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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

miércoles, 22 de febrero de 2017

AURORA. RECUERDOS OSCUROS. CAPITULO I






CAPITULO
I

Ha llegado la hora de dejar las cenizas del hombre más importante de mi vida, es incomparable el dolor que  siento ahora, jamás pensé que este momento me dolería, al menos no con esta intensidad arrebatadora. Siempre creí que mi vida junto a él sería eterna que nunca me dejaría y seria siempre mi protector.
                                                                                           
Desde aquí, el sitio que él tanto adoraba, segura estoy que habría querido que sus cenizas se dispersaran. Entiendo tantas cosas ahora, todos sus relatos, experiencias, todos esos recuerdos de los cuales siempre me hablaba. Tan marcadas fueron sus heridas que sin querer se hicieron mías. Respirar estos aires, esta pureza, siento nostalgia a pesar de todo el tiempo transcurrido este sitio aún conserva la esencia que él vivió en aquellos momentos.

Ahora, aquí estoy con la aurora y los recuerdos oscuros, junto a él en mi manos, conservando el polvo que un día formó a un ser que sobrevivió a las pruebas que lo hicieron duro. El dolor me oprime, el llanto me ahoga, los recuerdos me atormentan, el dolor me destroza, pero el estar aquí calma mi agonía al saber que ya no estoy sola. Él, tú y yo, formando un todo, formando el uno único y perfecto, elevándome a lo divino y derramando cada partícula, para que se disperse por todo su manto. Ahora podré continuar y seguir mis pasos sin olvidar lo grande que fue el estar en su regazo. Doy la última mirada, doy el último suspiro, gracias te doy vida, por haberlo tenido en mi camino, ayer, hoy, mañana y por siempre hasta el infinito.

Mi padre tenía sus costumbres y sus creencias eran muy extrañas, nunca exhortó a nadie a creer en sus palabras, así como tampoco exteriorizó su religión. Sus experiencias y aprendizajes le dieron esa formación. Dios era uno y varios al mismo tiempo y todos según su criterio eran movidos por la misma energía. Nosotros como seres humanos hechos a su semejanza existimos de la misma manera, lo malo es que aún no hemos descubierto cómo canalizar la fuente para poder alimentarnos verdaderamente, viviendo siempre contaminados de los desperdicios externos, lo que nos hace débiles, temerosos e inseguros, tres cualidades contra las cuales mi padre luchó para desecharlas dentro de su haber, pues él no conocía obstáculos, solo excusas en que afianzar el fracaso del no lograr llegar a la cima; solía decirme:

-         El hombre, hija mía está lleno de excusas y lamentaciones, los disfrazan de miedos para justificar sus derrotas y fracasos. Debemos ver la vida como un juego de ajedrez y valernos de grandes estrategias si queremos conseguir llegar a la cúspide. Debemos ser primero peones para poder valorar la posición de la torre, del marfil o del caballo, de lo contrario llevaríamos desgracias siendo reyes porque jamás valoraríamos nuestra verdadera investidura, nuestra verdadera suerte y fortuna, en cambio si logramos la aprehensión correcta conseguiremos todo lo que aspiremos siempre y cuando al lograr lo anhelado sea para bien y por el camino de la honestidad y la justicia, lo contrario solo nos traería malestar y desventura…

Él describía el amanecer de cada día como el nacimiento de una nueva oportunidad que comprendía una ilusión de vida, una esperanza distinta, un compromiso, era nacer de nuevo y para ello tenía que dejar todo atrás para estar puro, limpio al momento de recibir la dicha, la vida, la energía, la paz. Este era un ritual que siempre lo acompañaría en toda su vida. Recuerdo una de sus tantas historias en especial la referente al amanecer porque desde la primera vez que la relató me estremeció. Me tomó en sus brazos una madrugada en casa, solo tenía cuatro años de edad y me levantó para que observara algo, no sabía que era, yo estaba algo molesta, solo quería dormir, sin embargo, él con cosquillas hizo que el sueño se fuera y ganó rápidamente mi atención.

-      Observa hija, mira el cielo… Es la Aurora una mujer seductora que vuela a través del firmamento en medio de las estrellas que representan sus huellas celestiales para anunciar la llegada de su hermano el Sol. Según la leyenda, se dice que tuvo muchos hijos y  cuatro de ellos representan a los vientos que van del norte, del sur, del este y del oeste. Durante su vuelo, ella va soltando lágrimas por uno de sus hijos más queridos que fue asesinado cruelmente y vejado por los Dioses, esas lágrimas son las causantes del roció, estas pequeñas gotitas de agua que puedes ver en la grama ¿Las sientes pulguita? Pues sí, son lágrimas de dolor de una madre herida, lágrimas de la Aurora entristecida.
-      ¿Y cómo se llamaba su hijo, papá? 
-  Lucifer, ese mismo que conoces como Sátanas 


Dentro de mi inocencia le advertía ¡Papá!! Chito, él es malo y mamá se molestará si escucha que lo estás nombrando... Él sonreía y me abrazaba...  tienes razón pulguita no queremos ver brava a tu mamá, sigamos viendo a nuestra Aurora que de lo otro hablaremos después, mi pequeña, esa es otra historia…

Siempre se esmeró porque las personas sintieran que en él podían conseguir ese amigo que brindaba verdadera compañía y apoyo. No se atrevía a dar consejos, solo implementaba su mejor técnica, escuchar y observar detenidamente los ojos de su semejante porque es en la mirada donde…

-      Conseguirás las puertas para entrar al alma de las personas que te rodean. Es a través de los ojos que obtendrás sinceridad en sus palabras, hallarás la verdad de sus vidas y lograrás la conexión exacta que te elevará a lo divino, esta es la herramienta que te dará el poder para consolar al desprotegido, solo así conocerás a las personas sin máscaras, sin puertas de hierro que comúnmente el hombre crea para evitar ser dañado o invadido, un medio de protección bastante precario, dejar de ser en la tierra lo que no podrás ser en ningún otro sitio, a veces se nos olvida que nuestras vidas están prestadas, tan valioso que es vivir y dejamos de ser para convertirnos en ¿qué? Al final la muerte llega y con ella parte toda nuestra historia, evita siempre hija mía... Me insistía mi padre… que los demás te recuerden de manera abstracta, deja siempre algo en la tierra, buenas obras, sonrisas, alegría y si puedes una pieza musical nunca escuchada y un buen libro. La vida es eso, para dejar la mejor huella de nosotros mismos, intacta única y progresista, porque el mundo se creó para demostrar que si podemos hacer realidad nuestros sueños y para dejar lo mejor y si alguien trata de quebrantar nuestra evolución solo debemos retirarnos a otro lugar y comenzar de nuevo, sin ninguna predisposición. Siempre hallaremos ese sitio donde nuestras raíces recibirán el mejor abono que nos alimentará el alma y nos permitirá evolucionar tranquilamente. Debes olvidar siempre cualquier pasado funesto porque si vives en él, evolucionarás como el cangrejo…

Nunca olvidé sus lecciones y es lo que hoy día me mantiene con vida, aún y cuando no consiga esa pequeña luz que necesito para seguir sus palabras rebotan en mí, como destellos de su alma y a través de mis recuerdos siento que aún está aquí.

Andando con su paso melancólico, ese que no pudo dejar jamás, mi padre visitaba con frecuencia la Catedral, como todo buen ciudadano, sentía esa necesidad de entrar para dar gracias cada vez que así lo sentía. Nunca escuchó una misa, solía entrar cuando no había feligreses que le dispersaran la mente. Era muy egoísta con sus ratos dedicados a Dios, donde los pasaba completamente solo, era la única manera que sentía una conexión perfecta con el altísimo, sin intermediarios, sin ruido, en total paz. Realizaba diálogos intensos, nunca se lamentaba o suplicaba, solo conversaba, era algo extraño. Siempre trató de darme esa enseñanza pero yo jamás me sentí escuchada, así que desistí de continuar con este ritual y con el tiempo lo olvidé y al nacer mis hijos jamás se los enseñé.

Ahora, después de tanto tiempo he logrado entender ese diálogo, porque es el mismo que he creado con mi padre después de partir de este mundo. Es increíble pero en mis ratos de soledad siento su presencia, siento su voz, siento sus mimos, lo siento a él como si nunca se hubiese marchado, de la misma manera como él podía sentir a Dios.

Siempre decía en nuestro tiempo, a manera de despertar de la hipnosis americana:
-      Hija, Europa tuvo que vivir la guerra para entender que no eran los reyes del mundo. Tuvo que experimentar masacres para valorar al vecino, al amigo, al hermano. Tuvo que pasar hambre para entender que la comida no se desperdicia, pero que además no es primordial en la vida del hombre porque el espíritu también debe alimentarse y no necesariamente de pan. Tuvo que pasar frío para poder aceptar cualquier cobijo, sin importar la marca o el harapo, solo algo que le permitiera cubrir su necesidad inmediata. Tuvo que conocer la sangre para entender que la guerra es la mediocridad y el horror más grande al que ha sido capaz de llegar el hombre. Tuvo que conocer la muerte para valorar la vida. Tuvo que conocer pobreza para entender que el dinero no es lo primordial, que es más rico el pobre porque conoce la verdadera felicidad y así tantas cosas que tuvimos que pasar para poder evolucionar. Dios quiera y Venezuela no viva estas mismas realidades, son muy fuertes de superar y difíciles de borrar y como pueblo no se merecen esa experiencia…

Así es, mi padre apoyaba la libertad, él siempre fue un patriota, defendía a su Italia y la representaba tan bien en cualquier sitio que fuera, era un orgullo para el ser italiano, siempre danzaba, cantaba y tocaba la bandolina con gran esmero pero todo esto lo demostraba, nunca lo expresaba, se mantenía siempre al margen de los comentarios y tomaba sus precauciones de manera silenciosa, él sabía que le debía mucho a este país y lo amaba como si fuera el suyo propio, al final murió siendo venezolano…

Tampoco era que le interesara estar metido en esas contiendas, era mejor para él tener un tono neutral y sin identificarse con ninguno de esos cogollos, cada quien tenía que cuidar su intimidad y lo poco que poseía de alguna manera. Asumir esa facultad de estar y a la vez no, sin necesidad de dar explicaciones o verse obligado a responder por ciertas situaciones que no competen si no a sus habitantes.

Él sabía que la política era la ciencia humana más bella que podía existir, lo malo radicaba en quienes la usaban para sus propios intereses. Los políticos son las personas más falsas e hipócritas que la propia sociedad ha podido crear, el ser político te obliga a ser criminal corrupto y déspota, decía cada vez que los recordaba, en cierta forma él los odiaba. Las guerras eran iniciadas por estas personas decía, y luego envían a todos sus habitantes a estar como frentes de batallas sirviendo de escudos humanos, regando sus sangres por criterios triviales de unos pocos que solo quieren conseguir el poder a través de la anarquía, sacrificando pueblos, familias, sin impórtales el dolor, la pobreza, las penurias, la sangre… no.. Los políticos solo eran medios para usar, si existía un beneficio directo de lo contrario no valía la pena el esfuerzo del acercamiento y solo había que pasar y saludar, continuando por el transitar de nuestras vidas. Y tratarlos como ellos siempre lo hacían con el pueblo, usando la diplomacia y la demagogia, herramientas principales y muy características en estos seres. Nunca hija mía te enamores de un político o sufrirás el despotismo. Nunca lo hice para tranquilidad de mi padre.

Reconocía que cuando una sociedad como Venezuela, joven aún en su estructura social, tendría que experimentar los distintos cambios de poder, conociendo esas diferentes formas de dominar a un pueblo, midiendo que es lo mejor y que es lo peor, como cual niño escudriña entre sus posibilidades para poder manipular a quienes tienen la potestad de controlar su vida. Atenta a los cambios, dispuesta a medirse, estaba ávida de conseguir la ruta correcta, no tenía miedo a equivocarse, abierta a vivir cualquier prueba donde solo pretendía dejarse llevar por el impulso de las corrientes europeas: libertad, fraternidad, independencia, democracia, pero todo esto concentrado en una sola palabra: el Poder y ver hasta donde se era capaz de llegar. Toda esta situación hacia que el ambiente fuera provechoso lucrativamente para quien estaba atento a los cambios porque eran muchos y las oportunidades abundaban, según mi padre, había que tener un bueno ojo para determinar qué era lo correcto y no equivocarse al elegir, porque el tren de la suerte pasa una sola vez en la vida pero así también ocurre con el tren de la desgracia, y es justo en ese momento donde debemos abrirnos al Supremo y a través de él, elegir el mejor camino, Iluminados con su grandeza y gran poder de determinación para tomar aquella vía que no sea tan empinada y turbulenta, que solo desgracias nos puedan traer a lo largo de nuestra existencia. Esas eran sus eternas palabras, que rebotaban como golpes hirientes en su mente.

Él era vidente. Era un hombre tan sabio que cada una de sus palabras encerraba un significado único. Hoy por hoy, lamento el hecho de no haberlo escuchado con tiempo y me reprocho el haberlo juzgado en aquellos instantes donde fue cegada su sabiduría, donde cayó en pozos oscuros pero que al final supo vencer y sobreponerse como el hombre de valor que siempre fue y de donde salió victorioso en cada una de sus batallas, sin importarle que para ello significara pagar el mayor precio. Pero ya es tarde para eso, se ha ido y de mí no ha escuchado lo grande que fue en mi mundo y en el de los que lo rodearon. Tendré que aprender a vivir con el dolor del remordimiento y la pena de la indiferencia.

Y así inicio su historia, la historia de la vida de mi padre, el único regalo que puedo darle:

Eran otros tiempos, ni mejores ni peores. Siendo italiano residente, soñador incansable, creí que podría encontrarlo todo en estas tierras que tanto me prometían, aventurando como todo europeo, huyendo de los trastornos ocasionados por la crisis económica iniciada en Europa, donde aún persistían los efectos devastadores de la Guerra que había producido una enorme transformación en todas las esferas de la vida humana, originando grandes crisis en prácticamente todos los países del mundo, incluyendo mi Italia querida. Se sumaban los recuerdos de aquellas tragedias acontecidas que marcaron en gran medida mi existencia, mi destino, mi razón de vida, decidí emigrar a tierras venezolanas para conseguir un poco de paz y algo de prosperidad, quizás lo soñé alguna vez y por eso decidí dejar mis tierras para venir a explorar nuevos horizontes.

Era por los años mil novecientos cincuenta cuando abordé el barco que me llevaría al continente latinoamericano. Solo tenía dieciocho años de edad, viajaba acompañado de una tripulación que decidió escapar de la escasez de mi país. Mezclado entre ellos me hice pasar como familiar de una pareja de ancianos que viajaban junto a todo su linaje a comenzar nuevas raíces y de esta manera sin tener problema alguno, pude burlar a las autoridades del navío y evitar que fuera señalado como polizón. Contaba con poco dinero y no me alcanzaba para el pago de mi pasaje, trataba de no cometer ningún traspié y sin separarme de esta pareja de ancianos, le propuse cuidado y atención a cambio de su silencio y complicidad, su amabilidad y nobleza me estremeció al ver que fui acogido entre los suyos sin ningún problema o reproche.

Ya en alta mar comencé a visualizar mis sueños. A veces me encontraba en estribor  y solo me dejaba iluminar por el sol resplandeciente. Siempre pensé que había una energía fuerte en ese gran astro que hacía que todos nos llenáramos de luz y nos alimentáramos para poder continuar con nuestras tareas en la vida. El sol era el Dios más fuerte e influyente de la tierra que había conocido. Todos los días, mientras navegaba por el gran océano, justo antes de la salida del sol, corría por los camerinos y subía a estribor, quería ser el primero en ver el amanecer, mis ojos se perdían en la Aurora y se llenaban de lágrimas cada vez que sentía los rayos solares tocar mi piel, sentir el aroma de la mañana, el sonar de las aves que reposaban en las copas del barco, todo un concierto musical donde daba gracias a Dios por saberme vivo en ese nuevo tiempo, aún y cuando lamentaba la ausencia de aquellos que tanto amé y que jamás volvería  tener cerca de mi vera.

En el barco, el tiempo transcurrió, nunca lo noté. Tenía muchos sueños por realizar. Mi mente solo vagaba por mis pensamientos mientras esperaba con ansiedad tocar tierra, aun así, sabia disfrutar cada minuto que pasaba a bordo del navío. Hice amistad con muchas personas, a todos les contaba grandes leyendas y hasta fabulas. Giuseppino, así era como todos me llamaban, quise mucho a estas personas, reíamos y bailábamos. Algunos relataban sus historias, eran tristes y desalentadoras, siempre hice lo posible por escuchar, sabía que había demasiado silencio en el mundo como para dejar de atender las voces de quienes presenciaron fuertes vivencias.

Me entregaba a quien buscara un poco de compañía, tenía un gran concepto de la soledad y había aceptado que la mayoría de los hombres temen vivir subsumidos en ella, odian sentirse solos, no sabían como atribuir sus penas, sin tener por lo menos a alguien con quien descargar o al menos sopesar, alguien con quien pudieran llorar y mitigar todo ese dolor que les deterioraba el alma, sentirse importantes o interesantes, escuchados y atendidos, aunque sea un microsegundo de sus vidas sin importar el transitar del implacable tiempo y es que esos momentos de compañía se convertían en un espacio relativamente inexistente, infinito e inagotable, porque no son más que seres humanos que sienten y padecen las desgracias del destino y nadie, absolutamente nadie, está preparado para afrontar situaciones dolorosas. Psicológicamente deben atenderse y poco a poco las heridas irán cerrando, cicatrizando, pero nunca serán borradas y quedarán como huellas permanentes en sus corazones hasta la eternidad. Siempre hay que tomar lo bueno de aquello que nos parece malo y el resto solo queda desecharlo, sepultarlo, olvidarlo.

También solía ocurrir lo contrario, donde muchas personas preferían alejarse de los relatos tristes porque no se querían contagiar de sensaciones negativas y quizás por ello cerraban sus oídos e ignoraban al adolorido, un parecer que no compartía, pero sé respetar el criterio que estas personas usaban para aislarse de los demás, entendía que solo era una excusa y de esta manera hacerse los desentendidos, por lo que desistí de formar parte de la mayoría. Odiaba la indiferencia.

Por fin gritaron en estribor: ¡tierra! Y todos los demás tripulantes del barco subieron a cubierta. Nadie quería perderse el momento de arribar a ese lugar desconocido, arribar al nuevo mundo. Algunos brincaban de alegría, bailaban, reían, se abrazaban, era un verdadero espectáculo, y yo allí, en un rincón, observándolos, sintiendo su energía, contagiándome de su alegría y esperanza; de pronto sentí una terrible nostalgia y mis ojos se llenaron de lágrimas, sabía que una vez que tocara aquellas tierras no volvería a mi Italia por mucho tiempo, era el momento donde mi mente, mi cuerpo y mi espíritu se desprenderían totalmente de mi pasado para iniciar una nueva historia de vida…
Sin saber que hacer descendí de aquel barco que no volvería a ver jamás. Sin saber dónde ir comencé a explorar con mi mirada las tierras de este país extraño tanto para mí como para las personas que me rodeaban y a su vez, tratando de conseguir las respuestas a las interrogantes que para entonces aturdían  mi mente inquieta.

Llevaba puesto un pantalón caqui, una camisa blanca y sandalias de peregrino, que me había obsequiado el cura de mi pueblo, acompañado de un pequeño morral de viajero, con unas cuantas cosas sin valor dentro, unos pocos billetes en los bolsillos y sin nada de comer me dirigí como cual ciego transita en un pajar. Lo observaba todo cual niño hambriento de aprehender sobre el ámbito que me rodeaba y a medida que andaba más me convencía que el campo que exploraba se acercaba a la materialización de lo que imaginaba era el Edén, pensaba… ¡En este país hay tanto por hacer! Estoy en el sitio correcto. Aquí conseguiré lo que siempre he querido, la paz, la tranquilidad y junto a ella, mi estabilidad. Bien, ahora lo primero, debo comer y buscar donde alojarme mientras que me establezco en algo más seguro, no será difícil Giuseppe, todo saldrá como lo esperado y como un chiquillo desprotegido comencé mi recorrido, prestando atención a todo, visualizando mis sueños, sin añorar nada del pasado. Me repetía constantemente: No hay marcha atrás Giuseppe, vamos caminante que estas vías te llevarán a conocer todas las maravillas que te quedan por conservar, explorarás vidas nuevas, costumbres diferentes, una sociedad que poco a poco descubrirás como todo forastero, como todo inmigrante, pronto conseguirás la puerta que te llevará a formar parte de ella como un uno.

Las carreteras estaban  perfectamente asfaltadas, pues para esa época Caracas era considerada una ciudad parisina, gracias a los logros de un dictador conocido como el Generalísimo que se avocó a darle la mejor imagen a esa ciudad, creando y construyendo grandes autopistas que la hacían merecedora de títulos y elogios por tan gran avance.  Era la nueva ciudad del petróleo, se pregonaba en Europa y después de Estados Unidos era el segundo país que más inmigrantes recibió. La demanda de mano de obra para construcción era abismal. Venezuela necesitaba gente que se encargara de grandes edificaciones y de la agricultura, quizás por ello la mayoría de los inmigrantes europeos se concentraron en zonas donde podían aplicar lo que más conocían.

Algunos partían para los estados de la zona andina, decían que allí daban buen trato al agricultor y se podía trabajar las tierras tranquilamente y el clima era similar a muchas regiones de Italia. Otros se concentraron en la capital, allí se dedicaron a la construcción, llegaban como ayudantes de pequeñas obras y poco a poco fueron ascendiendo hasta maestros de las mismas, indicando de cual o qué manera se desarrollarían cada monumento. Había un desmesurado interés por lograr que Caracas se convirtiera en la capital modelo de Suramérica o quizás de toda la América Latina…

Desde la construcción de la planta siderúrgica del Orinoco hasta obras con mayor desafío como lo era la autopista la Guaira, que luego lo hizo merecedor de elogios a nivel mundial y reconocimiento entre los profesionales de estas obras. En pocas palabras, había grandes oportunidades y muchos aprovecharían estos caminos que les abriría paso. Yo decidí establecerme en la gran Caracas como siempre la llamaba, sentí un gran magnetismo y una gran conexión que poco a poco me fue envolviendo en su magia y misterio.

Caracas se caracterizaba por tener un clima cálido, nada parecido al de mi pueblo, todo era diferente, desde los árboles que rodeaban el camino a la ciudad, como las aves que en el firmamento me acompañaban. Mi primer día de arribo observé una gran variedad de estas aves, eran muchas, de distintos tamaños y colores, eran hermosas, eran un buen augurio el tenerlas allí, cuidando mi paso y haciéndome compañía con su dulce cantar mientras iba a mi andar, solía reposar de momentos para observarlas, eran todo un éxtasis para mis ojos, los colores y las melodías estaban unidos en una gran obra relajante y abismal. Suspiraba con total ansiedad aquel oxigeno que sentía tan puro y celestial, a tal punto que imaginaba que mis pulmones se purificaban con tanta virginidad. A medida que daba cada movimiento y me adentraba más y más a la ciudad, sentía la fuerza y la energía que inspiraba las nuevas urbes, esa sensación de oportunidad que se encontraba latente.

Al llegar a la capital me vi rodeado de muchos jóvenes que al igual que yo, se profesaban en esa posibilidad de conseguir el sueño americano del que tanto se pregonaba en Europa. Para mí no existía límites y todo estaba frente a mis ojos, podía hacer cualquier oficio, desempeñar cualquier papel, no me importaba mi edad, tenía un buen físico que me permitiría aparentar un poco más de lo que marcaban mis papeles.

Por todos lados solo se observaba un aire de calma y tranquilidad, nada parecido  a la Italia que había dejado atrás, donde las consecuencias de la guerra había quebrantado la paz que reinaba en el pasado y es que todo estaba de cabeza, la economía no era la misma, y los sueños se habían esfumado, la pobreza y el pesimismo eran latentes, quizás por la desesperación de que todo acabaría.

Me hallaba atónito. Estoy en Caracas me decía. Noté que los cuentos de mis amigos se quedaban cortos con lo que podía observar, todo era tan diferente, tan lleno de vida, era cierto, era otro mundo, se respiraba aire a oro negro, se olía la bonanza, había un gran movimiento, un gran interés en crecer y darle forma a un proyecto progresista, definitivamente era otro pensar.

La gente caminaba cómodamente por las calles. Todos los jóvenes con sus trajes, algunos me parecían familiares, quizás porque se asemejaban a los de mi país en aquellos tiempos cuando la guerra aún no había tocado esa parte del ser humano que fomentaba la virtud de no desprenderse de la presencia.

Algunas personas ya no tan jóvenes pasaban por mi lado y con una pequeña reverencia me daban el saludo, era la bienvenida. Me sentía tan lleno de gozo, tan lleno de esperanza que daba gracias al supremo por no haberme equivocado, al escoger el sitio indicado donde podía reposar.

Continuaba caminando para lo que pensaba era la calle principal de la ciudad, pude ver las tiendas, observé que todo era abismalmente más económico y que podía lograr conseguir muchas cosas con las pocas monedas que cargaba, sin embargo, pasaba de largo, pues no sabía que me reservaba el futuro, no quería arriesgar hasta no conseguir lo primordial: un empleo que me diera un poco de estabilidad para planificar cual sería mi próximo movimiento. Pensé en buscar un lugar donde pudiera saciar el hambre y la sed y otro donde pudiera asearme, guardar mis pertenencias y reposar.

De pronto, a pocos pasos pude ver una iglesia hermosísima, no pude contenerme y enseguida entre en ella. Allí paseé gran parte de la tarde. Al salir, observé un pequeño cafetín que se hallaba a la otra calle, justo en la esquina, al entrar sentí llenarme de ese ambiente juvenil, lleno de color y olores fuertes, estaba tan hambriento que escuché como sonaron mis intestinos al entrar. Sonriendo por el sonido que salía de mi estómago me acerqué a la barra para pedir algo de comer y saciar el hambre. El lugar estaba repleto de jóvenes estudiantes por un lado y por el otro, se distinguían grupos de personas que parecían ser los grandes chicos de sociedad, perdiendo el tiempo en charlas triviales; pude ver como se contrarrestaban las opiniones entre ellos, parecía que discutían sobre temas importantes nada altruistas. Algunos reflejaban expresiones de ira en sus rostros, otros alzaban la voz como para imponer algún orden y unos pocos solo permanecían callados observándolos, sin verse mezclados en esas discusiones, los neutrales, así les llamé.

Tomé mi plato de comida y mi vaso de agua una vez que me lo sirvieron mientras estaba en la barra y me aproximé a una de las mesas que se hallaba cerca de estas personas. Al sentarme sentí esa energía reinante, sin que ellos notaran mi presencia, sigilosamente me mezclé entre ellos para poder enterarme de lo que reinaba en esa sociedad tan desconocida para mí.

En ese momento pensé en mi viejo, quien me enseñó a ver la vida desde una perspectiva individualista donde pudiera defender mis intereses y reclamar mis derechos de una manera correcta, sin dilaciones y plenamente convencido de que luchando a través del verbo se lograría vencer muchas batallas, lamentablemente el destino solo le dio vida para enseñarme una parte de lo que podría ser el mundo, Dios se lleva a las personas verdaderamente buenas al cielo, este mundo ya no está hecho para ellos, sin embargo lo poco que aprehendí de él lo recordaba en momentos indicados y sus palabras afloraban mágicamente a mi memoria. Fue así como recordé ciertas palabras que una vez me dijo cuando estábamos juntos en nuestra Italia y vivíamos los acontecimientos que marcaban posiciones de los países durante la guerra:

-      Giusseppe, hijo, en las tertulias de mujeres te enterarás de los chismes y acontecimientos sociales y en las de hombres te enterarás de lo último en política y economía de un país, nunca menosprecies la posibilidad de escuchar ambas porque te puedes enterar de los acontecimientos mejor que en los diarios, la prensa siempre manipula todo a su conveniencia e interés y no podrás conocer la verdad de lo ocurrido. Recuerda siempre que la prensa será el medio de quien tenga más poder en una sociedad y por medio de ella podrá manipular a sus lectores sin derecho a defensa,  no todo lo que leas es contentivo de la verdad, todo dependerá de tu buen juicio y tu capacidad para razonar, quienes te indicarán la posición que deberás tomar en cualquier situación que debas afrontar. Desarrolla tu sexto sentido hijo…

No me gustaba estar tras bastidores pero en este caso era necesario aplicar las palabras de mi viejo. Me sentía algo indefenso y perdido al desconocer la realidad que reinaba en esa nueva ciudad. Creía conveniente enterarme de algo como era la situación política del país, como andaba la economía, que era lo que se destilaba y que rumores cobraban más fuerza. Solo así me pondría al corriente y advertirme para determinar a qué sector de la sociedad sabría aplicarme y de cuales debía cuidarme. Mis padres habían confiado mi educación a una nana española, por ello dominaba perfectamente el castellano. Las barreras del hombre son mentales, no existen  fronteras que puedan alejar a las personas de su destino, el hecho de querer estar en cualquier parte del mundo es suficiente razón y motivo para lograr alcanzar cualquier cima anhelada. Con esta convicción logré llegar donde deseaba. Mis caídas fueron fulminantes y alimentaron mi alma, desarrollaron mis sentidos y aun así no me rendí, lo fundamental es levantarse con mayor fuerza y empuje, ingredientes que no deben faltar para superar las vivencias del destino.

En pocos minutos, logré informarme de todo el acontecer político. Estas personas en su mayoría eran estudiantes universitarios y jóvenes profesionales. Algunos lideraban partidos políticos opositores al régimen actual y luchaban en contra de las nuevas posturas del gobierno. Se sentían excluidos de lo que ellos llamaban el desarrollo de la nueva República. Otros solo estaban en condiciones de oyentes, escuchando las diferentes alternativas o soluciones que se aportaban en la sala. Se había implantado en Venezuela una dictadura que a través de sus dirigentes estaban fijando en la sociedad venezolana, las ideas básicas y los parámetros de una tendencia naciente denominada el nacionalismo, una forma de llamar a la soberanía y rescatar los valores representativos de Venezuela como Nación, como país. Socialmente existía la influencia fortísima de países del norte como Estados Unidos, por lo que la gran mayoría de los habitantes tenían sus identidades confusas, admiraban más a la estatua de la libertad que al mismísimo busto de Simón Bolívar. Por el auge del dinero todos volaban de vacaciones a Miami, y derrochaban todo en aquellos lugares que no los hacía muy diferentes de este país pero las personas preferían aquel mundo que este que les dio vida, riqueza, educación y otras tantas maravillas, quizás esa situación forzó a ciudadanos que amaban a su Venezuela enseñarles al resto de los habitantes que este país también es grande, rico, fuerte y poderoso y que todo dependía de la mentalidad de cada uno en nacionalizar sus propias creencias y afianzar sus propias costumbres y tradiciones, dejando de lado a Miky Mouse,  Superman o la Mujer Maravilla, incluyendo además las distracciones de aquel Disney World que hipnotizaban la mente de todo mortal que allí entrase.

No opinaba ni a favor ni en contra de las distintas corrientes, sin embargo, yo conocía muy bien cuál debería ser mi posición. Al venezolano le faltaba mucho por madurar socialmente y su gran problema era no valorar lo que la divina providencia le había obsequiado, un país que no vivía guerras, que tenía riquezas, bellezas, ubicado en un punto estratégico del globo terráqueo, donde todo lo que fuera a la América del sur tenía que pasar primero por Venezuela. Climáticamente era el más cálido, las personas no vivían los infortunios del invierno, ni la escasez del otoño o el infierno del verano, pero esas cosas hay que vivirlas para poder emitir opiniones y poder dejar en una balanza lo que de verdad conviene.

Continuará...

Eleorana  2017
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