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domingo, 5 de marzo de 2017

AURORA. RECUERDOS OSCUROS. CAPITULO IV






IV

En el restaurante de Doña Fernanda conseguí mi segundo empleo, días antes había logrado conseguir un pequeño puesto como botones en un reconocidísimo hotel de la ciudad. Al principio hacía de todo, pero también logré relacionarme con mucha gente, a través de ella conocí muchas personalidades y me inicié en el círculo social de Caracas, que por cierto para esos tiempos era bastante cerrado. Después de realizar varios oficios en el restaurante, Doña Fernanda me iba cambiando de lugar a medida que el tiempo avanzaba y claro está, todo dependía de la capacidad de respuesta que yo daba, ella quería terminar de formarme.

Así pasaron varios meses; luego que se enteró que había conocido al gobernador y que este me había propuesto un cargo como asistente, ella tomó la iniciativa y trató que sus amigos abogados me llenaran de tareas en el bufete para que yo no tuviera tiempo de dispersar mi mente en otras acciones pero las verdaderas intenciones desde un principio, fue que sus amigos se encargaran de darme todas las lecciones literarias y narrativas que ellos conocieran para lograr que fomentara mis principios y los fortaleciera. Luego estas blancas intenciones fueron dirigidas al hecho de que yo con tanto trabajo, olvidara estar en contacto con el fulano Don Cristóbal y es que a Doña Fernanda nunca le gustó la idea de que me rodeara de personas como él. No quería para nada a los que lideraban el nuevo gobierno dictatorial…

Es así como conocí al Doctor Carlos Camargo, Abogado de profesión. Un hombre bastante solitario, solo se dedicaba a su carrera, la amaba más que a nada en el mundo. Tenía un gran poder de persuasión para atraer los clientes que llegaban a realizar consultas legales en su oficina, ninguno se iba sin antes depositar toda su confianza en él. Era muy temerario y a su vez muy honesto, trataba con diligencia cada caso como si fuera suyo propio y se entregaba en cuerpo, alma y espíritu para darle las mejores respuestas a sus representados. No se permitía perder absolutamente nada, siempre llegaba a un convenimiento.

Era de estatura media, alrededor de 1,70 mts., de tez rojiza, ojos claros, parecían grisáceos. Su cabello era lacio y color marrón, lo llevaba largo para lo que debía ser un corte normal en los caballeros de aquellos tiempos. Era muy delgado, quizás se debía a la poca alimentación que llevaba, la verdad siempre lo vi comer a deshoras y en ciertas oportunidades no lo veía probar bocado. Tenía un aliento fuerte, al hablar producía ese desagradable malestar en el rostro de las personas que lo escuchaban, por eso era muy común verlo masticar esos caramelitos de menta que millones de veces salí apresuradamente a comprar, no podían faltar en la gaveta de su escritorio o se molestaba mucho consigo mismo.

Siempre vestía de colores opacos y oscuros, sus trajes siempre eran de corbata, nunca lo vi en ropas ligeras. No dejaba su palto y su corbata en ningún lado, de hecho en su oficina tenía varios trajes como reserva, no se sabía que podría suceder en un determinado momento que ameritara cambiar de vestimenta. Sus zapatos siempre estaban perfectamente lustrados, le dedicaba un gran cuidado, en ocasiones decía que era en el calzado donde se podía determinar la verdadera personalidad de un ser humano, independiente de ser hombre o mujer, la suela dirá mucho, era el mejor capta huellas que se podía tener para saber cuáles han sido los caminos que esa persona había tomado en su vida y dependiendo del cuidado que se dedicaba determinaría el grado de paciencia que tenía y el grado de tranquilidad que había mantenido a lo largo de la vida… Una persona con múltiples problemas y preocupaciones jamás tendría tiempo para pulir su calzado; o se está lleno de muchos problemas o simplemente sé es muy descuidado y en ninguno de los dos casos las alternativas de ser un buen ciudadano son certeras… solía decir.

Así era él, muy analítico. Estudiaba todo lo que acontecía a su alrededor, aplicaba muy bien la psicología analítica y a través del lenguaje corporal estudiaba a las personas. No se mezclaba con cualquiera, era muy selectivo, quizás por eso su soledad era tan obvia. Tenía sus tendencias políticas. Yo sabía que sus ideas eran comunistas y pensar así en la Venezuela de los 50 era fijar su propia sentencia de muerte. Esto justificaba su personalidad reservada y desconfiada.

Su oficina se parecía a él, decorada con muebles viejos de madera, un escritorio, un archivo, una máquina de escribir puesta en otra mesa que estaba adicional a su escritorio, donde acostumbraba a charlar de manera informal con sus amigos. Tenía al lado unas cuantas sillas, un archivo de metal, un sofá bastante deteriorado pero eso sí, una inmensa biblioteca repleta de libros, algunos se veían viejos o acabados por los años, otros estaban como nuevos, recién colocados y unos pocos estaban llenos de polvo, parecía que tenían años sin ser despolvados. Al lado de la ventana que daba a la calle, había una pequeña matita que quizás tendría como función tratar de quitarle ese aire de frialdad que se percibía en esa oficina al entrar. La oficina tenía un olor particular, yo no sabía que era, a veces me decía que eran los libros que con el pasar del tiempo producía ese olor, podría ser, o los muebles quizás, no era que estuviera descuidada la oficina, era algo más profundo, aquel olor no tenía vida.

En su oficina pasaba el mayor tiempo, llevaba muchos asuntos, algunos era secretos, yo lo noté porque en reiteradas ocasiones me llamó para avisarme que no me presentara tal día a la oficina porque él saldría de viaje, una mentira que yo intuía desde su premisa, que tal viaje no era del todo cierto, porque al día siguiente podía ver rastros dejados de alguna reunión que se había llevado acabo, como el hecho de que las papeleras estuvieran llenas de hojas ralladas, los ceniceros llenos de colilla de cigarro, vasos con resto de whisky y los más curioso era que en cierto lugar del baño habían rastros de una pequeña fogata, como si hubiesen quemado algo que no estaban interesados en que se supiera. Cuando esto ocurría yo no decía nada, solo me proponía a levantar todo el desorden y trataba de arreglar la oficina y dejarla como siempre la tenía el Doctor Camargo, ni siquiera le hacía ningún comentario.

En ocasiones mientras, me disponía a realizar estas tareas, el Doctor se quedaba en el sofá observando el techo y peleando consigo mismo, como si no estuviera de acuerdo con algo. Se la pasaba escribiendo en su agenda, rompiendo hojas, era como si estuviera tratando de buscar la salida de alguna situación que le molestara, en muchas oportunidades yo intenté distraerle pero era imposible, pues cuando él asumía esta fase nadie lo sacaba de allí.

Mi padre no era tonto y desde que andaba con el Doctor Camargo y sus amigos se le agudizaron sus sentidos, por eso tomaba una actitud de prevención y atento a cada situación que estuviera fuera de lugar en los sitios a los cuales asistía. No era necesario que los demás le dijeran que algo extraño pasaba y es que la tensión se respiraba por doquier, incluso en cierta oportunidad sin querer escuchó una conversación entre el gobernador y el Presidente, donde hablaban de un fulano Doctor que estaba metido con la oposición y con gente en el extranjero planificando un golpe… hay que exterminarlo … eran las palabras del Presidente, a lo que el gobernador agregaba… tranquilo que esa oficinita del silencio se convertirá en escombros. Mi padre trataba de no relacionar esos comentarios con su amigo pero las palabras le rebotaban en la cabeza y fue necesario estar atento a cualquier movimiento del SN, estaba dispuesto a defender a sus amigos y trataría de evitar cualquier tragedia, por esa razón se reservó para sí, el hecho que trabajaba con aquel abogado, omitió decírselo al gobernador para no crear un puente donde quizás le exigieran otro tipo de trabajos oscuros, así que se mantuvo en anonimato, en vigilia. Él decidió seguir con estos contactos, quería estar seguro de que podría prevenir al Doctor Camargo si llegara a enterarse de alguna reyerta en su contra, así que dejó que el destino siguiera tejiendo sus hilares por algo él estaba allí, se decía, alguna función tendría, nunca pensó que esa no era la salida.

Para él, el Doctor Camargo siempre fue el hombre más recto que había conocido, aún y cuando pudiera tener la profesión que mucho distaba de desear... Entre abogados te veas… le decían sus más cercanos conocidos pero él los ignoraba, sabía con quién andaba, además Doña Fernanda se refería a él como una eminencia, ella lo admiraba mucho y confiaba plenamente en él, de hecho después de la muerte de Don Rodrigo de la Rocca, su difunto esposo, ella entregó en el Doctor Camargo toda la administración legal de sus bienes y negocios y hasta ahora todo iba a la perfección, quizás allí estaba la razón por la que ella le confió a su gran amigo parte del cultivo intelectual de mi padre, algo que supo hacer muy bien, poco a poco le iba ilustrando el intelecto. Con él, mi padre compartía las desoladas tardes caraqueñas y una vez que terminaba sus actividades rudimentarias en el restaurante o salía de las sesiones con el gobernador, se iba premeditadamente al bufete, era el tiempo de la puesta del sol, donde todo Abogado ya no tenía nada que hacer, algunos se recogían a sus casas, otros partían a los bares a celebrar o idolatrar sobre cualquier caso ganado o perdido y unos pocos se refugiaban en las bibliotecas públicas e internarse en el saber de los libros, en ese último grupo siempre estaba mi padre junto al Doctor Camargo y sus colegas letrados, revisando cualquier información reciente o leyendo cualquier libro nuevo que estuviese ocupando los grandes estantes. Se interesaban por todo desde filosofía, historia geografía, literatura, hasta medicina. El Doctor Camargo siempre le decía..

-         Todo hombre debe lustrarse y sacar brillo a su memoria, no solo se lustran los zapatos Giuseppe ¿De qué sirve tener excelente calzado y no tener nada en la azotea? Hijo, el saber jamás debe ser limitante para ti y nunca es tarde para aprender ciencias nuevas, nosotros como profesionales del derecho y sacerdotes de las leyes debemos conocer todo lo que pueda aquejar a una sociedad, desde las cosas más simple hasta lo más complejo, porque en todos lados ha de meter las narices un buen abogado… y con un guiño de ojo le extendía el libro que según el considerara oportuno para que su gran amigo italiano aprendiera la lección del día,  todo dependía de que tan extensa y complicada resultase la lectura…

Mi padre obtenía la información que buscaba en cada uno de esos libros y el Doctor Camargo gentilmente compartió con él aquellas obras que más le podían aportar a su vida… vamos Giuseppe lee con detenimiento… le dijo la primera vez que estuvieron en la biblioteca y le extendió un libro titulado Metamorfosis, era de un tal Kafka, mi padre muy poco había escuchado de él, aun así comenzó a hojearlo mientras que su amigo continuaba diciéndole… porque tu mente está ávida de saber y tiene hambre de ciencia, Aliméntala, te diré algo amigo mío, hace años escuché en algún lado no sé de quién pero era un relato que siempre llevo en mi mente… Le decía mientras se dirigían a las mesas de lectura… cuando trabajas como lo haces tú en los oficios a los que te dedicas, tu mente está descansando pero amigo mío cuando estás leyendo como ahora, que para muchos es vagar, están equivocados, justo en este momento estas ocupado, tu mente está trabajando porque estás guardando toda esta información en algo más grande que cualquier archivo de la ciudad y es una información que quizás ahora no te sea de ayuda pero más adelante, te aseguro mi querido amigo, que te servirá para resolver o enfrentar cualquier situación que no sepas sobrellevar, así que continua. No dudes nunca de lo que hagas, siempre y cuando estén los libros de por medio. Con este libro conocerás el valor que a veces exageramos en darle a ciertas situaciones o personas que conforman nuestro entorno, te gustará, con él aprenderás que nadie es indispensable en nuestro mundo por mucha importancia que parezca tener, vamos lee y aprende..

Mi padre aprendió mucho, era verdad y no solo de leyes sino también de muchas ciencias del saber e incluso con él, comenzó a conocer una nueva ciencia, la metafísica, pues el Doctor Camargo pertenecía a una secta que para entonces se reunían en sitios particulares y clandestinos para tratar todos los temas concernientes a dicha ciencia, mi padre fue incluido dentro de ese grupo naciente, sin embargo como era tan joven le costaba entender lo que allí hablaban pero trataba de almacenar todo, como hoy día son las computadoras creo, realmente fue cierto lo que un día le había dicho su amigo, tiempo después todo ese conocimiento adquirido le sirvió para explorar lo místico, lo espiritual, que años más tarde mi padre necesitaría para poder salir de la oscuridad…

Otro de sus grandes amigos era el dueño del hotel donde mi padre laboraba como botones, el Sr. Alonso Natiello, que lo absorbía la mayor parte del tiempo de los días sábados en su despacho, era un hombre mayor vigoroso aún, pero con mucha tristeza y soledad en su alma. Toda su familia había muerto en un accidente, iban en alta mar a conocer Europa y no regresaron jamás, un naufragio se llevó sus cuerpos, sus vidas, sin retorno alguno, aún en aquel tiempo no se sabía nada de sus cuerpos y de esto, había pasado ya 5 años.

Italiano como mi padre, le contaba sus relatos de travesías al llegar a Venezuela, en el fondo el Sr. Alonso lo veía como su hijo o quizás se reflejaba en él, en aquella época donde se remontaba sus inicios. Aconsejaba mucho a mi padre… le decía… Giuseppe debes tener constancia y perseverancia me gusta lo que haces. Tienes tres empleos y en todos trata de quedar bien, la verdad te admiro y me recuerdas cuando tenía tu edad. Solo te diré algo… mientras degustaba un trago de coñac… Esa aptitud que tienes ahora solo vívela en esta etapa de tu vida, cuando tengas más tiempo y hagas tu tesoro donde puedas tener algo propio y estable, te aconsejo… y lo tomaba por el brazo y lo llevaba a la ventana de su despacho… que te dediques solo a eso, no debes cocinar dos o tres patos al mismo tiempo porque se te van a calcinar y ten por seguro hijo que esos patos así son difícil de digerir… y sonreía con picardía… sé que ahora debe ser duro pero poco a poco le darás forma a tu vida. Hasta ahora toma todo lo que haces como una experiencia y nunca te cierres, nunca te rindas y mantente siempre atento a cualquier posibilidad, aléjate de los comunistas que no te llevaran por buen camino. Habrá siempre alguien que se quiera servir de tu generosidad y humildad, así que hijo mío atento a todo, yo estaré pendiente de que todo te salga bien y escuchando sus palabras retumbaban aquellas que una vez Flavio grabó en su memoria como una advertencia que día a día se iría convirtiendo en un presagio…

Con el Señor Alonso mi padre probó su primer habano, siempre le dijo que italiano que no probara un buen habano no era italiano. La pipa y el tabaco se convertirían desde entonces en sus únicos amigos de soledad, acompañados de un buen coñac o un buen whisky. Siempre se sentaban los dos y entre tertulias, consejos e historias pasaban las horas de aquellos sábados por la tarde, donde mi padre le dedicaba sus momentos a aquel viejo italiano que tanto le recordaba a mi nono…

Fue unas semanas después, cuando Flavio dejó la pensión, que me encontré con Don Alonso aquella tarde mientras caminaba por las calles de Caracas con mirada desesperada, casi sin aliento, no había podido probar bocado en días y las cosas no estaban saliendo bien, me sentía sin ánimos de continuar, ni apetito, de pronto mientras andaba por la plaza bolívar, con postura nostálgica, sin aliento ni fuerzas y ahogado en mis pensamientos tropecé torpemente con un hombre mayor, vigoroso como de unos sesenta años, quien disfrutaba de su acostumbrado paseo por las tardes…

-         Disculpe usted señor… Le dije, al tiempo que salía de mi inframundo para adaptarme al presente real y me dispuse a levantarlo del suelo a todo tren… discúlpeme por favor, no lo he visto venir…

El hombre se dejó tomar del brazo y se abalanzó para levantarse del suelo, tomando su boina y limpiando su palto me contestó….

-         Tranquilo jovencito, es lógico que no me haya visto venir, la juventud hoy día no está atenta a lo que sucede a su alrededor y andan perdidos en su loco mundo de liberación  se sacudió algo molesto quizás por el golpe recibido.
-         No por favor señor, no se moleste conmigo, no ha sido mi intención causarle ningún daño… pero a medida que intentaba dar una disculpa razonable las palabras daban un sentido ilógico y algo desordenado, quizás por lo perdida que estaba mi mente que aún no sincronizaba ni entendía que era lo que había sucedido en realidad…

El Señor Alonso me observó detenidamente e interrumpiendo mi argumento me dijo...
-         ¿Chico de qué parte de Italia provienes?
Yo sonreí y le contesté apresuradamente…
-         De Livo señor… Sentí que era mi oportunidad de arreglar mi falta con este pobre anciano, entrando en confianza con él y haciéndole ver que no tenía la mínima intención de hacerle ningún daño.
-         Muy bien, de Livo… repitió Don Alonso algo pensativo y taciturno… tengo allegados que han venido de ese pequeño pueblo, yo provengo de Moltrasio y bien chico dime algo ¿Con quién has viajado a este país?
-         Sono solo señor... le contesté bajando la mirada. Estaba sintiendo cierto aire de reproche en sus palabras, como es la costumbre de los señores mayores cuando piden una explicación…
-         Bien, yo me llamo Alonso Natiello… y me extendió su mano.  
-         Yo soy Giuseppe señor, gracias… y extendí la mía.
-         ¿Y a que te dedicas?… intervino Don Alonso.
-         A nada señor, estoy en eso buscando un empleo pero se me ha hecho difícil... respondí con algo de vergüenza.
-         Caray… contestó Don Alonso… ¿por qué la juventud es tan osada y decide darse una aventura a estos horizontes pensando que todo lo que puedan conseguir será fácil? No muchacho, las cosas que se obtienen hay que sudarlas, vamos te llevaré a mi negocio, quizás consiga algo para ti allí… y tomando la ruta plaza arriba se hizo camino y tras él, lo seguí algo pensativo…

Al frente de una edificación muy llamativa y elegante cesó el paso Don Alonso, al voltear me gritó unas palabras algo enredadas…

-         Chico ven acá apresura el paso, ven a ver la fachada de esta edificación.

Me detuve al lado de Don Alonso y comencé a observarlo. En letras inmensas estaba grabado el aviso que la identificaba HOTEL PASSALACQUA era realmente enorme, ya lo había visto y siempre no sé porque me recordaba a mi pueblo, allá en mi Italia querida…

-         Mira chico, esta es mi obra de arte, no es ni remotamente parecido a la villa que está en mi pueblo pero es un homenaje que hice para recordar siempre de donde provengo ¿ves la fachada? Continúa diciendo aquel señor…
Yo asentí con la cabeza, admirado por el monumento.

-         Pues bien, se edificó bajo mi tutela, le quise dar esos aires europeos que tanto le hacen falta a esta ciudad, de hecho quienes me acompañaron en  esta aventura aún están conmigo, trabajando allí adentro. Cada bloque que forma este hotel, representa cada gota de sudor dejada por mí en otras obras que hice para el estado, poco a poco fui creando y levantando lo que hoy significa uno de los hoteles más importantes de Caracas, es muy visitado, vamos… y comenzó a subir las escaleras principales del hotel. Llegando a la puerta justo antes de entrar Don Alonso me dijo … Chico una vez adentro te sentirás en Italia, espero que tu mente viaje y entiendas lo que he querido decirte hace minutos… pues fue así y desde que pisé aquel hotel no dejé de acudir a él, mientras estuve en Caracas…

Don Alonso, Doña Fernanda y el Doctor Camargo, fueron las personas que marcaron la vida de mi padre a su llegada a Venezuela. Siempre los consideró sus maestros, instructores, por cada uno sentía un gran afecto. Desarrolló un lazo emocional tan fuerte que lo mantuvo aun después de que todos dejaran de estar en su vida, a veces solo se sentaba y reposaba sus memorias frente al porche de la casa para recordarlos, como si aún los tuviera al frente, muchas veces me relataba sus vivencias y aventuras como también  me enseñaba los consejos que aprehendió. Mientras que su relación con Don Cristóbal tuvo consecuencias devastadoras, pues con él conocería el odio, la tristeza, el rencor, la venganza, la ira, él se convertiría en el demonio que le envolvería en una maldición…

Continuará...
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