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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

miércoles, 1 de marzo de 2017

AURORA. RECUERDOS OSCUROS. CAPITULO III






III

Era muy cierto lo dicho por el inglés. Mi padre tenía una habilidad envidiable para hacer amistades y relacionarse. Logró codearse con personalidades bastante influyentes y entre ese círculo era conocido con un apodo que a él nada le agradaba: “el gran giuseppino...” le decían, él pensaba que era un adjetivo que describía exactamente el antónimo de su formación y es que no era de grande aún, al menos no en esa época, le faltaba un poco más de dos decenas de años para tocar al menos el piso inferior de la sabiduría, aunque eso no era una limitante para él. Con el tiempo comprendió que a pesar de ser tan joven las personas lo admirarían tanto por su dedicación y su manera de conducirse en la vida, como por el hecho de ser un chico centrado y servicial, dispuesto a recibir el aprendizaje necesario que lo elevaría a un conocimiento mayor. Realizaba todo lo que estuviera a su alcance para servir a los demás, el servicio más que vergüenza era una de las grandes virtudes que caracterizan a los hombres de bien, entre sus múltiples enseñanzas siempre me repetía que el ser serviciales y atentos con nuestros semejantes no nos restaría cualidades, al contrario, que nos abriría las puertas a otros mundos, a otras vidas, a nuevos amigos y nuevas oportunidades. Tan obvia era su vida pública en aquel entonces, que todos los días lo veían almorzar con la máxima autoridad de Caracas, Don Cristóbal Méndez, Gobernador de la ciudad. Era conocido como un hombre duro, de carácter fuerte, implacable, arrogante por su aspecto militar; era alto, robusto, su cara redonda, con expresión grotesca, tez oscura, ojos color miel y de mirada penetrante y profunda. Tal era su mirada que intimidaba, intrigaba y amenazaba a cualquier mortal que invadiera su punto abstracto, sus ojos como dos hoyos siniestros, estaban marcados por ojeras enormes y oscuras, de las cuales él mismo se gastaba grandes bromas, se decía que era el apache del Dictador, como una forma de imponer temor ante sus enemigos, los enemigos del gobierno. Su calvicie le sumaba años de existencia terrenal, no era así, tendría cuando mucho cerca de unos cuarenta y cinco años, claro que para él, esto no era de vital importancia, los años que le sumaban lo obligaban a sus súbditos guardar distancia y respecto, aunque en realidad era su mayor logro verse temerario ante los demás. A su alrededor se tejían innumerables historias de amor y odio, pasión y muerte, rumores que lo daban a conocer como el don Juan depredador de Miraflores, atribuido a su gran talento para persuadir a las mujeres, era un hombre seductor, sabia como tratar a las del sexo opuesto, como las hacía llamar. Era un machista de naturaleza y no por convicción, siempre se le escuchaba decir que las mujeres eran para servirse y que dependiendo del talento y la galantería se degustaba el mejor bufete, para él era fácil conseguir lo que deseara, cuando no era retribuido en sus galanterías usaba la fuerza para obligar a quien fuera a cumplir sus caprichos, no había nacido mujer que rechazara a Don Cristóbal Méndez. Se decía, que para ello se valdría de cualquier artimaña o excusa que lograra la conquista de la potranca que deseara, algo característico en los llaneros y él no podría ser la excepción.

Tenía múltiples personalidades que lo distinguía entre los demás líderes de gobierno, era reconocido como el más popular entre la vida nocturna de Caracas, gran fiestero, nunca faltaba un vaso de buen whisky en su mano derecha y un buen habano en su mano izquierda, buscaba cualquier motivo de celebración. Fue distinguido como el gran diplomático, se relacionaba perfectamente y se desenvolvía con gran soltura, sabia manejar la demagogia, siempre estaba rodeado de partidarios al gobierno y de famosos oportunistas que lo agasajaban para lograr sus objetivos, algo de lo cual le saco bastante provecho en su momento justo, sin embargo, el tenia bien claro quién era cada quien, contaba con pocos amigos de sangre, aquellos que de verdad entregarían todo por la fidelidad de un amigo. Pero eso sí, a la hora de mandar se olvidaba de todos estos pasatiempos y asumía inmediatamente la personalidad de Gobernador, tomando el control de cualquier situación, era leal al Presidente del actual gobierno. Se murmuraba que hacia limpieza cada semana en los bares, universidades, restaurantes y entidades públicas, donde pedía prima a los empresarios incluyendo extranjeros como venezolanos, no los distinguía, y si eran norteamericanos la presión era mucho mayor, parece que tenía muy poco aprecio por los gringos. Con esta prima estableció una medida de control y protección para quienes la aportaban, pero si dejaban de darla en ese momento eran invadidos por la policía política y otros funcionarios donde les clausuraban los negocios y les embargaban ciertos bienes, de esta manera aplicaban la figuras ilícitas, sin embargo,  para ellos ese era el sentido de la justicia nacionalista.

Se tejían muchos otros rumores que lo describían como un ser implacable, sangriento, maligno y misterioso, algunos decían que era el encargado de desaparecer a los dirigentes políticos que obstaculizaran el proceso de cambio y el progreso del proyecto nacionalista, nadie sabía de qué manera, pero era de suponer que jamás volverían a transitar estas personas por la ciudad, ni por otro punto del globo terráqueo, por arte de magia las esfumaba, se decía que usaba una clase de policía estadal donde nadie conocía sus integrantes, actuaban por las noches, invadiendo hogares, saqueando negocios y secuestrando personalidades, eran los llamados grupos de exterminio y su modo de proceder era nefasto, entraban a los hogares de quienes tuvieran sospechas, se llevaban al personaje en cuestión sin dar explicación a sus familiares y los desaparecían sin ton ni son. Algunos los describían como grupos de militares con capuchas, vestidos de negro, portando armamento pesado para imponer terror, unos pocos se identificaban como la temida policía política, conocida con el nombre de Seguridad Nacional identificados con las siglas SN. Había un hombre que junto al gobernador se dedicaba a estos actos, Manuel Fuentes Director de esta organización, mi padre lo odiaba, sentía que no era un hombre de principios y vendería su alma al diablo con tal de conseguir sus objetivos, se valía de su poder para castigar a sus enemigos o a quienes él creía que eran sus enemigos.

En aquel tiempo donde mi padre se tropezó con Don Cristóbal, existía en el país una situación que se tornaba agitada y tenebrosa, sin embargo con todo y eso, él jamás pudo prever que su relación con este personaje resultaría traumática, nefasta, una pesadilla de la cual él hubiese deseado despertar. Realmente se fomentó una historia de horror, nostalgia y mucho dolor.

Aquel día era un viernes frío, estábamos en época de lluvia, para ese momento yo solo contaba con trabajo en un hotel y en un restaurante, al salir de allí iba siempre a dar una vuelta a la plaza bolívar para dispersarme. Ese día observé a un grupo de inmigrantes postrados en la casa de gobierno solicitando ser atendidos. Eran mis paisanos que vivían en el albergue. Algunos habían llegado a Venezuela bajo promesas de empleo y una vez aquí se consiguieron con otra realidad. La policía local trataba de disolver la protesta, indicándoles que serían atendidos en otro momento.

Me acerqué para enterarme de la situación y comencé a mezclarme entre los manifestantes, conocí historias lamentables de las cuales me sentí participe, por pensar que quizás Flavio tuvo algo que ver con esta situación, no me extrañaría de verdad y es que sabía que mi gran amigo era capaz de todo, a lo mejor habría sido uno de estos italianos enfurecidos quien le había disparado por verse estafado por un pillo y sentí una impotencia por tan ruin injusticia.

Eran personas que tenían su vida en los campos europeos, la gran mayoría eran italianos como yo, otros eran portugueses y españoles que fueron llenados de sueños inexistentes y falaces. Yo rogaba porque Flavio no fuera uno de esos ladrones de vida que a estos pobres extranjeros convencieron a vender sus pertenencias en sus países para que inmigraran a Venezuela donde si había oportunidades. Le ofrecían tierras, casas, todo un sueño para cualquier europeo de aquel entonces, que solo quería escapar y tener otra vida. Al llegar aquí se conseguían con la pesadilla de qué todo era mentira, no habían tierras, ni mucho menos casas que los estaban esperando, aquí tenían que vérselas cada cual con su familia y resolver una vez que tocaran piso venezolano. Esta situación apestaba. Habían sido víctimas de una estafa. Valiéndose de engaños, artimañas de la más baja horma por personas que se dedicaron a destrozarles la vida a centenares de inmigrantes.

Motivado por la desesperación de mis amigos y conmovido por sus verdades y situaciones actuales, sin pensarlo tomé la iniciativa de intervenir y comencé a dirigirme a la multitud. Me encontraba sobre una de las bancas de la plaza y comencé a llamar la atención de todos dirigiendo palabras al aire hasta que por fin la muchedumbre se aglomeró para escuchar lo que yo intentaba decir...

-      Amigos escúchenme por favor… gritaba con desesperación, intentando llamar la atención de toda esa gente furica… Solo pido que me den unos minutos,  sé por todas las vicisitudes que todos están pasando, yo me sumo a sus tragedias pero no veo que esta sea la manera para solucionar nuestros problemas ¡escúchenme!… Las personas alteradas comenzaron a pedirme entre alaridos y gritos que me callara, sin embargo yo continué insistiendo... Escúchenme por favor ¡Seré breve! ¡Ustedes piensan que comportándose de esta manera podrán conseguir que los representantes del gobierno de este país los atienda? ¿No comprenden que a ningún gobierno le gusta ser manipulado por protestas y manifestaciones? Nosotros somos extranjeros y con esto lo que buscamos es que nos monten en un barco y nos envíen a nuestras tierras… A la vez que bajé de la banca y me mezclé entre la multitud continué diciéndoles…No podemos convertirnos en la piedra del zapato de este país que nos ha recibido con las manos abiertas, ofreciéndonos oportunidades que ya no vemos en Europa ¿o qué? ¿Prefieren regresar a la decadencia? ¿Regresar a las lamentaciones? ¿Renunciar a esta nueva oportunidad? ¿Renunciar a un nuevo sueño? ¿Lejos de la guerra, de la escasez, de la pobreza.. de la muerte?... Caminaba entre ellos y me dirigía mirándolos fijamente intentando hacer que entendieran que estaban en un gran error, que como masa podían salir adelante trabajando día a día… Tenemos que organizarnos de otra manera… Continuaba hablándoles… Si nos dirigimos a los delegados de este gobierno debe ser de manera fundada, donde podamos hacerle llegar nuestras peticiones, debemos escoger a un grupo de personas que se acerquen a las autoridades y les planteen nuestra situación que puedan a través del dialogo lograr una solución ¡per favore! Miren a su alrededor… Y les señalé con ambas manos los espacios que se encontraban alrededor de la plaza... Respiren sus oportunidades… Exhalé fuertemente indicándoles que era aire puro, sin olor a muerte, sin olor a guerra, sin olor a sangre, era oxigeno virginal…Estamos en otro mundo, debemos dar gracias a Dios por estar aquí, no nos desesperemos, sé que muchos creen su situación más difícil, que las otras pero debemos tener fe y paciencia, comenzar no es fácil ¡Pero por la fuerza no conseguiremos nada!...

Todos se quedaban atentos escuchándome, algunos asentaban con la cabeza que yo  tenía razón, aceptando que debían organizarse pero no sabían quién podía liderarlos. Otros que lo que buscaban era la revuelta, gritaban entre las personas… ¡Italiano cobarde si hacemos eso y nos movemos de aquí esta gente nunca nos atenderá y jamás se nos dará lo que nos prometieron! No intervengas en nuestras contiendas que en nada ayudas. Debemos quedarnos aquí y hacer fuerzas solo así conseguiremos mucho… Y se acercaron a  mí, me tomaron del brazo para sacarme de acción y evitar que hiciese que la multitud razonase. Como pude me solté y corrí al centro de la plaza y continué con mi discurso pero esta vez elevando la voz a lo más alto que permitieran mis cuerdas bucales.

-      ¡No! ¡Están equivocados!… gritaba… Lo que pueden conseguir es que los regresen a Europa. Este gobierno no tiene obligación con nosotros, no somos ciudadanos de este país, debemos dialogar con ellos. Sé que muchos de Ustedes fueron traídos por obra de algún charlatán que les ofreció fortuna y tranquilidad y los estafó pero por esa situación no debemos culpar a todo un país o un gobierno, sean sensatos, no se dejen manipular. Como les dije no nos convirtamos en la piedra de molestia de esta Nación, al contrario seamos quienes coloquemos cada piedra en sus construcciones, seamos la mano de obra que ellos necesitan para edificarse ¡Miren a su alrededor no ven qué hay mucho por hacer!

Las personas se miraban unas a otras, comenzaron a cuchichear entre ellos, no se podía entender lo que decían pero yo percibía que lo estaba logrando, algunos comenzaron a vociferar: ¡Es verdad! él tiene razón, si seguimos aquí nos sacaran y será peor porque en nuestros países no nos espera nada. ¡Es cierto! Apoyaban otros… Vamos a organizarnos. Vamos a ofrecernos para construir lo que pidan. No debe ser tan difícil ¡Vamos a trabajar! Y quienes permanecían callados tratando de ordenar sus pensamientos callaban y empujaban a aquellos que trataban de intrigar con palabras manipuladoras.

Así fue como de pronto se asomó entre la multitud un hombre vestido de pantalón negro y guayabera blanca con unos lentes oscuros y una pipa en su boca…
-      Buenas tardes ciudadanos... Habló con voz firme y de carácter. Todos se avocaron a él. Algunos le conocían y comenzaron a correr entre la muchedumbre rumores de que era el gobernador en persona… Me dirijo a ustedes. Soy el gobernador Cristóbal Mendoza y desde hace rato los he estado observando y les diré, deberían escuchar a ese joven… Y me señaló, enseguida sentí un nerviosismo inexplicable quizás por los comentarios que había escuchado de ese personaje, yo no sabía si sentía respeto a él, por ser máxima autoridad de la ciudad o sencillamente temor por las tragedias que se tejían alrededor de su despacho, de pronto el gobernador se dirigió a mí … Acércate joven ¿Cómo te llamas?
-      Yo en seguida dejé el centro de la plaza y me dirigí al lugar donde se encontraba el gobernador… ¡Giuseppe Alejandro Señor!.. Contesté.
-      Muy bien Giuseppe ven acá. Acércate más por favor. La carne italiana no es de mi agrado, no temas que no voy a comerte… y soltó una carcajada funesta…

Yo bajé la cabeza y con mucha humildad y tranquilidad me dirigí a donde se encontraba exactamente Don Cristóbal.

-      Bienvenido… Me dijo… Tengo entendido que eres italiano ¿No es así?
-      Así es… Le contesté …
-      Pues felicidades. Para la poca edad que reflejas te expresas muy bien, con gran soltura. Eres un líder nato hijo… y me golpeó el hombro. Luego mirando a la multitud les decretó… Señores será mejor que se retiren a sus alojamientos. Quiero que aparte de Giuseppe… Y me tomó por el hombro… Elijan entre ustedes a dos personas más, un hombre y una mujer, y que a ellos dos le entreguen una carta donde estamparan todas sus quejas… Enseguida se dirigió a unos de sus asistentes que se encontraba a su lado izquierdo y en voz baja le dijo… Anota los nombres de las dos personas que estos extranjeros escojan y esté atento mañana cuando vayan al despacho… Al mismo tiempo que le entregó su pipa. Su asistente se dirigió hacia los manifestantes para intentar ponerse de acuerdo  respecto a lo encomendado por el gobernador. Desde en el mismo sitio Don Cristóbal continuó diciéndoles a la multitud… Quiero esas cartas mañana a horas del mediodía sobre mi escritorio y quiero ver a esas dos personas junto a ti Giuseppe, mañana al mediodía en mi despacho, es lo más que puedo hacer por ustedes y si las cosas resultan bien les tendré una respuesta a sus solicitudes mañana mismo.

La multitud comenzó a gritar ¡Grazie signore gobernador! ¡Grazie!!..

A lo que contestó el Gobernador…

-      Un momento. No me lo agradezcan. Agradézcanselo a este joven que supo apaciguar su desesperación. Ahora bien ¡Retírense y disuelvan esta manifestación ahora!

Y fue cuando los funcionarios de la policía que se hallaban alrededor se desintegraron para dar paso a las personas que luego se marcharon de la plaza. Así cada quien comenzó a circular a sus albergues, algunos contentos, otros hablando bajo y unos pocos indicando quienes serían las dos personas que los representarían, hasta que no quedó nadie por los alrededores…

Mientras tanto, en la mitad de la plaza se veía aun la silueta de dos personas. Don Cristóbal y yo nos encontrábamos allí,  intercambiando palabras, Don Cristóbal me daba las gracias por lo que según él, yo había hecho por mis paisanos..
-      Jovencito, fuiste muy audaz al dialogar con esta gente, la verdad que tus paisanos son muy testarudos… frunciendo el ceño y torciendo la boca en señal de no aceptación a dicho comportamiento de poco entender… Y te aseguro que no tengo en mi despacho a nadie que haya dado mejor talla que tú… y bajó la cabeza negando al mismo tiempo, tal ausencia… ¿A qué te dedicas jovencito? … Me preguntó como en proposición de algo..

Sin vacilar le indiqué que trabajo como mesonero en un restaurante y botones en un hotel recurrido de la ciudad y que por las tardes al quedar libre me dirigía a otros sitios, porque deseaba conseguir otro empleo que me aumentase un poco más los ingresos. Don Cristóbal me observó con detenimiento mientras hablaba, se percató que yo era joven y que le podría servir de ayuda, sobre todo a la hora de contratación de personal extranjero, se evitaría los problemas del idioma y de los malos entendidos y tomando un suspiro de cansancio, me tomó del hombro y me invitó a caminar hacia la casa de gobierno.

Mientras andaban por las calles caraqueñas Don Cristóbal me hizo una propuesta..
-      Jovencito quiero ofrecerle la posibilidad de que desarrolles ese talento que tiene para dirigir masas ¿sabe? Necesito una persona que se encargue de la elección y contratación del personal que actualmente necesito para la construcción de varias obras sacó un habano del bolsillo de su guayabera, lo pasó por su nariz, suspiró y comentó… El mayor de los pecados inventado por el hombre… y rió con maleficio. Continuó con la conversación… Como te decía, no solo aquí en caracas se están elaborando obras, también en otras zonas a nivel nacional, por ahora tengo gente encargada de eso, pero he tenido inconvenientes; en primer lugar… y comenzó a encender el habano al mismo tiempo que se quedó estático y pensativo al prender el habano. Continuó con su paso lento y con la conversación…El idioma, nunca llegamos a un entendimiento por ello; y en segundo lugar porque siempre contratamos al personal poco idóneo, algunos se cansan, otros no saben nada de construcción por lo que me retrasa las obras que debo culminar y de verdad hijo no puedo quedar mal con el Presidente… Se pasó la mano por la cabeza en señal de preocupación…Bueno mi pregunta es ¿Le gustaría ser esa persona?... Y dejó salir el humo del habano de su boca detestable…

Me dio un ataque de tos porque inevitablemente me tragué el humo, y es que no estaba acostumbrado a esos vicios…
-      La verdad puedes dedicarle unas horas al día de esta manera podrás consagrarle el tiempo a sus otras actividades si así lo deseas... agregó el gobernador.

Yo tenía mi cabeza inclinada, algo meditabundo con la mirada abajo, era mi posición de costumbre para pensar, analizando la propuesta que estaba escuchando…
-      Continuó el gobernador diciendo y observando al mismo tiempo alguna reacción positiva de mi parte… Por lo regular las personas vienen a temprana hora de la mañana y ya a las diez están listas, tendrá su personal que se hará cargo de abrir los expediente a cada extranjero que escojas y se encargará de todos los demás papeleos  comenzó a toser fuertemente, era desagradable su tos, carrasposa como si la garganta se le rasgara y el pecho se le partiera, era un sonido brusco, inmediatamente pensé en la causa… el habano… Lo único que le pido hacer es… continuó diciendo…  que sea usted quien los escoja y una vez hecho esto, le indique las condiciones del contrato al personal elegido, lo que ganaran por sus servicios y todo el asunto que conlleva la contratación de mano de obra ¿qué me responde?... Y se detuvo para observarme escudriñando entre mis pensamientos y saber si la respuesta podría ser afirmativa…

Yo me hallaba aun atónito, no sabía que decir, con la mirada clavada en un punto abstracto del camino que recorríamos, trataba de organizar la propuesta en mi mente, no estaba muy seguro del ofrecimiento de ese Señor y no era por no entenderlo, solo que sentía que era un compromiso bastante delicado, tendría que usar mi sentido del buen juicio y para aquel entonces no lo tenía aunque así lo pensara…

De pronto recordé los rostros de todos estos inmigrantes, los pensé a cada uno con expresiones llenas de esperanza cada vez que los alentaba allí en la plaza, esta era la oportunidad que ellos necesitaban para poder iniciarse, traje a mi memoria la penosa vida que llevaban en el albergue siendo víctimas de múltiples injusticias y delitos y cuántos de ellos la estarían pasando realmente mal. Algunos con sus pequeños hijos pasando hambre, quizás frío por no tener donde reposar. Todo me lo imaginé y es que así era mi mente, como una película antigua. Corrían las escenas rápidamente con tonos grises por la tristeza. Sin divagar más y con voz firme le contesté a don Cristóbal…

-      Acepto señor. Acepto su propuesta ¿Podemos empezar hoy mismo?
-      Jaajajjaa… Se rió a carcajadas Don Cristóbal.. Jovencito, jovencito, sé que ha dudado de lo que te he propuesto ¿no es así?... Dijo sin quitarme la mirada y continuando con su paso… Pero confié en tu buena determinación, también sé porque lo hace, sé distinguir a las personas de corazón noble y tu proeza es admirable por eso no me equivoco en darle ese lugar a usted…. A la vez que aspiró su preciado habano nuevamente pero tranquilo… No hay tanta prisa, mañana comenzarás ¡Mira..! ¡Ya hemos llegado a puertas de la casa de gobierno!... y allí nos detuvimos, cada uno subsumido en nuestras quimeras… Bien aquí me quedo yo. Mañana espero verlo como acordamos, no olvide que debe estar aquí al mediodía… y golpeándome en la espalda me dijo… Ahora vaya a descansar que por hoy le he dado mucho para pensar, de seguro no dormirá, vaya, vaya a descansar, mañana será un día fuerte… Ambos nos despedimos con un fuerte apretón de manos…

Yo continué con mi paso pensando. La verdad sentía que era una gran oportunidad, porque de esta manera podría ayudar a muchos de mis paisanos. Me repetía mentalmente… lo haré, lo haré… y sonreía. De pronto sentí una necesidad de correr y así lo hice. Corrí por las calles de Caracas y gritaba. La gente me veía como si fuera un loco recién escapado del sanatorio. Me detuve en el albergue, recordé a Flavio. Luego contemplé a mis amigos que se hallaban dentro, en sus mundos, algunos con la mente perdida por la preocupación, otros simplemente esperando que transcurriera el tiempo y les cambiara la suerte. Los miré y pensé... Muy pronto amigos les cambiara la vida. Dejarán de estar aquí, yo los ayudaré, lo prometo...  y tomando en mis brazos a una de las pequeñas que estaba jugando afuera, comencé a cantar en italiano y a bailar como lo hacía siempre en el barco y daba vueltas y vueltas jajajajá y reía, reía y reía.. Estaba feliz, mi corazón parecía que iba a explotar…

Muchos de los inmigrantes que estaban allí me reconocieron, dijeron ¡Es giuseppino! y junto a mí se unieron a bailar y cantar, los había contagiado de esa energía extraña, ninguno de ellos sabía a qué se debía pero sentían esa enorme necesidad de reír, de bailar, de cantar, todos estábamos felices. Mis paisanos y amigos sentían que eran felices por mí y no les importaba saber más. Sacaron el acordeón y comenzaron sus cánticos acompañados de sus danzas tradicionales. Así pasamos la noche entera entre risas y llantos. Hasta que caímos rendidos entre las sabanas del ocaso…

A la mañana siguiente, me desperté de un brinco. El cantar del gallo madrugador había indicado que era hora de levantarse, algo muy característico de esta ciudad, acompañado de la dulce melodía de las aves que yacían cerca del albergue. De pronto recordé por qué había pasado la noche allí, inmediatamente me levanté, era mi deber alcanzar a mi ilusión de vida y ese día, en especial ese día. Tenía que recibir su energía porque era el inicio de una nueva oportunidad para todos mis paisanos…

Sin medir que estaba descalzo, comencé a correr atravesando la ciudad, me dejé llevar por un magnetismo que me atraía,  desconocía que era pero era tan fuerte que me llevó hacia algún lugar, no sabía dónde. Como siempre dejaba que mis instintos actuaran. Sentí la brisa tocar mi piel, mi rostro se humedeció por el rocío. Yo solo alcé la cara al cielo y continué corriendo. Sentí como me llenaba de ese poder del  que siempre hablé.  Minutos más tarde estaba allí, frente a ella…  LA AURORA… mi Aurora. Por primera vez y después de hace mucho tiempo, desde los tiempos del barco la sentí  viva, más seductora, más divina, con una fuerza magnética que me catapultó a lo desconocido abstrayéndome del mundo y elevándome a lo sublime, sentí como mis pies ascendían y toda mi alma se desprendió de mi cuerpo. De pronto sin saberlo, me encontraba en un paraje que se convirtió desde ese día en mi templo. Fue uno de los sitios que descubrí. Sería mi lugar secreto. Todas las mañanas lo visitaría para llenarme del amanecer. Sitio que también frecuentaría cuando me sintiera triste y desalentado. Desde allí podía ver toda Caracas e incluso mucho más allá. Le llamaban EL ÁVILA, donde los rayos del sol iniciaban el día y el viento soplaba con fuerza y bondad, allí me quedé con el viento, la Aurora y la soledad, formando un todo único, elevándome al cielo y de esta manera oré en paz. Sin embargo, esa misma paz fue invadida por un ruido extraño que estremeció el silencio que rodeaba mi alma. Una sombra oscura y desalentadora realizó su desplazamiento en los alrededores del Ávila…

Fue cierto. Ese día dio inicio a una serie de éxitos que mi padre comenzaría a cosechar desde entonces. En poco tiempo desarrolló habilidades y destrezas en su oficio como mediador y contratista. Se las ingenió para no tener que dejar su otro empleo. El trabajo se había convertido en el medio para lograr su tranquilidad espiritual por ello no desaprovecharía cualquier oportunidad sobre todo si esto le dejaba buenos lucros y satisfacción existencial. Pasaron solo días para ubicar a todos sus paisanos en las obras que estaban gestionando. Acordó buenos contratos de trabajo, peleó por los beneficios de sus amigos, nunca los abandonó, siempre atento a que se cumpliera con lo ofrecido. Creó un nexo entre ellos y el gobierno, todo en sana paz. Cada vez que se originaba una reyerta, él lograba la solución perfecta. Todos lo adoraban incluyendo el gobernador, decía que era el verbo en persona, su habilidad para dialogar era impresionante, quizás por ello al gobernador le gustaba pasar tiempo con él, decía que lograba entender muchas cosas que le aquejaban: Hablar con usted es un gran placer Giuseppe porque conozco un poco más de las historias europeas y me alimento de su gran saber intelectual, aprendo mucho y me agrada tenerle en mi equipo. Espero entienda que así de grande es mi aprecio y no olvide que siempre lo ayudaré en lo que esté a mi alcance. Mañana lo estaré esperando como todos los mediodías a la misma hora mi querido amigo, ahora vaya con la virgen del Carmen mi protectora y que tenga un buen día.  Así eran las despedidas con el gobernador y al salir siempre le daba palmadas en la espalda como aliento para que continuara con su faena. Para esos tiempos mi padre jamás pudo imaginar que el destino le guardaba la peor pesadilla de toda su vida…


Otra de las amistades amada por mi padre fue la que tuvo con Doña Fernanda Bordiu de la Rocca. Quien de muy joven enviudó de su único esposo, Don Rodrigo de la Rocca, conocido por su dureza, fue un gran hombre de negocios, a muy corta edad era ya dueño de la famosa cadena de restaurantes LA CLÉ SECRETE DE LA CUISINE, pero sin saberlo la vida le duraría solo un destello de luz y pocos años después de contraer matrimonio con Doña Fernanda perdió la vida a manos de una terrible enfermedad que lo consumió por completo. No se sabe aún que pudo ser. Dejando desolada y con pocas fuerzas para seguir a su joven esposa y su pequeña hija, Doña Fernanda se vió obligada a buscar desde su foro interior toda la energía necesaria para poder sobreponerse y convertirse en una mujer emprendedora. Llegó a ser muy popular para la época, brindaba a la más alta sociedad venezolana la exquisitez de  platos europeos, los cuales eran seleccionados con mucho cuidado a la hora de ser ofrecidos en su restaurante. Esa era su gran especialidad, innumerables platos de alto gourmet incluyendo la cocina francesa, hindú, griega, italiana y unos tantos otros platos que figuraban en su menú, para ella, el paladar era la parte más exquisita del hombre y había que darle la mejor opción a su clientela por ser la más exigente y nada complaciente, muchos estaban ávidos de degustar lo mejor de la alta cocina internacional. Todos los menús que ofrecía estaban llenos de elegancia, pulcritud y fidelidad, respetaba cada una de las normas para su preparación, era muy cuidadosa de que sus clientes recibieran la mejor atención y quedaran satisfechos, desde el mejor vino hasta el mejor postre, no se le escapaba ningún detalle, siempre estaba atenta a brindar una atención espléndida, se cuidaba mucho de que sus comensales al entrar olvidaran todos sus asuntos al pasar la puerta principal y que al salir se llevaran el mejor recuerdo de sus vidas. Continuamente dejaba que la música de fondo los envolviera en otro mundo, los transportara a lo sublime, haciendo que sus mentes divagaran por cada rincón del universo. En algunas ocasiones ella se sumaba a esa catarsis y compartía con cada uno de ellos un rato de placer. Sus restaurantes eran su alegría y a cada uno de sus empleados le transmitía la misma voluntad, no había persona que no saliera convencida que era el mejor sitio para disfrutar. Toda Caracas de volcaba para asistir a cada una de sus presentaciones cuando anunciaba un cambio de menú o una nueva reserva de vino. Por ella, los venezolanos conocieron un pedacito de cada país del primer mundo desde su música tradicional hasta los más fuertes de sus platillos.

Así era Doña Fernanda. Hermosa, conocida como la reina del encanto, tenía un caminar agraciado, imitado por muchas jovencitas de la alta sociedad caraqueña, todas querían ser como ella. Con grandes ojos azules como el mar caribe, deslumbraba a todo aquel que la observase, tenía una mirada tan profunda y llena de vida, tan alegre. Era portadora de la sonrisa perfecta, la mona lisa quedaba corta. Su rostro ovalado, de tez delicada, su piel perfecta, llena de luz, tonificada, juvenil, intacta, que muchas mujeres de su edad envidiaban. Su secreto para mantenerse tan atractiva y llamativa era desconocido por todas, aunque entre sus empleadas se corrían secretillos de casa, algunas decían que era el aceite de rosas lo que brindaba tanta belleza y protección, era común ver que  cada vez que arribara el buque con sus pedidos de Europa, venían en él centenares de cajas que contenían aceites y aguas de rosas; otras decían que todo su esplendor se debía a los baños que ella misma solía preparar de manera cuidadosa, adornando el espacio de su sala de baño, colocando alrededor de la tina pequeñas velas aromáticas traídas de la india, inciensos y mirra, toda una combinación de colores y olores, como si todo fuera un ritual divino, quemaba uno que otro pétalo de rosas y hojas de eucalipto, toda una espectacular liturgia digna de una diosa griega. Se le solía escuchar a menudo que las rosas tenían un gran poder para sanar el espíritu de las personas de alma solitaria y melancólica. Mientras realizaba este ritual se sumergía en su tiempo, en su mundo y cuando se dedicaba a él, no había fuerza humana que la hiciera desprenderse de ese momento. Algunos pregonaban que allí estaba su enigmático placer, lo cual le daba vida a su magnetismo. Todas eran especulaciones que se corría alrededor de tan gran mujer, ese toque de misterio divino que todos los mortales les dan a los seres que están a otro nivel y que no se pueden encuadrar en ninguna de las posiciones mundanas reinantes porque sencillamente, no encajarían a la perfección. Hoy día, sin embargo, es muy normal ver que las mujeres que integran nuestra sociedad practiquen estos baños, ahora no es considerado tan místico, son sencillamente buenos consejos de belleza. Como cambian los tiempos.

Todo un desfile de hombres se cruzaban por su restaurante, algunos buscando la oportunidad exacta para acercarse, otros sencillamente se conformaban con admirarla, sabían que no era la típica mujer venezolana entregada y abnegada, porque lamentablemente ya había pasado para ella el tiempo de ser mujer de hogar y desde el fallecimiento de su esposo, no se le conoció hombre alguno que ocupara su lecho, ella lo había amado profundamente y no se permitió que nadie tomara su lugar, lo quería conservar para siempre y eso le dio fama de mujer fría y calculadora. Se convirtió en la primera mujer empresaria que luchó contra quien fuera como fiera para defender lo que su esposo le dejó por legado, su hija, su gran patrimonio y su mansión. Tenía ese encanto de Diosa Griega, para persuadir a quien se manifestara con cualquier pretexto de despojarle lo que le pertenecía por derecho.

Doña Fernanda se dedicó en vida entera a lo único que su amado esposo le dejó. Sus bienes, los supo administrar, algunos empresarios  comentaban que llegó a triplicarlo en poco tiempo, de allí nació entre ese círculo de hombres machistas, el mito de que las mujeres son mejores administradoras y que por esa razón ningún matrimonio quebraba o llegaba a estar en banca rota, lo contrario sería un desastre total. Era un gran espectáculo verla pasearse por cada uno de los espacios que comprendían su palacio, como llamaba comúnmente a su restaurante, los pisos de parquet de la madera más fina, traída exclusivamente de Suecia, acompañado de grandes alfombras persas. Ciertas áreas estaban adornadas por muebles Luís XV de todos tamaños, formas y maneras, daba gusto estar allí, aledaño a este ambiente se hallaba otro lugar, donde la decoración nos telétrasportaba a otro mundo, para algunos era el estilo rococó de  origen francés, los muebles y tapices que reinaban eran ornamentados con motivos de sutileza femenina y versaban sobre temas mitológicos, religiosos, históricos y románticos que requerían de gran prolijidad para ser elaborados. En medio de estos dos grandes espacios se hallaba un gran piano bar donde noche a noche desfilaban artistas de todas partes del mundo a deleitar a la sociedad caraqueña con su recital musical. Todas las noches se le veía desfilar por dicho piano bar, exhibiendo la prenda de la semana y es que poseía el mayor número de joyas de todos los tamaños y clases con piedras preciosas de gran valor. Decían las malas lenguas que eran obsequios de grandes personalidades que trataban de halagarla con detalles costosos. Ella nunca negó esos comentarios, no hacia ningún daño al aceptarlos, siempre y cuando vinieran con intenciones sanas y nada comprometedoras, sabía ubicar muy bien al que se atreviera a pasar la línea de la confianza. Así como era bella, era en esa misma medida una mujer realmente estricta con sus principios, los mismos principios que inculcó a mi padre desde el primer momento que lo vio…

Fue uno de esos días donde todavía no había conseguido empleo y estaba algo preocupado pero no desalentado. Caminaba por una de las populares calles de la ciudad. Entraba en todos los lugares ofreciendo mis servicios, no me importaba de que me empleasen, lo único que me interesaba era comenzar a trabajar… il laboro .. il laboro.. me decía Flavio… es lo más importante que debe realizar cualquier hombre.. Grandes bromas me gastaba cuando me veía en esas oraciones ya no tan secretas… il laboro amico mio é una tortura cinessa… se jactaba en repetir  sin cesar y no paraba de reír como un chiquillo alocado, hasta me pronunciaba cánticos de esperanza lejana… bah parlanchín… le decía y seguía sumergido en mi mundo, sabía que en breve tiempo conseguiría algo…

De pronto esa mañana, observé el andar de una joven señora, su elegancia, su alegría me hechizo, no podía dejar de mirarla y paralizado me quedé sin pronunciar palabra, me dejé capturar por su encanto. Sin notar que era observada por mí, Doña Fernanda continuaba con su marcha habitual, en ese momento distraída por los pensamientos cruzó la calle sin apreciar que tenía encima un automóvil que venía a toda velocidad, al percatarme, inmediatamente me abalancé a ella y la tomé del brazo retirándola a un lado y evitando que fuera arrollada por el cadillac que venía a toda marcha...

Tratando de entender que había ocurrido, Doña Fernanda regresó a la realidad, entendiendo que solo basto minutos para ser atropellada. Se vio rodeada por un sin número de personas que la tocaban llenándola de preguntas: que si estaba bien, que si no tenía nada, que como se encontraba, otros pocos solo indicaban que la dejaran respirar o la asfixiarían con tanto agobio y tantas preguntas. El joven dueño del automóvil ofreció llevarla a la clínica inmediatamente para que fuera asistida. En ese momento Doña Fernanda reaccionó y fue cuando tratando de librarse de todas esas personas, comenzó a preguntar por el joven que la retiró de la vía..

-¿Y dónde está el chico? ¿Dónde está el jovencito que le debo el hecho de no ser arrollada por un inescrupuloso que cree que está solo en el universo?
 
Una anciana quizás la única que logró escucharla detrás de tantos alaridos, le contestó...
-      Se ha ido señora bonita, se ha ido... Señalando la dirección que tomé al marcharme… Pero ese joven siempre viene a desayunar justo aquí todo los días a la vuelta de la esquina, en el cafetín del portugués, lo sé porque todos los días me compra el periódico, allí lo podrá ver mañana temprano al salir el sol, como siempre lo hace por costumbre… a la vez que se dirigió a su puesto de ventas…
-      Gracias madre… le contestó Doña Fernanda despojándose de las manos que la manipulaban enloquecidamente y partió en busca de su chofer que la llevaría a su restaurante, no sin antes entregarle un par de monedas a la anciana como agradecimiento por la información… Tome madre, trate de alimentarse bien hoy. Cuídese mucho

Desde que Doña Fernanda observó a mi padre por primera vez surgió en seguida ese sentido de protección hacia él. No era amor de amantes, era amor de madre, siempre se dejó guiar por sus instintos y supo que mi padre necesitaría de su ayuda y protección. Una mañana, semanas después del incidente con el automóvil, Doña Fernanda se levantó temprano y se arregló como de costumbre. Al salir le indicó al ama de llaves que no desayunaría porque andaba de prisa pero que regresaría en poco tiempo y le ordenó preparar un manjar. Luego le pidió al chofer que la llevara al centro de la ciudad. Al llegar allí, le dijo que la dejara en el mismo sitio donde días antes pudo haber sido arrollada. Caminó media cuadra y consiguió el cafetín del portugués. Entró al café y enseguida lo reconoció. Allí estaba mi padre, tomando su desayuno, se encontraba entretenido leyendo el periódico, en realidad buscando las ofertas de empleo que salían en los avisos clasificados, iba marcando uno por uno, a veces los marcaba todos y a todos acudía, siempre y cuando el tiempo del día le rindiera. Mi padre había logrado conseguir trabajo en un hotel  pero no era suficiente lo que ganaba, necesitaba aún más para poder ahorrar.

Doña Fernanda se acercó a mi mesa y con mirada tierna se dirigió a mí ..
-      Buen apetito jovencito..
-      Yo alcé la mirada al escuchar esa voz angelical. Mi piel cambió de color, estaba pálido como si estuviera frente a un fantasma. Me llené de un nerviosismo casi indescriptible, mi memoria había recordado a aquella hermosa mujer y sin notarlo solo pude pronunciar frases en italiano… buon giorno signorina? Come stai?
-      Doña Fernanda soltó una carcajada como para tratar de lograr un acercamiento hacia aquel chico… Así que eres italianismo vaya, vaya…
-      Algo apenado por lo que había dicho, me sonrojé y entre dientes le dije… también parlo el español
-      Si ya veo que lo parlas perfectamente… me replicó ella y volvió a reír con simpatía… ¿Me permite sentarme con usted joven caballero?... me dijo Doña Fernanda mirándome fijamente tratando de ganar mi confianza y rompiendo de esta manera el hielo que se cierne entorno al acercamiento de dos desconocidos..
-      Claro, claro… contesté, sentía como mis piernas perdieron fuerza y poco pude me mantuve en pie… que poca educación de mi parte, siéntese usted excelentísima dama, aunque de verdad este sitio no es para gente como usted… y halé la silla para que ella tomara asiento.
-      Doña Fernanda  sin dejarme pensar me replicó con autoridad… ¿Y cómo es la gente como yo que no pueden frecuentar los sitios como este?
-      Inmediatamente me hallé en un dilema repasando las palabras que había dicho y tratando de buscar las palabras adecuadas así que solo dije… No es el lugar, es solo que.. a decir verdad me inquieta saber ¿qué hace por aquí?... Y tomé el periódico, lo cerré,  lo doble con cuidado, para luego guardarlo en mi chaqueta…
-      Bien antes de contestar a tu pregunta te responderé la que te hice... continuó hablando la hermosa mujer…  No me gusta dejar cabos sueltos ¿te parece?... y me guiñó un ojo… Mírame bien hijo, no te dejes llevar por las apariencias, nunca lo hagas, cuando dijiste la gente como usted me sentí excluida de tu mundo, me sentí ofendida y para nada halagada ¿sabías que en estos sitios es donde logras conectarte con la realidad de una sociedad? ¿Dónde todas las personas son lo que son, sin aparentar? Se desprenden de todo ¿sabías? Viven sin tabúes. Sin el qué dirán  y señaló a cada uno de las personas que allí se encontraban, cada uno en su mundo, pendientes solo de sus pensamientos, de sus conversaciones, de sus problemas… No te dejes contaminar por los prejuicios sociales, eso es banalidad. Tú vienes de otro mundo, de otra sociedad. Trata de cambiar esa actitud en ellos y no permitas que ellos influyan o cambien eso de ti, creo que la mejor cualidad de todo ser humano para destacarse ante los demás es saber guardar su esencia. No contaminarla y jamás dejar de ser lo que sé es, lo demás, la verdad jovencito, no debe importar. La vida es demasiado complicada como para permitir que otros vengan a envolvértela más de lo que has doblado ese periódico… y me señaló el tabloide que guardé en mi chaqueta… ¿No crees?... Y sonrió con ternura…. Sabemos cuándo nacemos y como viviremos pero jamás sabremos cuando enfermaremos o cuando moriremos… Y sin decir más bajó la mirada..

Rápidamente pude notar cierta tristeza en sus ojos, de pronto sentí unas ganas de abrazarla pero me contuve, no sabía cuáles eran los motivos que cambiaron el brillo de su mirada pero al instante ella se levantó y sin decir más me tomó del brazo y me dijo:
-      Ven conmigo jovencito, usted me preguntó que cuál era la razón de estar aquí.  Pues bien, quiero que me acompañe y no espero un no por respuesta ¿Está claro?

Sin decir nada me quedé helado por su reacción tan abrupta y no hice otra cosa más que complacer a sus  peticiones, olvidando por completo mis obligaciones en el hotel y la seguí con la misma premura de su paso, sin dejarme soltar del brazo…

Llegamos a una inmensa mansión, construida especialmente para ella y su difunto esposo. Su magnífica entrada llena de colores, muy natural, estaba rodeada de un jardín esplendoroso lleno de flores y rosas, de toda clase de colores, era tan llena de vida y tan moderna que me hipnotizó desde el primer momento que llegué allí. Yo no había conocido esos lados de Caracas. Siempre transitaba por el centro y sus alrededores. La verdad tenían muchas cosas que los diferenciaban comenzando por sus paisajismos además de la tranquilidad y la pureza, todo era silencioso realmente y libre de toda contaminación, sin duda que era el mejor sitio de la capital para vivir cómodamente sin ser molestado por nada ni nadie.

Al entrar al garaje Doña Fernanda me observó y me sonrió con simpatía al instante que me dijo…
-      No es para tanto Giuseppe, es solo un montón de escombros bien puestos, unos encima de otros con algo de clase, sutileza y amor al arte de la arquitectura y el diseño. Ha sido uno de los regalos dejados por mi esposo, antes de casarnos, él la mandó a diseñar con un amigo italiano, un excelente arquitecto, reconocido ¿sabes? Cuando vine a verla por primera vez… su mirada se perdió entre los espacios del jardín, como recordando otros tiempos, sentí inmediatamente, su alma melancólica, quizás nostálgica por los recuerdos que llegaron a su memoria al intentar hablar de esos días, incluso el tono de su voz cambió, se hizo más débil, más dulce, mas apagada, más de una mujer adolorida y profundamente herida por los raros designios de la vida… Estaba como tú ahora… continuó diciendo ella… la magia de este lugar me elevó a lo desconocido y te confieso que no salí de este sitio por semanas y es que percibes una energía tan profunda y tan limpia que de verdad no deseas abandonar esta cúpula jamás. Hasta que, bueno el destino me obligó a saltar de este mundo mágico y retomar mi realidad… y sacudió su cabeza como quien no quiere recordar más… por lo menos este ha sido mi catarsis, el lugar donde recargo mi desgaste y me repongo para iniciar nuevamente la faena en los días por venir… de pronto señaló un rincón del jardín y dijo... mira ¿ves aquellas orquídeas que adornan el portal?...  Yo asentí con la cabeza sin dejar de observar el lugar que Doña Fernanda me señaló…Todas las sembró mi esposo, teníamos por costumbre rediseñar nuestro jardín. Desde que él murió no han dejado de florecer, a veces pienso que su alma está allí, él sabia lo mucho que me encantaban las orquídeas y sobre todo cuando florecían, quizás por ello no han dejado de aflorar … luego señaló otro extremo del jardín, estaba lleno de pequeños pajaritos, todo un recital musical… aquel árbol que ves allá es un araguaney lo sembramos juntos, mi esposo y yo, es muy bello, ya te traeré para la época en que sus hojas se vuelvan amarillas, parece un sol y los pajarillos que están a sus pies son sus guardianes

Sonreí tiernamente observando ese bello cuadro natural… Renoir estaría complacido de impresionar esa escena… pensé, de pronto dejé de observar el jardín y miré al interior del automóvil. Doña Fernanda tomó su verde chal y mirándome me dijo...
-      Bien hijo ya hemos llegado… y bajamos juntos del buick, color negro,  nos dirigimos a la entrada de la mansión donde nos esperaba un señor muy estirado con traje negro, bastante elegante, era alto y delgado, parecía tener unos 50 años de edad, aunque su rostro se encontraba libre de cualquier preocupación, sin marcas, sin expresión, con ojos marrones miel, reflejaba una mirada penetrante parecida a la de un depredador atento para atacar a la víctima, estudiando el espacio antes de lanzar su estocada… Pedro le dijo Doña Fernanda… Buenos días ¿cómo está todo por aquí?
-      Todo bien señora… le contestó con firmeza y con voz gravísima… ¿ha tenido un buen día?
-      A lo que ella respondió… estupendo, Pedro, estupendo, mira mi nuevo proyecto...
Pedro me observó de abajo hacia arriba y entre dientes con algo de inquietud contestó..
-      Muy buena elección señora, este joven se ve que es de buena estirpe… agudizando su mirada, como buscando cualquier detalle que lo hiciese dudar de la afirmación que acaba de hacer, esa situación me llevó a un estado de nerviosismo absurdo y es que me sentí explorado por completo por aquel hombre tan particular.
-      Lo es… contestó ella asintiendo con la cabeza… ven giuseppe entremos… y pasamos por la entrada, luego que Pedro su mayordomo, abriera la puerta de madera escocesa, diseñada con un toque de misterio. Tenía una aldaba con la forma de la cara de un payaso que visto desde ángulos diferentes cambiaba de expresión, lo veías triste o lo veías alegre, serio o nostálgico o simplemente furioso, me quedé observándolo, de pronto sentí que el rostro me hablaba y aligeré el paso hasta alcanzar a Doña Fernanda, no quise quedarme solo con Pedro y la cara diabólica, como me acostumbré a llamarla…

Al entrar a la gran mansión pude apreciar que el diseñador de este magnánimo lugar acomodó los espacios perfectamente, usando con delicadeza el tiralíneas en el plano, todo estaba lleno de luz natural, desde la puerta principal pasando, por el muro de la escalera, atravesando al patio y de allí se dispersaba hasta el comedor; y ni hablar del vestíbulo del pasillo hasta el salón principal, todo estaba repleto de luminosidad; esa misma luz se extendía aún más allá, en los confines de la mansión.  En el salón principal, torciendo a la derecha a través de la puerta de vidrio, se divisaba en el fondo los más hermosos colores que describían a los ojos del visitante un sublime cuadro natural, lleno de vida y esplendor. La lejanía del paisaje internaba a cualquier alma a soñar un hermoso cuento de hadas.
-      La magia es experta... interrumpió mis pensamientos Doña Fernanda, al ver mi cara de atónito… Ves hijo, la arquitectura se explica sola, es el arte de crear donde nuestras mentes pueden plasmar en un plano bidimensional los mejores diseños, la cuestión está en llevarlos a la realidad, llevarlos a este plano, donde podamos sentir a través del tacto y la vista, usando nuestros demás sentidos para darle forma e historia a toda esa obra, que un día solo vimos en líneas, rayas y trazos que nada nos decían, pero que guardaban el gran secreto de la creación arquitectónica, esto que ves ahora… y  señaló toda la mansión alegremente dando vueltas y extendiendo los brazos, casi queriendo volar en medio de todo este lugar y sentir la magia a la que ella se refería… Afortunadamente hoy contamos con todas las herramientas para lograr lo que se nos antoje… dijo ella luego de parar su raro baile natural... puedes decidir vivir en una casa de tablas o en una casa de escombros perfectamente diseñada ¿no crees?
Yo la miré con incredulidad y gesticulé con una mueca mi rostro en señal de desacuerdo con lo que ella opinaba…
-      Claro, no me mires así… me replicó ella sonriente y con picardía... por lo que te digo que no está lleno de falsedad, tú eliges que deseas para tu vida y justo en ese sentido conseguirás los medios que te llevarán a tus deseos, ese es uno de los misterios de la vida, eres lo que te trazas, lo que piensas, lo que deseas, lo que ambicionas,  esto es algo que aprendí de mi desaparecido esposo... y el silencio volvió a interrumpir las palabras de Doña Fernanda…Muchas cosas me quedaron por aprender pero los designios de Dios son sabios y estoy segura que él desde donde este, me está protegiendo y orientando, porque a veces lo siento en mis ratos de soledad ¿has perdido a alguien cercano Giuseppe?... Me preguntó Doña Fernanda, inquieta por saber si yo tenía al menos una reseña del sentimiento que generaba la ausencia, nada comparado con lo que nos aportaba la soledad, dos cosas muy diferentes.

Solo me remití a observarla tratando de contestar de la mejor manera. Era cierto, yo había perdido a toda mi familia a consecuencia de la guerra pero era una historia que reservaba muy bien, sin embargo contesté a su pregunta mintiendo, no me agradaba que los demás me brindaran atención por tenerme compasión o cualquier otro sentimiento que bajase mi valor, no me gustaba andar por los rincones del mundo arrastrando la manta por los altibajos de la vida y el destino, prefería asumir mis experiencias con templanza y dureza, no podía cambiar nada ni regresar a mi familia nuevamente a la vida...
-      No Señora, yo nunca he vivido la pérdida de un ser cercano, toda mi familia está bien, la verdad no tendría mucho que contar, es una familia europea común y corriente que vive las consecuencias de la guerra… y me dejé llevar por el silencio del lugar, sin decir más. Mi mirada se perdió en los puntos abstractos de la mansión, Doña Fernanda me dejó en ese instante y se dirigió a la cocina sin pronunciar palabra…


Toda la mansión estaba cruzada de estos hechizos curvilíneos. Con sólo recorrerla, uno podría evocar su entera arquitectura, llena de pequeños y grandes eventos espaciales y estéticos. Mucho tiempo después, cuando yo era adolescente mi padre me llevó porque quería que experimentara lo que él un día vivió al entrar allí. Tal era la fuerza del encantamiento. Ese gusto por el claroscuro pero inmaculado, esa moderación, tan burgués, al entrar mi padre se sumergía en su memoria para contarme los relatos de esa época y se refería a esa mansión, justamente a esa mansión, de manera poco elocuente y me decía:  
-      La mansión de Doña Fernanda ¿Me recordaba a Renoir, me recordaba a Chaplin, me recordaba a Wittgenstein o me recordaba a la Escuela de Viena? ¿Era neoplásica, era cubista, era escocesa, era vienesa, era alemana, era francesa? tendrías que haberla recorrido más de una vez  me decía mientras paseábamos por los rincones de la mansión o lo que quedaba de ella y me repetía…  Porque no existe magia que valga la pena si no hay espectadores con quien compartirla. Mi pequeña, este lugar era el típico laberinto formado de curvas, lleno de adivinanzas y acertijos, todo era un misterio, cada espacio, cada mueble que lo ocupaba, todo era un lenguaje lógico-matemático, unido en un todo. Era como escuchar una composición lírica, bien sea de sopranos, y a la ves leer el mejor tratado de filosofía, te sentías en el edén o al menos lo que debería ser la cámara del purgatorio, ahora estoy aquí, perdido en mi propia indiferencia, maldito olvido: ya nunca sabré por qué me gustaba tanto esta mansión, solo era un tumulto de escombros bien puestos, como decía Doña Fernanda…y dejaba caer los hombros vencidos por la enorme tristeza y nostalgia que sentía al recordar la tragedia funesta que marchitó la imagen de aquel bello lugar. Todo era sombrío. Opaco, sin la misma luminosidad que reinaba para aquel tiempo cuando mi padre conocía aquel lado de la felicidad…

Así fue su primer encuentro con Doña Fernanda, tan lleno de todo, de encanto y de magia, desde entonces ella se convirtió en su ángel de la guarda, alguien que guío sus pasos, le enseñó la ciencia de la filosofía y la lógica, armas que tiempo después mi padre necesitaría para sobreponerse a sus males…

Doña Fernanda desde aquel instante dentro de su mansión, indicó a mi padre que desde esa semana ocuparía un puesto en el grupo de empleados que tenía en el restaurante, que comenzaría desde abajo, para que a medida que fuera adquiriendo el conocimiento necesario, también obtuviera el nivel de conciencia deseado… debes empezar desde la hormiguita para poder llegar al elefante… le decía… porque si comienzas desde arriba, jamás podrás tener cuidado de los que están abajo cuando des un paso, si eres hormiguita sabrás que la vida es más dura y que se debe trabajar fuerte y sudar para obtener lo que se tiene, poco a poco te iré ascendiendo cuando vea que estás aprendiendo lo que me propongo, si te pongo como elefante estoy segura que terminaras aplastando a las hormiguitas por no saber que están allí y si lo sabes te harás el desentendido por no querer ayudarlas o simplemente, por egoísmo y no quiero que seas ese tipo de persona porque de esos ya está lleno este mundo, quiero que seas la diferencia, la excelencia y el ejemplo mismo de que cuando las cosas son realizadas con perseverancia y fe, se consiguen, ya te pondré en contacto con unos amigos que tienen un bufete de abogados, quiero que también recibas de ellos algunas instrucciones. No preguntes porque hago todo esto, solo quiero que obedezcas y te dejes llevar por lo que desde ahora te guiara.

Doña Fernanda asumió el rol de maestra. Mi padre seria su pupilo. En oportunidades desprendía esa parte protectora que toda madre asume como postura para el cuidado de sus pequeños. Ambos tejieron hilos de saber y querer. Ambos mezclaron la soledad y la compañía. Los dos juntos tuvieron la hermosa oportunidad que la vida les brindó para conocerse, para crecer espiritualmente, para saberse que eran un uno, luchando contra todo.

Así comenzó y se cultivó una hermosa amistad entre ambos. Los unió la soledad, la bondad, la inocencia, la honestidad, el misterio pero al final los separaría: la desgracia. Al recordar la mirada de mi padre cada vez que hablaba de esta gran mujer comprendía aquellos instantes de tristeza y depresión que de pronto dejaba ver a todos los que se hallaban a su alrededor, el desprendimiento de estas almas fue la destrucción de una parte de su corazón. Nunca pudo sobreponerse a esta perdida y su ausencia la añoró hasta el momento de su muerte…

Continuará...
Eleorana 2017
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