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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

viernes, 13 de enero de 2017

PARALELISMO





Aún continúas excavando dentro de tu vieja conciencia, tratando de hallar un mejor duplicado de ti mismo, so pena de menoscabar tu poca paciencia, alterando tu presencia que se mueve en círculos cerrados de memorias añejas. Ahora, tomas los pedazos de tu presente, esos que ya no tienen significado, para así reconstruir tu nuevo destino sobre bases y pilares que renacen de tu oscura indulgencia. Y sorprendido, detectas pequeños rastros de una posible prueba mayor que yacía oculta en los matorrales de tu indiferencia.
Adelante, lejos del callejón del olvido, funciona el colapso de una vieja ilusión que regresa nuevamente, soportando el sabor amargo de tu actual existencia como juego fingido, donde la única que se divierte es tu mente, dentro de su mundo; si, ese mismo mundo que está lleno de apariencia, pues permanece carente de tu usual elocuencia. Una apariencia que ha dedicado su espacio a caminar por los valles de la realidad que le rodea, al albergar la razón como única alternativa que ha evitado las reacciones impulsivas derivadas de una mundana imaginación, que nubla lo que se contempla, cuando menos lo sabes, tras escuchar las voces, que en estos tiempos de realidad distorsionada, son expresadas por mentes que dicen estar despiertas.
Y te sientas, y te acuestas para adormecer los sentidos, para acallar las emociones que en tiempo de gloria no ayudarían al protagonista que disfruta su agotada magnificencia, en medio de gritos cargados de miedo, dolor y tristeza.
Y con el paso de las auroras, has evitado la destrucción de esa armonía que cohabitaba en tus noches en vigilia. Te has entregado al paso del tiempo, que recorre sin lamento los ecos de juramentos que expanden reclamos al son de delirios envueltos de paralelismo. Y sin reproche, invocas lo eterno para llenar el vacío, producto de la decepción. Y sin orgullo, invocas el perdón para colmar el dolor, producto de tu malhumor.
En medio de la oscuridad sientes el espacio, sientes el silencio y comprendes, más que nunca, el vacío de tu cielo. Y despiertas, y te duermes nuevamente, pues las condiciones del mundo están minadas de desasosiego.
Y por vez primera, detectas los accidentes con precisión y recoges los residuos de lo irrelevante, como objetivos pasajeros que te elevarán al triunfo de esa constante guerra que alimenta tu interior. Sin embargo, en medio de tal tribulación, en medio de la búsqueda de ese balance te das cuenta que necesitas urgentemente creer de nuevo, aferrarte a la vida, agarrarte de un árbol que sostenga tu ser, y al mismo tiempo, volver al momento exacto donde la inexperiencia terminó con el propósito que sostenía tu existencia, en el aquí, en el ahora.
No era la gloria lo que perseguías, ya lo sabes, ya la tienes y no fue por tu osadía. Tal gloria ha llegado a ti por dormir enteramente, sin prestar atención a los sentidos que te daban fuerza cuando tus convicciones se disgregaban en las voces de otros, esos otros que nada te aportaban. Ya no consigues entendimiento alguno, sin embargo, te llenas de claroscuro, para seguir resistiendo dentro del mundo de los murmullos.
Debajo de los cielos, y desde la profundidad del infierno aceptas que ya nada importa, ni lo que suceda afuera, ni lo que suceda dentro, pues el pensar se ha convertido en un mandamiento severo, un desastre que no contribuye en la solución para reestructurar las anomalías que impregnarían las manías de tu razón. El hoyo negro está creciendo, el hoyo negro te está absorbiendo. En poco tiempo no quedará nada en que dilatar la estación.
Tu expresión se ha convertido en la afirmación favorita que adorna las profecías de viejos y jóvenes atrevidos, que con fe y en medio de delirios divinos, vociferan palabras que las propias hojas blancas no se atreven a sostener. Se ha vuelto a escribir sobre piedra, pues el hombre olvida los mandamientos que desde el centro de su alma, reserva.
Evitas pensar en el por qué del todo y de la nada, de lo que sucede y de lo que no, y comprendes que no hay ser que pueda obligar a otros a sentir lo que realmente opera dentro de los sistemas y sus catatumbas. Es la negligencia de los seres lo que envenena.
No se trata de elección, y lo sabes. Mucho menos de control, y lo aceptas. Para el resto le es más fácil aguantar lo que parece estar a nuestro alcance que aquello que yace perdido en medio de las paredes que conforman las enormes ciudades. Y hablan de un futuro, y reniegan del pasado, dejando el presente en medio de un dilema porque todos están lejos y distantes del centro.
A manera de disculpas, te unes al respiro de un cigarrillo, mientras observas lo rápido que corren los detalles que revelan el devenir de una nueva conexión astral; soltando la suerte te ha llevado a estar cerca de los parámetros que definen lo instintivo: No te rindas ahora que estamos cavando en los defectos, sin usar para ello el músculo de la lógica... te dices en silencio mientras saboreas la última bocanada de esa nicotina que envenena tu cuerpo.
Y es cuando mueves la rejilla que te separa de tu único sueño. Y recoges en un solo puño, el fruto de ese amor que has obtenido en medio de tu desvelo:
Apúrate libertad, ágil te estoy esperando, pues ahora tú y yo estamos a mano…
Declamas tus liturgias que reflejan la muerte de lo pasado y ahora deseas escapar del fracaso que alteró tu interior, durante tu momento de gloria. Ese momento, donde no peleaste contra los impulsos de tu arrogancia, alejándote del contacto que tenías con todo aquello que rodeaba tu memoria.
Ves venir la realidad dispuesta a demoler tus falacias para terminar con tu agonía que todavía permanece sujeta al pánico de tu razón. Y es cuando reconoces que los sueños entran y salen como suspiros erradicando los signos del temor:
Ven libertad, yo te deseo…
Ver y oír ya no es diferente, ya no es suficiente para entender todo lo que oculta tu mente. Pues, los sueños se han vuelto demasiado eficientes para despertar la consciencia que descansa como una bella durmiente – al final siempre ocurrirá algo que te devolverá la fe que tenías en lo invisible.

Ahora lanzas la colilla del finito cigarrillo al vacío de la noche, sabiendo que estás listo para resistir los nuevos ataques que sobrevendrán a medianoche.

ELEORANA 2017
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Este obra cuyo autor es GLOSMARYS ELEORANA CAMACHO ALBARRAN está bajo una licencia de Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.