada? Pero si me la vivo revolcándome en el universo, en el cosmos, está claro que ustedes nunca entenderán mi placer, pero no por eso quiere decir que no viva y disfrute de mi vida como lo hacen ustedes.
Ø ¡Demuéstralo! ¡Ve y conoce a Arturo! ¡Luego podemos platicar de tu experiencia con ese maestro del arte!

Victoria, dejó al grupo de amigas y se fue al encuentro de Raúl y Arturo que aún continuaban con su peculiar forcejeo al otro lado de la habitación. Y mientras se dirigía allí, con su elegante manera de caminar, sus pensamientos se ahogaban en las palabras que sus amigas le habían profesado, no podía entender como ellas no podían comprender la magia de las estrellas, el misterio que las rodeaba y la música que las acompañaba, y recordaba las noches enteras que se la pasaba mirándolas a través de su telescopio, sintiendo como sus ojos tocaban su textura, sintiendo su color, escuchando su melodía, para luego iniciar el dialogo eterno que entre ellas existía. Y luego, estudiarlas a cada una de ellas, conocerlas y sentirlas en su esencia, ¿Cómo no estar enamorada de esos momentos? Ellas nunca la iban a comprender, eso estaba claro para Victoria.

Victoria era una encantadora mujer, opuesta a muchas mujeres en todos los sentidos. Era independiente y autosuficiente, pero ni ella misma sabía que lo era, pues se adecuaba a ambos conceptos completamente, en el sentido estricto de lo que significaba serlo. Ella si estaba enamorada de su soledad y de su mundo, pasaba todo el tiempo en la búsqueda de los misterios que escondían las estrellas, y no le interesaba en lo más mínimo de lo que acontecía en el mundo. Sus ratos de placer se hallaban frente a su telescopio, observando el vaivén de los astros, contemplando el musical de los destellos celestes. No pertenecía al tipo de mujer independiente y autosuficiente a las que estaba acostumbrado conquistar Arturo, esas mismas que llegan a serlo más por opción que por convicción, esas mismas que lloraban en la oscuridad de la noche al encontrarse solas en sus habitaciones, añorando tener a alguien a su costado, alguien que las llenara de caricias y amores. No, victoria no pertenecía a ese rango de mujeres. Ella amaba completamente su estado, su naturaleza cósmica.  Y quizás era eso lo que había intuido Arturo cuando se la consiguió de frente. Pues por primera vez, se había cruzado con alguien que era verdaderamente, una mujer independiente y autosuficiente.

Al integrarse al sitio donde se encontraban Arturo y Raúl, Victoria interrumpió la discusión que ambos jóvenes llevaban a cabo, sorprendiendo a Arturo, quien en seguida fue abordado por un profundo mutismo que no le permitió articular palabra, ni mover un dedo, dejándolo allí, parado como una estatua. Raúl, en cambio, al ver a Victoria reaccionó inmediatamente, estaba decidido a no permitir que Arturo tuviera oportunidad de acercarse a ella.

Ø Hola chicos. He venido a saludarlos. A ti no te conozco aún…dice victoria refiriéndose a Arturo que se mantenía inmóvil y perplejo ante la belleza de aquella mujer… sin embargo, mis amigas me han hablado muy bien de ti, me han comentado que eres artista. ¿A qué te dedicas en realidad? La verdad, mis amigas no pudieron especificarme de una manera clara de qué se trata tu arte.
Ø Arturo no respondió al saludo de Victoria, su mutismo era de tal magnitud que sus sentidos no respondían a las órdenes que emanaban de su cerebro... contesta tonto, no te quedes callado… se decía en sus adentros, pero era imposible que su cuerpo y sus sentidos respondieran.
Ø Raúl, se dio cuenta de aquel estado de Arturo, y reflejando una  sonrisa de triunfo respondió a las interrogantes de su amiga… ¿Arturo artista? No amiga mía, el único arte de este es la patanería… y de un golpe al hombro de su amigo selló su respuesta. Arturo recibió el golpe sin defenderse siquiera, en lugar de ello, sus ojos se mantenían posados en Victoria, y sintió de pronto unas ganas de salir corriendo a esconderse en cualquier lugar, se sentía apenado, avergonzado, impotente ante lo que estaba sintiendo.
Ø ¡Ah vaya! Que raros están ambos. Eso no fue lo que me comentaron… Victoria, se quedó mirando fijamente a Arturo, intentando que el chico diera una señal de creatividad pero en cambio recibió silencio. ¡Qué rarito es este chico…! pensó la joven… y como por arte de magia perdió todo interés en saber algo de él o del arte que sus amigas habían profesado minutos atrás. En lugar de eso, pensó que sus  amigas simplemente le habían jugado una broma, como siempre acostumbraban, cada vez que tenían oportunidad de hacerlo.
Ø En seguida, Raúl aprovechando el bloqueo de Arturo, tomó a Victoria del brazo y la invitó a caminar… Ven querida, tenemos tanto de que hablar, hace tiempo que no conversamos…y sin dejar que Victoria se resistiera, se la llevó a otro lugar.
Ø ¿Qué le sucedió a tu amigo? ¿No se encontraba bien? Le preguntó Victoria a su viejo amigo, mientras se internaban en las oscuras calles de la ciudad.
Ø Nada querida, es un holgazán, nada especial. Le responde Raúl, con aire de satisfacción.
Ø ¡Oye! Cómo hablas así de él, ¿acaso no es tu amigo?
Ø Si lo es, y porque es mi amigo es que lo digo.
Ø No comprendo nada.
Ø Tranquila, no tienes nada que comprender.
Ø Ha sido una noche muy extraña. Por suerte estás conmigo, como siempre. Dice victoria, mientras tomaba con mayor fuerza el brazo de Raúl.

Ambos amigos continuaron su caminata olvidando por completo a Arturo. Se limitaron a actualizar sus vidas y contarse sus últimos logros. Raúl, estaba tranquilo y feliz de haber logrado su objetivo, evitar que Arturo sedujera a su mejor amiga.  

Mientras tanto, en la fiesta donde se encontraba Arturo, yacía él, allí, molesto consigo mismo, no entendía lo que había ocurrido… me quedé como un tonto, allí parado, inmóvil, imberbe, ¡qué demonios me sucedió¡ pasó el resto de la noche bebiendo copa tras copa, y entre regaño y regaño bebía grandes sorbos de vino. Al final, decidió retirarse y por primera vez se fue sin una acompañante. Aquello despertó el asombro entre las mujeres que estaban esperando que él don juan eligiera con quien se marcharía. En su lugar, tomó una botella de vino, su chaqueta y se marchó sin despedirse.

Al llegar a su apartamento, se consiguió con Valentina, quien le esperaba como todas las noches, pero en esta ocasión, le sorprendió que en lugar de recibir a un hombre extasiado, se encontró con un hombre abrumado, lleno de pesadumbre, ensimismado, ido por efecto del alcohol. Valentina, sin pronunciar palabra alguna, se acercó, y mirándolo a los ojos lo abrazó fuertemente.

Arturo se sumergió en aquel abrazo profundo y comprendió, por primera vez en su vida, el significado de un abrazo. Sintió como todos sus pedazos se unieron, aliviando el dolor opresivo que sentía en su pecho, calmando la ansiedad de sus deseos. Hoy he sido víctima de mis propios deseos, hoy he sido víctima de mis propias ilusiones, soy un estúpido, me falta tanto por aprender y yo que creía que lo conocía todo, no soy más que un títere de mis propias fantasías… decía el joven entre sollozos, mientras Valentina, se limitaba sólo a escucharle, sin dejar de abrazarlo, dejando escapar una leve sonrisa de gozo. Pues, por primera vez su don juan había probado  el amargo sabor de la derrota.

Fin :D

Eleorana 2017
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Este obra cuyo autor es GLOSMARYS ELEORANA CAMACHO ALBARRAN está bajo una licencia de Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.