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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

sábado, 25 de febrero de 2017

AURORA. RECUERDOS OSCUROS. CAPITULO II






II

Ya informado de los temas que me concernían, abandoné el café para disponerme a buscar alojamiento. A la vuelta de lo que era conocido como la plaza bolívar, conseguí un albergue, parecía que era uno de los sitios que habían habilitado para los extranjeros que llegaban a esta ciudad y que aún no habían sido ubicados. Inmediatamente escuché mi nombre salir de uno de los espacios de este lugar:

¡Giuseppe..! ¡Giuseppe..! Gritaba una voz llena de emoción.

Mi instinto activado por la sorpresa inesperada, comenzó a dirigir mi mirada en múltiples direcciones sin conseguir a la persona que estaba pronunciando mi nombre con tal insistencia, de pronto se apareció la silueta de un chico alto, delgado con ropas desgastadas, de piel morena, quemada por la alta exposición a los rayos del sol, ojos claros con una expresión en su rostro que reflejaba cansancio, casi sin esperanza, con postura nostálgica, denotaba rendición. Al verlo, corrí hacia él. Era Flavio, mi gran amigo Flavio, no podía creerlo y no salía de mi asombro. Conseguir a Flavio era producto del destino.

Flavio fue el primero de mis amigos que dejó Italia, de hecho fue el único que me enviaba correspondencia o una que otra postal después de haber pisado suelo venezolano para que me uniera al grupo de amigos que habían emigrado a este continente, sin embargo tenía tiempo sin saber de él, pensé que si alguna vez me habría enviado alguna carta ésta nunca había llegado a su destino porque los correos fueron intervenidos en Europa motivado a la guerra, así que perdí contacto con él y los demás. Además tuve que vivir la agonía de cambiar de ciudad en varias ocasiones para tratar de sobrevivir a los desgastes de la guerra y evitar que me enviaran a los frentes de batalla por lo que si mis amigos habían regresado a mi pueblo no me habrían hallado jamás, porque lejos de mis tierras ya me encontraba.

Al ver a Flavio nuevamente, se manifestaron en mi mente todos los recuerdos de mi infancia, los ratos de alegría que viví junto a mis amigos, aquellos juegos infantiles en las calles de mi pueblo, los ratos en la escuela o cuando escapábamos a los ríos y pasábamos allí todas las tardes, era la inocencia pura e intacta, donde no existían problemas, ni preocupaciones, solo el tiempo y la imaginación.  Así, como una película rápida, a toda velocidad, cada imagen no paraba de proyectar. ¡Dios! Era como estar en casa.

¡Flavio! Expresé entre carcajadas y lo abracé como si fuera mi única esperanza… ¡Flavio amico mío…!   Los dos nos limitamos a observarnos, como si fuera un sueño encontrarnos de nuevo.

Después de tener largo rato contándonos las proezas de los últimos tres años, y comparando quien había tenido más aventuras y cuales habían sido las mejores de ellas, Flavio me comentó que era él, quien se encargaba de asignar los dormitorios del albergue creado para el alojamiento de los nuevos extranjeros que llegaban. Me enseñó todo el lugar. Me presentó a las diferentes personas que allí se encontraban, algunas estaban subsumidas en su mundo, otras se hallaban organizando sus pertenencias. La gran mayoría de ellos eran mujeres y niños cuyas miradas estaban llenas de una esperanza sedienta, esperaban a sus maridos que pronto regresarían con una que otra noticia, algunas veces buena, otras solo algo alentadoras, quizás traerían debajo de sus brazos alguna bolsa llena de pan junto a un pedazo de queso mientras pudiesen traer algo mejor. Yo estaba atónito por lo que estaba viendo y con algo de curiosidad pregunté a mi amigo…

-      Flavio... ¿Cuánto tiempo llevan estas personas aquí?

Él me miró tratando de adivinar mis pensamientos, sabía que nada de esto me tranquilizaba y menos en las situación en la que me hallaba.

-      Tranquilo amico mío. Esto no sucederá contigo, la mayoría de las personas que están aquí es porque así lo han decidido, están esperando algo mejor. Por lo regular vienen grupos de cien personas cada semana y poco a poco se van marchando al conseguir otros horizontes, otros caminos. Esto no sucederá contigo giussi. Así que no te preocupes…

-      ¿Y tú?... le pregunté... ¿Vives aquí?

-      Él me sonrió con picardía...  No amico. Yo vivo en un lugar mejor que es donde te llevaré, allí te quedarás mientras decides que harás con tu vida ajajajajajaj y sonrió a carcajadas dándome golpes en la espalda... Ánimo que todo saldrá bien… ¡Ahora te llevaré a casa para que te des una ducha porque mi querido amico apestas! Jajajajajaja pareces pescador de alta mar… me recuerdas a mi padre…


Y salimos los dos del albergue. Comenzamos a ir calle abajo y cruzamos varias esquinas, yo realmente no sabía por dónde iba pero algo era cierto y era que ya no sentía esa sensación de incertidumbre que tenía horas atrás, ahora me sentía más seguro y todo era por la presencia de Flavio porque por primera vez no había ya nada desconocido, Flavio se encargaría de ponerme al tanto de todo.


Al fin llegamos a una casa grande, Flavio tocó la puerta con gran fuerza y salió una anciana como de setenta años, algo enojada porque estaba tomando la siesta y le había incomodado que Flavio tocase la puerta.

-      Eres tú, italianito… le dijo la anciana a Flavio observándome de arriba abajo… ¿y este quién es ahora?

-       Disculpe Nona.., le dijo Flavio al tiempo que la tomó por uno de sus brazos… él es mi amico giussi, vino a quedarse unos días conmigo, viene de Italia…

-      ¿Cómo?... Le replicó la anciana desprendiéndose de Flavio y con voz fuerte y autoritaria… ¿Y este amigo suyo tiene como pagar? Porque si no es así puede venir por donde lo trajo el mundo… y nos señaló la puerta.

-      Si, si nona, no se preocupe de eso me encargo yo además ¿Cuándo le he quedado mal? Le contestó inmediatamente Flavio con mirada tierna y casi angelical

-      Ummm… gruñó la anciana… Está bien, que pase, espero que no resulte como los amigos de Roberto… Nos dijo sin vacilar.

-      Nona que injusta es, usted sabe bien que mis amigos no son amigos de ese joven, no me mezcle con él se lo agradezco per favore… le dijo Flavio mirándola fijamente y con tono molesto.

-      Está bien hijo. Disculpa… sonrió la anciana, en señal de conciliación… pasen entonces e instálalo, yo iré a seguir tomando la siesta…y se retiró a su dormitorio.

-      Gracias nona.. le dijo Flavio al ver retirarse a la anciana al mismo tiempo que me tomó por el hombro y me dijo… Vamos hombre camina, vente rápido te enseñaré donde te quedarás

Ambos salimos corriendo por un gran corredor que atravesaba la casa, adornado de inmensas flores y rosas de todos los tonos y formas y una gran variedad de matas de todos los estilos, tamaños y colores, desde palmas hasta los famosos helechos, todos hacían un buen contraste con la tonalidad de la pensión. Había muebles por todos lados y unos envases de barro gigantes, las populares tinajas, yo pensé que eran grandes cestos pero luego Flavio me aclaró que eran envases para filtrar el agua y que la mantenían fría, así que al llegar de la calle acalorados los inquilinos podían servirse de esa agua para saciar su sed.

-      Giussi beberás mucho de esa agua, mientras te adaptes al clima… me dijo Flavio con ánimos de picardía, él sabía que pasaría meses para adaptarme al clima y todas las consecuencias que esto me traería …

Llegamos por fin a lo que era el dormitorio, cuando Flavio abrió la puerta me conseguí con una habitación inmensa. Tenía una pequeña sala ambientada con pequeños muebles y un televisor, al lado derecho un lugar que Flavio habilitó como cocina, de fondo estaba la cama y un armario donde guardaba sus pertenencias.

-      Bien giussi debemos organizar este espacio para incorporar al otro lado de la habitación tu cama, por ahora descansarás yo me encargo de conseguir lo otro… hablaba a la vez que recogía todo lo que estaba tirado en el suelo y sobre la cama… Tienes una cara mi amico que no se la deseo ni a mi peor enemigo… y reía sin parar, quizás porque yo le recordaba a él cuando arribó a Venezuela, le costó un poco adaptarse al clima y sufrió de muchos trastornos gripales…Vamos allí puedes tomar lo que necesites… y me señaló su armario..  Dúchate en el baño que está al salir a mano izquierda, por cierto déjame indicarte que debemos compartirlo con los demás inquilinos, así que trata de no demorarte o tendremos serios problemas, yo iré a buscar algunas cosas para armar el sitio donde dormirás. Descansa… y se marchó ajustando la puerta al salir...

Yo me hallaba tan cansado del viaje y la travesía que solo asentí con un pequeño movimiento de cabeza para darle gracias por su hospitalidad, la verdad me hallaba muy calmado, Flavio era mi hermano y ambos vivimos la misma experiencia que nos hizo abandonar nuestro territorio. Al cabo de un rato, luego de que mi amigo se marchó, me desprendí de mi vestimenta, no soportaba el calor que estaba haciendo, estaba tan exhausto que solo quería dormir un poco y recuperar mis fuerzas, y me dejé caer sobre la cama, estaba rendido.

Transcurrieron los días. Flavio se encargó de enseñarme la ciudad. Todos los días la recorríamos. Me presentó ante las amistades que había cosechado durante los meses que tenía en el país. Cada nada me indicaba como debía tratar a las personas que saludaba, decía que una de las cualidades del venezolano era su picardía y su buen humor pero que no todo el mundo era así, existían sus excepciones y eran esas personas a las que tenía que tratar con respeto.

Poco a poco me fui defendiendo solo, trataba de relacionarme con agilidad., Pasado el tiempo ya podía desplazarme y defenderme por las calles caraqueñas, pude fijar los sitios más importantes y es cuando decidí iniciar mi búsqueda de empleo. Flavio en eso no podía ayudarme, no tuvo mucha suerte para ser empleado o quizás se conformó con la facilidad y las ganancias que le dejaban la comisión de actos delictivos, sin tener nada que perder, como él solía decir.

Flavio por un parte se dedicó a ayudar en la ubicación de los extranjeros que llegasen a Venezuela y por esto cobraba por comisión, además de una que otra moneda adicional que lograra sacarle a cualquier familia italiana, con eso le bastaba, él tenía fijado en su mente otro proyecto y para ese proyecto solo necesitaba ahorrar unos cuantos bolívares para viajar, lo demás lo conseguiría con el tiempo.

Hasta ahora le bastaba el dinero que obtenía, con eso pagaba en la pensión y su alimentación, se las ingeniaba con el calzado y la vestimenta, tomándosela prestada a uno que otro paisano que llegase al albergue y se descuidara, eso fue algo que siempre le critiqué pero Flavio jamás me escuchaba, decía que solo era un préstamo, que después Dios lo pagaría por él, porque Dios era su fiador.

Hasta para la comida se las ingeniaba para no gastar. Muchas veces se escondía en la salida de la cocina de grandes restaurantes, de manera que cuando los empleados se dirigían a dejar la basura afuera, él entraba sacaba lo que se le antojara y luego huía como buen ratero. Llegaba siempre a casa contándome la última proeza con tanto orgullo como si ser pilluelo era una gran osadía. En algunas ocasiones mientras se le presentara la oportunidad fungía oficios de carterista, yo siempre le decía que se buscaría problemas si continuaba con esa conducta pero Flavio era terco, su poca edad lo hacía algo irracional y decía que para sobrevivir había que usar cualquier medio para subsistir y que al tener necesidades que satisfacer, tenía que valerse de cualquier vía para lograr bienestar pero que no podíamos dejar que el niño se muriera en la barriga. Yo nunca entendí de quienes aprendió esa conducta y esa manera de pensar pero no lo abandonaría, ni lo juzgaría, él era mi amigo y aunque no estuve de acuerdo con sus múltiples actividades delictivas, no dejé de ser su amigo nunca, siempre me dije que le demostraría con hechos y no con frases que se podía conseguir satisfacer esas múltiples necesidades a través de otras vías menos tormentosas y más accesibles que nos llevaría a la paz y a la tranquilidad, disfrutando así del buen vivir como bienestar único de todo ser humano que cree en el progreso espiritual sin abandonar el progreso material.

Mientras Flavio se dedicaba el día entero retando a la suerte para que no lo pillaran en sus delitos menores, como él les solía llamar, yo dedicaba mis horas a tocar todas las puertas que se me presentaran para conseguir un empleo. Iba todos los días a los mismos sitios donde me decían que de pronto, en cierta oportunidad le darían de baja a algún empleado y correría con suerte si fuese requerido en su lugar, de esta manera quizás pudiese ser contratado y ocupar la bacante, solo bastaba con estar en el sitio y en el momento indicado para conseguir que se abriera la puerta de la oportunidad, al menos así pensaba en aquellos tiempos.

Nunca decaí, yo solo me alentaba, lo que más me preocupaba era que Flavio se viera en líos de calle por andar con esas ideas absurdas, sabía que cualquiera podría hacerle daño y nadie lo defendería primero por ser ratero y segundo por estar en un país extranjero. A veces pasaba el día pensando en ello, era como si presintiera algo. Regresaba a casa de inmediato con la esperanza de verlo allí, sentado, viendo sus cuartillas, leyendo sus novelas de ficción,  o simplemente contando sus historias del día a la nona que tanto lo adoraba.

Ese día llegó, meses después. Un día de regreso a casa luego de haber tenido una búsqueda infructuosa de empleo, conseguí a la nona en la sala, estaba muy triste y desolada, me acerqué y pregunté.

-      Nona  ¿Qué le sucede? …
-      ¡Hijo has vuelto! … me contestó la nona y me tomó del cuello… hijo es Flavio… yo me retiré de la pobre anciana, algo agitado, quizás por imaginar lo que en ese momento sucedía.
-      ¿Cómo que Flavio? ¿Qué ha pasado con él? ¿Dónde está?... salí corriendo a la habitación. Al llegar allí, vi la puerta abierta y entré rápidamente, en seguida pude notar que allí se encontraba un médico, miré a la cama de Flavio y ahí estaba tendido e inconsciente.
-      ¿Qué sucede doctor? ¿Qué ha pasado?... Mis preguntas para ese momento eran ansiosas y desesperadas, no podía entender tanto silencio.
-      Disculpe jovencito ¿Quién es usted?... me dijo el doctor, ignorando mi urgencia por saber que sucedía…
-      Contesté con algo de desconcierto en mi mente… Soy hermano de Flavio.. E insistí en mi pregunta… Dígame por favor ¿Qué ha pasado?
-      Tranquilo jovencito, tu hermano está bien, no fue más que un pequeño susto, afortunadamente es joven y sus deseos de vivir harán que salga de esta… me contestó el doctor…
-      ¿Pero qué ha pasado?… le insistí, vaya manera de manejar los asuntos esos médicos pensaba, tenía más de diez minutos tratando de que me dijera lo sucedido y el médico solo se dedicaba a jugar con sus rodeos absurdos.. ¿Será posible que no les corra sangre en las venas a estas personas? ¿No conocerán el dolor, la angustia, el desasosiego? Quizás no, debe ser difícil ser médico y lidiar con situaciones similares todos los días, familiares de las víctimas que suplican por ser informados con detalle sobre la vida de sus parientes enfermos y ellos allí con el rostro inexpresivo, tratando de controlar la situación…
-      Bueno, ven acá jovencito.. el médico me retiró a un lado, tomándome del brazo… creo que tu hermano se metió en una riña callejera y le han disparado, eso son temas mayores y es algo que él debe declarar en la policía, al menos que sea la misma policía quien le haya dado el disparo, afortunadamente la bala no rozo ningún órgano y está estable, pero ha perdido mucha sangre… y me señaló la bandeja llena de algodón impregnado en sangre a la vez que tomó la ropa de Flavio indicándome el lugar donde estaba el orificio por donde había entrado el tiro…. Fue a quema ropa... me dijo en voz baja…pero tranquilo muchacho, si es necesario lo trasladaré al hospital pero mientras tanto lo atenderé aquí por petición de Doña Petra, aún no sabemos bajo qué circunstancias ha sido herido este joven, por lo que puedo deducir fue con toda intención y alevosía, sea quien sea la persona que le disparó quería verlo más del otro lado. Doña Petra desconoce estos detalles así que prefiero que lo reservemos entre tú y yo. Tal parece que ella quiere protegerlo, parece que lo quiere mucho ¿no es así?...
-      Si, así es doctor… la nona lo adora… conteste viendo a Flavio fijamente…
-      Joven… me dijo el médico… no se moleste con su hermano aún desconocemos los motivos de la herida… y continuó con la evaluación que le hacía a Flavio, recogiendo a su vez el material de sutura,  como alistando todo para marcharse.

En ese momento entra a la habitación la nona con un manojo de nervios y entre sollozos preguntó al médico..

-      Dígame doctor ¿Flavio cómo está? ¿Cómo lo ve?...
-      Tranquila Doña Petra, el jovencito está estable, lo he dejado bajo calmantes así que ahora está dormido.. Contestó el médico sin dejar de guardar sus implementos de trabajo
-      ¿Y usted se va? ¿Y si le pasa algo mientras usted no está? Por favor quédese no quiero que le pase nada y en su ausencia no sabremos que hacer, le pago lo que sea…le suplicó la nona…
-      Tranquilícese nona, yo estaré aquí junto a él, lo cuidare y estaré pendiente, deje ir al doctor que seguro tiene que atender a otros pacientes ¿no es así doctor?... No se me ocurrió otra cosa que decirle a la pobre viejita, estaba angustiada y para evitar que le diera algo preferí interrumpir su petición al médico,  de esta forma se tranquilizaría…
-      Así es jovencito… prosiguió el médico dirigiéndose a la puerta con su maletín de consulta en mano… Doña Petra, cálmese y tome las cosas con paciencia, este jovencito se recuperará, mañana vendré a ver la herida, si presenta fiebre durante la noche póngale comprensas de agua fría en la frente y si persiste mándeme a buscar. Ahora bien, me retiro…
-      Yo lo acompaño doctor… le indiqué al médico pero mis intenciones reales era tratar de averiguar un poco más sobre la situación, la verdad la sola idea del disparo me tenía inquieto, no podía tomar todo a la ligera, si tenía que enfrentarme a algo pues debía tomar mis precauciones, justo era el momento oportuno para poder continuar con la explicación …

Mientras llegábamos a la salida de la pensión, el médico me indicó que la situación era delicada con respecto a la escenario legal de Flavio, que por ser una herida de bala él debía dar parte a las autoridades, pero que él no quería causarle molestias a Doña Petra porque ella le había pedido que esperara a que despertara Flavio para escuchar la versión de lo que había pasado. Yo no dije ni opine nada, ya me imaginaba lo sucedido, de seguro lo habían pillado en una de las suyas y esta vez no lo perdonaron, así que no tardaría en llegar la policía a la casa, yo esperaba lo peor, pero no dije nada al médico, solo pensaba en buscar una solución, si algo así se presentaba tenía que ver cómo sacar a Flavio de ese problema o lo reportarían a Italia. En parte, sabía que de las cosas que Flavio hurtaba yo también me beneficiaba porque por medio de ellas Flavio pagaba la pensión y cubría otros gastos.

Toda esa noche la nona permaneció al lado de Flavio cuidándolo, yo me hallaba parado frente a la ventana que daba a la calle, atento a cualquier situación que estuviera fuera de lugar, sin embargo no pasó nada, ni Flavio murió, ni la policía apareció…

Al día siguiente, todo amaneció con calma en la pensión, a la nona al fin el sueño la rindió y pudo irse a descansar, yo me quede en la habitación con Flavio, no pude cerrar un ojo, pensando en que pudo haber pasado, quería despertar a Flavio para preguntarle, pero no deseaba incomodarlo con mis ansiedades, dejé que pasara el tiempo, era mejor esperar.

A media mañana, por fin Flavio despertó…

-      ¿Dónde estoy? … Preguntó. Había perdido la noción del tiempo y del espacio..
-      Yo corrí a su lado, me acerqué y le dije… Amico has despertado por fin. Quédate tranquilo estás en casa, parece que te dispararon... Y me reí lo más fingidamente posible...
-      Flavio sin decir nada se volteó hacia la pared, dándome la espalda y me dijo… amico mío déjame solo un momento per favore. Devo pensare…

Sin decir nada salí de la habitación preguntándome ¿En qué debe pensar Flavio? ¿Y por qué no me ha contado lo que le ha sucedido? ¿Será que no confía en mí? Me quedé distante en uno de los jardines que rodeaba el corredor de la pensión, tratando de descifrar la incomodidad que sentía, Flavio recibió un disparo, la policial no vino  ¿Quién podría haber sido el agresor? ¿Y por qué Flavio calla? Esto no está nada bien, pensé. De pronto mis pensamientos fueron interrumpidos por la nona quien se acercó con una bandeja repleta de comida…

-      Hijo aquí he traído un bocado para que desayunes ¿Ha despertado Flavio?
-      Aún no... le respondí a la pobre nona, yo aún estaba meditabundo sobre lo sucedido y no me gustaba mentirle a la nona,  sin embargo me acerqué y tomé la bandeja para que no se diera cuenta que le ocultaba algo.
-      ¿Te pasa algo Giuseppe? … me preguntó la nona.
-      No pasa nada nona, solo que estoy algo cansado, me llevaré la bandeja a la habitación así cuando Flavio despierte compartiré con él la comida… la verdad no quería ni hablar, solo deseaba estar un rato a solas para pensar, tenía tantas cosas que resolver y ahora pasa esto. Estaba realmente preocupado y molesto por la situación en la que Flavio se encontraba....
-      Tranquilo hijo. Si Flavio despierta me avisas. A él, le he preparado un consomé de vegetales y carne roja. Debe comer bastante vitamina… me dijo la nona guiñándome un ojo, al mismo tiempo que salió del jardín y se dirigió a continuar con las actividades del día…

Yo me retiré a la habitación con la bandeja. Al entrar cambié la expresión de mi rostro y dije con efusividad… Mira Flavio la nona nos ha preparado algo de bocado. Vamos a comer. Vente… y coloqué la bandeja en la pequeña mesita que habíamos instalado para comer…
Flavio se levantó y se dirigió junto a la mesa. Me miró con un rostro taciturno era como si estuviese maquinando algo, un plan una estrategia quizás, al mismo tiempo que me dijo…

-      ¿No me preguntarás como recibí este disparo?

Me quedé algo exhorto al escuchar decir esas palabras, había concluido que él no quería decirme nada, sin embargo no pude ocultar mi emoción porque hablara, aunque preferí disimular...

-      Vamos Flavio no tengo porque preguntar, lo importante es saber que estás bien. Siéntate vamos a comer… y le señalé la bandeja… ¿Debes estar muerto del hambre no? Mira que perdiste mucha sangre y eso es como combustible, debes estar sin energía… y sonreí fingidamente.

Flavio se sentó y comenzó a tocar la comida y juguetear con ella sin probar bocado. Yo hice lo mismo, era mejor dejar de lado mis inquietudes y mis interrogantes. Ambos estábamos por primera vez sentados en la misma mesa sin mirarnos, sumergidos cada uno en nuestros mundos. Pasaron largos minutos así, ninguno quería decir nada. Esperábamos que el silencio diera todas las respuestas.

En un instante, luego del extenso silencio iniciado por ambos, Flavio me comentó…

-Giussi estuve cerca de la muerte ayer. Por primera vez en mi vida pensé que moriría, no sabes el terror que sientes  Tomó un suspiro y sin levantar la mirada dejó salir con voz melancólica e insegura el decreto que quizás no esperaba escuchar, al menos no en  esos momentos... debo decirte que  dejaré Caracas lo antes posible. No quiero involucrarte en mis problemas, así que partiré esta noche…

Aun en la mesa permanecí inquieto, lo observé detenidamente, trataba de decirle a Flavio con mi mirada que confiara en mí, quizás podría conseguir la manera de ayudarlo, pero no me atrevía a pronunciar ninguna palabra, conocía muy bien a Flavio y unas de las cosas que lo caracterizaba era su autosuficiencia, evitando que otros se acercaran demasiado a su espacio, sabía que él jamás diría nada y que mucho menos permitiría que yo interviniera en sus cosas, así era él, demasiado independiente, demasiado solitario… demasiado Flavio…

De pronto sentí que el mundo se me venía encima ¿Flavio se va? Entonces la situación era más grave de lo que pensaba... me dije y de modo muy pausado me dirigí frente a mi amigo buscando un acercamiento pero no logré percibir la conexión justa para pronunciar las palabras adecuadas y convencerlo de exteriorizar la verdadera situación que lo aquejaba, así que solo me remití a preguntarle de manera diáfana...

-¿Para dónde irás?
-Tranquilo amico... Me respondió Flavio... Sabrás de mí, lo prometo… A la vez que jugueteaba con la servilleta perfectamente almidonada… Solo quiero que mientras estés en Caracas trates de hacer las cosas bien, no te dejes llevar por nadie... Mientras me decía esto, me miraba fijamente a los ojos, buscando quizás que recordara siempre estas palabras. Su mirada se tornó fuerte y penetrante, casi suplicante, era evidente que Flavio no quería que me sucediera lo mismo y aunque ya era tarde para prevenirme contándome los detalles de lo sucedido, pensó que con una advertencia yo entendería perfectamente el mensaje...  Puedes quedarte ocupando esta habitación. Te la dejaré paga por un año. En todo ese tiempo confió que lograrás estabilizarte... y sonrió pensativamente…

Lo miré sorprendido, se suponía que Flavio no contaba con sumas grandes de dinero y ¿Cómo podría ayudarme con los gastos del arrendamiento? Además eso era algo que no importaba ahora. Así que reaccioné ante esta generosidad, no podía permitir que Flavio con sus múltiples problemas sintiera una obligación conmigo...

-Amico... le dije con total probidad... Por mí no te preocupes, bien sabes que yo resuelvo. Solo dime algo porque estoy realmente inquieto ¿Estarás bien en el lugar donde vivirás? ¿Crees que con irte podrás solucionar tu problema?
-Sí, estaré bien... me respondió Flavio con voz tajante.. Si no te lo digo es para protegerte porque vendrá gente a buscarme y no tengo ningún problema, así que no me preguntes más... dijo estas palabras frunciendo el ceño, era la típica manera que usaba de niño cuando no quería dar explicaciones o simplemente no deseaba conversar… lo único que espero en la vida es no ocasionarte dificultades ¿OK?... 
-Está bien amico... Contesté, advirtiendo que estaba invadiendo el espacio que Flavio decidió cerrar y enterrando mi mirada en el desayuno, decidí callar...

Ambos seguimos sentados allí como realizando una conversación mental, las miradas estaban dispersas en el infinito, la habitación se hizo gigante y silenciosa.

De pronto Flavio se levantó, tomó mi boina y la colocó sobre mi cabeza... Ahora, amico... me dijo... Debes salir a buscar empleo, yo estaré bien. Descansaré un rato y luego hablaremos… Me dio un abrazo y con los ojos aguarapados me dijo... Amico tú llegarás lejos. Lo sé… y me dio otro abrazo aún más fuerte, acomodándome la boina y el cuello de la camisa… Ahora vete. Vamos vete, que el tiempo es valioso.

Sin decir nada, me retiré, salí de la habitación, sabía que era una despedida y que no volvería a ver a mi mejor amigo, a mi hermano. Sintiendo una opresión en mi pecho salí corriendo y dejé la pensión atrás con cada zancada que daba. Tomé calle abajo, sin dejar de correr y con mis ojos llenos de lágrimas, sentí que me ahogaba que mi mundo oscurecía de nuevo.

Ese día yo no tenía ánimo de buscar ningún empleo, me senté en la Plaza Bolívar a pensar en tantas cosas, recordar cada una de las palabras que Flavio me había dicho... No quiero ocasionarte dificultades.. y me preguntaba con intriga ¿Cuáles dificultades? ¿Que había hecho Flavio para tener que huir? ¿De dónde sacó dinero para viajar? ¿Quién ha podido dispararle? ¿Quién quiere verlo muerto? No sabía que hacer era mi amigo y no podía dejarlo solo, ¿Y si volvía a la pensión y lo convencía de que no se fuera? Que se quedara y enfrentara el problema sea cual sea. Que si era de ir a la policía lo acompañaría. Pensaba en miles de soluciones, así que decidí dejar la aflicción y regresar a casa, haría lo que fuera por hacer entrar en razón a Flavio, él tenía que enfrentar los problemas y no huir.

Al llegar pasé directo al dormitorio, al entrar observé que Flavio no estaba, vi que su cama se encontraba tendida y que su boina no se hallaba en el lugar donde siempre la dejaba, así que revisé el armario y noté que sus cosas no estaban, faltaban la mayoría de sus calzados y ropa, luego vi una nota sobre la mesa..

Mi querido amico, mí muy amado hermano…
Al volver notarás que no estoy en casa, pues decidí irme antes de lo sospechado, no logro esperar más tiempo, me obligo llegar lo antes posible a mi destino, siempre te hice reseña de mis propósitos futuros, y ha llegado el momento de hacerlos y es lo que forjaré, una vez que logre lo querido te buscaré, por ahora solo te indicaré que donde viviré todo me saldrá bien. No te inquietes por nada y continúa en tu exploración, pronto atinarás con lo que anhelas. Recuerda siempre mis toques que si te los apunto es porque ya pasé por esas realidades…
Bueno, es hora de partir.
        Suerte Giuseppino.
Pronto nos veremos.
Ciao

Tu amico Flavio

Post data:
Amico te dejo el dinero para qué canceles la habitación por el tiempo que ya te he mencionado, está en la cajita de madera que trajiste de Italia, la coloqué debajo del armario…

Doblé la carta, la dejé sobre la mesa y me dirigí a la ventana de la habitación, abrí las puertas y miré el firmamento, exclamando con gran nostalgia y pesar…Adiós amico, que la buenaventura del altísimo te acompañe y te proteja siempre…yo sabía que mi amigo estaría bien, siempre fue un loco, algo inestable y desequilibrado pero en el fondo era la persona más leal y fiel que haya podido conocer en toda mi vida, sabía que nunca tendría otro amigo como él. Al voltear vi la silueta de la nona quien se hallaba en el umbral de la puerta, sin mirarla, con un nudo en la garganta y la voz quebrantada le dije nona…

-Flavio...
-No digas nada me interrumpió ella, sé que se ha marchado, pude ver cuando se alejaba de la casa, ya era tarde para gritarle, estaba a unos cuantos metros de aquí, pero su andar y su boina eran inconfundibles… Y se acercó a mí con paso acongojado, casi sin aliento… Solo nos queda orar para que mi virgencita de Coromoto lo proteja y le dé luz en su camino siempre…

Ambos nos quedamos en la ventana, observando sin decir nada más, dejando que nuestros pensamientos se perdieran en el azul del cielo y es que no eran necesarias las palabras, estas sobraban en esos momentos, pues partía una de las personas que más alegría aportaba a la pensión, la única persona que pudo ganarse el corazón duro de la nona…

Ya han pasado meses desde que Flavio se marchó de Caracas. Las cosas andaban bien. Yo había avanzado considerablemente en todos los aspectos de mi vida. Económicamente estaba solvente, tenía buenos empleos, me encontraba en una etapa de aprendizaje donde la propia supervivencia me brindaba el placer de experimentar la adquisición de conocimientos en diferentes áreas, todo apuntaba a que el destino me estaba instruyendo para algo grande y aunque lo desconocía, lo intuía, por eso me dejaba llevar por el camino que se hacía frente a mis ojos. No tuve noticias de Flavio pero sentía que estaba bien. Comencé a notar con el tiempo que yo gozaba de esa facultad para percibir calamidades, quizás por ello me hallaba tan tranquilo.

Un día me levanté y entre uno de esos tantos diálogos que creé con Dios le indiqué que ya estaba preparado, que necesitaba una oportunidad y esperaba esa oportunidad con anhelo, me sentía capaz y deseaba avanzar. Tenía mucha impaciencia y ansiedad, incluso en un momento de descontrol reté los poderes divinos a través de premisas duras, estaba realmente inquieto. Reté a Dios, reté a la suerte, reté al destino, reté a la vida. Fue así como me dejé llevar por ese primer encuentro con la suerte y los raros designios del destino.

Estaba allí sentado, en el mismo café que me recibió meses atrás, tomando mi acostumbrado cafecito de la mañana al que tanto gusto le tomé después de tener un largo tiempo en la ciudad. Tenía por costumbre recibir allí mi desayuno de todos los días, no dejaba de ir ni los domingos y antes de comenzar la jornada de mis múltiples empleos, pasaba a relajarme y enterarme de lo que acontecía en el país. Para ese momento trabajaba en diferentes actividades, como botones en un hotel, mensajero en un bufete, mesonero en un restaurante e incluso llegué a formar parte del grupo de asistentes del gobernador de Caracas, logrando respeto y admiración entre mis subalternos y compañeros, de esta manera conseguí ganar un poco más de dinero, ahorrar como era mi costumbre y lograr la realización de mi plan. No gastaba mucho en realidad, era muy metódico, para mí era imprescindible abonar tesoro, las consecuencias de la guerra me dejaron esas reflexiones transmitidas por mis padres, ellos siempre me indicaron que para estar en el mundo no se necesitaba tener mucho dinero, solo bastaba con tener lo indispensable para poder sobrevivir y un poco más para labrar el porvenir, incluso me enseñaron a alimentarme en aquellos momentos de penuria y escasez al saber que existían situaciones en la vida que tenían mayor importancia que aquel simple hecho de no haber probado bocado por un día.

Así era él, mi padre, siempre me repetía desde niña las siguiente frase, sobre todo en esa época donde pasamos las mayores calamidades y donde yo discutía por quien se comía el ultimo mordisco de pan que sobrase en la mesa…Si con un plato de comida pueden comer dos, tres y hasta cuatro bocas,  pues a falta de esas bocas, ese mismo plato me puede alcanzar dos, tres o cuatro días. El hombre no solo se alimenta de pan, debemos alimentar el espíritu también y eso solo se consigue a través de la lectura, el trabajo y buenas obras.

Al terminar mi bebida caliente y justo cuando me disponía a continuar con mi recorrido de costumbre, observé la silueta de un hombre que se acercó a mi mesa de manera súbita, me miró fijamente y se dirigió a mí con un tono de voz y un no sé qué raro que no me agradó.

-Buen día caballero. Me permite unos minutos por favor…

Observé la imagen y la presencia de este hombre detenidamente, desde su calzado hasta el traje que llevaba puesto, revisando cada una de sus facciones. Noté que era extranjero, muy inglés a decir verdad, y aunque pudiese pronunciar muy bien su español se advertía cierto acento que lo delataba ante cualquier ciudadano de la capital. Con traje inglés perfectamente cuidado, de tono gris, muy usado en aquella época, un reloj de mano que colgaba de su bolsillo derecho, un pequeño pañuelo que sobresalía de su palto, todos con colores que hacían juego con sus grandes ojos grises, camisa perfectamente almidonada como se acostumbraba en aquellos tiempos, calzado intacto, de tez blanca, perfilado en todos los ángulos de su rostro, cabello rubio y de corte burgués, con actitudes algo delicadas para saber que no era uno más de la prole y se exigía tener ese estatus que podría diferenciarlo de los demás, con manos finamente delicadas y cuidadas, a lo mejor era muy poco el oficio que se exigía que no permitía que ellas se estropearan como ocurría con las penosas manos de cualquier obrero, al ejecutar el trabajo diario que en la época desempeñara. En pocas palabras era ¡Un burgués!

Algo absorto y confundido por el acercamiento de este noble caballero a mi mesa, le respondí con voz firme…

-Claro ¿Desea sentarse? he terminado con mi taza de café ¿Pero si desea algo?...
-No, no. Respondió el inglés... Permíteme presentarme, soy Mr. Scoth Blair. Como verá provengo de Inglaterra, estoy erradicado en esta ciudad desde hace algún tiempo… Dijo estas palabras a la vez que sacó su pañuelo y comenzó a secar su frente que se encontraba húmeda de sudor producido por el cansancio de caminar en las calles caraqueñas…Bueno quizás se pregunte el motivo de mi acercamiento, la verdad seré muy directo. Lo he observado con sumo cuidado desde hace meses, a decir verdad desde la primera vez que usted ha entrado en este cafetín... El inglés tomó asiento justo al frente de mí y continuó diciendo... Noté que usted viene del extranjero igual que yo ¿No me equivoco verdad?
-Así es, no se equivoca... Le respondí algo vacilante y prestando atención a los ojos del inglés mientras hablaba, quizás tratando de acertar cuales eran las verdaderas intenciones de este extraño personaje...
-Pues bien, he visto como se dedica con tanta fidelidad a sus múltiples trabajos, desde botones de un hotel, mensajero de un bufete de abogados, mesonero en un buen restaurante y asistente del gobernador. Veo el gran esfuerzo que está haciendo pero también he observado la diligencia que dedica para relacionarse con los más fuertes de la sociedad caraqueña, algo que yo aún no poseo... y bajó la mirada denotando vergüenza al tener que admitir su pequeña debilidad... Soy un hombre que vino a este país con algo de dinero y he plantado mis negocios pero no tengo la agilidad que he visto en usted para acercarse a personalidades que le interesan…
-¿Puede ir usted al grano? Le reproché con algo de ansiedad... no soy muy prosélito a las adulaciones, no las tomo con agrado y más cuando provienen de personas totalmente desconocidas la verdad el tiempo me apremia y no quiero llegar tarde a mis obligaciones y como usted debe saber, ya que se ha dedicado a espiarme todos los días a toda hora, sabrá que soy muy puntual y cumplido con lo que hago y mi tiempo vale
-Sí, sí. Tiene usted razón… Me replicó el inglés recortando las palabras, se encontraba en una posición de inseguridad… Disculpe mis rodeos,  en realidad no lo espío como cree, solo que en diversas ocasiones hemos coincidido en el mismo lugar, por casualidades del destino, y bueno pero a esto no me quiero referir, no tengo la agilidad de la expresión, a ver, mi destreza es netamente numérica en realidad. La expresión verbal no es mi fuerte. Y es mi limitante.

Yo fruncí el ceño como en señal de impaciencia y disgusto…

-Bien al grano… Aligera el inglés que lo descifra inmediatamente… Quiero proponerle una sociedad en partes iguales, sobre un proyecto que estoy desarrollando. No quiero adelantarle nada y en vista de sus múltiples compromisos actuales no deseo quitarle más tiempo. Pero he aquí una tarjeta donde podrá localizarme. Y cuando usted disponga del tiempo justo para poder escucharme. Le pido se acerque para conversar y plantearle mi proyecto ¿Está de acuerdo??...
-¿Una sociedad? ¿Sociedad de qué y por qué?... ummmm agudicé mis sentidos y mis pensamientos… Lo pensaré… Le dije… Y una vez que lo haga tenga por seguro que allí estaré justo en esta dirección… Y golpeando la tarjeta con mi mano izquierda la guardé en mi bolsillo y me despedí apresuradamente sin notar que había olvidado mi billetera en la mesa y salí del cafetín algo apresurado por el tiempo que corría aceleradamente. Ya era tarde y no podía permitir que por la interrupción de un extraño inglés llegara por primera vez tarde a mi laboro…

Caminé al hotel donde dedicaba toda la mañana mi oficio como botones. Mi mente fluctuaba en ocasión a lo que había sucedido minutos atrás, en realidad yo no era muy confiado y cuando las situaciones se presentaban de esa manera tan sospechosa, siempre me dedicaba el tiempo necesario para descifrar el enigma y luego actuar, no me tomaba las cosas a la ligera, siempre le daba la vuelta a todo hasta poder determinar cuáles podrían ser las verdaderas intenciones de quienes se acercaran con propósitos llenos de misterio, siempre recordaba las palabras de Flavio... Ten cuidado con quienes se aproximen a ti, a veces las personas buscan como beneficiarse de otros y no les importará usar a quien sea para lograr sus objetivos. Aléjate si percibes destellos de tu sexto sentido…Sin embargo, recordaba que al amanecer pedí una oportunidad ¿Sería la misma que estaba esperando? El inglés habló de una sociedad ¿Pero sociedad para qué? ¿A qué nos dedicaríamos? ¿Por qué necesitaba contactos el inglés?

Pensaba una y otra vez, tratando de recordar cada movimiento, cada palabra, cada gesto que haya hecho el inglés y lo delatara como un pillo, si es que sus planes era perjudicarme. Pero no, las actitudes del inglés parecían muy naturales, tampoco se notaba maldad en su mirada, quizás por tratar de explicar su proyecto reflejaba ansiedad algo entendible por sus limitantes, las que el mismo mencionó. Su mirada era más de una persona tímida, insegura. Pronto llegué al hotel y comencé con la faena del día, olvidando lo acontecido, al menos por esos instantes de ocupación…

Continuará...

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