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Todo lo que ocurre afuera es un pasatiempo. La vida yace dentro.

lunes, 27 de marzo de 2017

AURORA. RECUERDOS OSCUROS. CAPITULO VI




 
VI


Había pasado tiempo desde que mi padre habló con Mister Scoth. No se había olvidado de aquel asunto, pero tenía que investigar todo antes de dar el siguiente paso. Tenía una lista de innumerables preguntas. Inquietaba mucho al Doctor Camargo abrumándolo con sus incertidumbres, sabía que él era el más indicado para aclararlas, sus conocimientos se concentraban en negocios y era un excelente administrador, además tenía buenos contactos en el mundo empresarial, era lógico que él conociera de estas cosas, le preguntaba sobre Guayana, las minas, el turismo, los yanquis, los garimpeiros y el oro. El Doctor Camargo siempre le respondía a sus interrogantes.

-         Hijo ¿No me digas que tienes planes de explotar oro? Esa no es mala idea pero te aconsejo que si es tu pensamiento debes tener suerte más que constancia y perseverancia. He conocido gente que ha estado allí por meses, quizás años y hasta ahora no han hallado ni un gramo de nada, en cambio han regresado llenos de enfermedades extrañas y contagiosas, algunos hasta han perdido sus vidas, aunque también, para no ser tan pesimista te cuento que he conocido personas que se han ido del país con los sacos llenos, pero son muy pocas en realidad y de esas pocas en su totalidad son gentes de otros países, que vienen cargados de provisiones de toda clase y un gran personal que los ayudan en sus excavaciones y exploraciones..

Pues era cierto, Guayana era un terreno minado de riquezas minerales y cualquiera que corriera con suerte podía hallar de todo, la cuestión estaba en saber buscar. Así que comencé por la biblioteca nacional, allí encontré varios atlas quería conocer bien el territorio del estado bolívar, había cosas que no entendía así que para no molestar tanto al Doctor Camargo decidí pedir ayuda al bibliotecario, él se encargó de darme la información que necesitaba sobre exploraciones y excavaciones. Usaba toda la bibliografía que existiera en la estantería referente a los grandes hallazgos en otras partes del mundo. Estaba por primera vez conociendo el arte de la arqueología. No me pareció nada sencillo, observé que entre las historias de excavaciones existía mucho peligro. Por lo regular estas zonas estaban llenas de epidemias y enfermedades que aún se desconocían, eran territorios muy húmedos los climas dignos de las zonas selváticas, algunos exploradores perdían su equipo en estas travesías. Le decían territorio de nadie.

Todas estas historias hacían que cada día que pasara me concentrara en buscar más y más sobre el tema. La idea de ir a explorar aquellas zonas me abrían esa actitud de aventura que alimentaba mi alma. Todavía no sentía la codicia ni la ambición al oro, era más mi curiosidad lo que me inclinaba a la búsqueda del saber, quería conocerlo todo. Fue tanto mi interés que estaba olvidando mis obligaciones, ya no le dedicaba tiempo a mis empleos ni mucho  menos a mis empleadores a quienes consideraba además mis grandes amigos, pero en esto no los quería incluir, no lo hacía por egoísmo al contrario, me reservaba todo hasta no estar seguro de lo que estaba pisando. Yo no quería que nadie interviniera sin que antes lograra conocer todos los detalles, así la razón era básica. No quería que me incomodaran con sus consejos, sabía que todos me abatirían mis ideas y las de aquel desconocido. Lo cierto es que había un no sé qué, que me empujaba a Guayana.

Un día Doña Fernanda preocupada por mi ausencia en mi trabajo me hizo llamar a su despacho…
-         Giuseppe hijo, acércate… me dijo con voz suave..
Dejé lo que estaba haciendo y en seguida me dirigí a donde estaba ella… Si dígame aquí estoy a su servicio.
-         Pasa Giuseppe, deja esas cosas allí, necesitamos charlar… se refería a mis herramientas de trabajo ese día me correspondía asear algunos espacios del restaurante, así que dejé la escoba y la trapera a un lado y me dirigí a su despacho.

Yo tenía por costumbre  hablar de todos mis proyectos con Doña Fernanda, de hecho era la única persona con quien hablaba de toda clase de temas, confiaba en ella más que en cualquiera, sentía que jamás podría juzgarme o reprocharme nada, no tenía ese autoritarismo ni mucho menos el carácter burlesco que caracterizaban a los hombres, el mal sentido de la malicia, solo era una diosa que todo lo tenía y estaba allí siempre para escucharme y apoyarme en cada una de las decisiones que tomara. Siempre me orientaba de manera maternal y eso era algo que yo sabía y aceptaba. Desde que la conocí el lazo de amistad que nos unía se fortalecía con el paso del tiempo, por eso para mí fue la única persona íntegra a la que jamás podría guardarle secretos. Hasta los momentos me sentía desolado y afligido por no decir nada, pero aún no me atrevía a confesarle lo del proyecto en el que estaba investigando, me faltaban muchas cosas por descifrar y prefería que el inglés me las aclarara, después de esto estaba seguro que podría dirigirme a Doña Fernanda y explicarle con detalle todo esto que tanto me absorbía, para tranquilidad de ella como para la mía propia. Me sentía algo incómodo el tener que hacer todo a escondidas como si fuera un ocioso, aunque a decir verdad estas cosas me motivaban, era el agente accionante a mi personalidad activa e inquietante y al estar demasiado tiempo en tranquilidad daba pie a que afloraran mis emociones y ansiedades.

Doña Fernanda ese día inició su conversación con palabras que llegaron a mi corazón  y pudo lograr con esto que me abriera porque me veía un poco agobiado por mis pensamientos y desconociendo las causas que me alejaban un poco, ella sentía esa enorme necesidad de lograr entrar en mí, había aprendido a conocerme bastante bien e intuía que cuando mi mirada y mi voz se perdían en el silencio era porque algo ocurría en mi entorno que me apartaba de la realidad.

-         Giuseppe escúchame hijo querido, debes tener estoicismo, no disipes tus energías en pensamientos que no tengan solución y si sientes un poco de agotamiento solo para de imaginar lo que concibes y tomate unos minutos contigo mismo. No sé qué sucede o que es lo que está pasando por esa cabecita. Pero he notado que estás algo distante, quizás ausente y eso me preocupa, no creo que sea económico y por más que me lo pregunte la única respuesta que consigo es que te sientas fatigado o ¿es que algo sucede y me lo ocultas? ¿Tienes algún problema con el bribón de Cristóbal? ¿Es él quien te mortifica tanto?
Solo moví mi cabeza en forma negativa, entre dientes queriendo evadir las repuestas solo decía:… No es eso Doña Fernanda, nada pasa, de verdad, quizás sea lo que usted dice, a lo mejor estoy algo agotado.
-         Debes darte Energía… continuaba diciéndome… solo cierra tus ojos y respira profundo, alimenta y oxigena tu mente verás que toda pesadez pasará, te sentirás tan aliviado que te darán más fuerzas para continuar. Trata de no pensar en lo que estás haciendo, en su lugar piensa en lo que vendrá si continuas como vas, no bloquees tu camino con malos pensamientos, porque serán ellos los que cerrarán tus puertas y no podrás ver más allá, alimenta siempre tu espíritu Giuseppe no lo olvides, el hombre no puede estar solo todo el tiempo, recuerda siempre eso, en ocasiones necesitamos siempre de una mano amiga en quién podamos desahogar nuestras turbaciones y nuestras penas, si no está ese amigo entonces debes buscar algo que hacer para evitar que esa cajita fabricadora de pensamientos te den ideas infernales que luego te asfixiarían y no te dejarían disfrutar del placer del buen vivir, la ociosidad es mala consejera y te puede llevar a la perdición.

No mentía Doña Fernanda al pronunciar estas palabras, yo estaba inquieto, el tener que esconderle algo y hacer las cosas en secreto era algo que me molestaba mucho,  necesitaba ponerle al corriente de todo, ya no me importaba si no era el momento oportuno o si no tenía toda la información, lo único que sabía era que ya no podía ver más y me sentía en un hoyo negro, necesitaba la opinión de alguien a quien pudiera escuchar con los ojos cerrados sin necesidad de tener que acudir a otras instancias para lograr la veracidad de lo que me dijera, quizás con ella se podrían aclarar las dudas que tanto rebotaban en mi cabeza y que noche a noche me despojaban del sueño y la tranquilidad…
No sabía cómo comenzar esa conversación, las manos me sudaban y esta vez no podía ni escuchar las palabras que Doña Fernanda me repetía, los libros que últimamente leía me sumergían aún más en otro mundo, abandonando mis quehaceres diarios, todas mis obligaciones adquiridas. Como pude inicié el tema, dejé todo al desafío y que fuera el destino el precursor de la última palabra.

-         Doña Fernanda, si es verdad, está usted en lo cierto, tengo que contarle algo que me ha sucedido hace meses y que no he podido hablarlo con nadie porque aún estoy informándome al respecto de lo que me aqueja…
-         Aja.. muy bien Giuseppe cuénteme, yo sabía que algo te sucedía pero no quería invadir tus pensamientos sin tu aprobación, dime hijo que es lo que tienes o ¿qué es eso que te tiene tan alejado de todos? ven vamos a sentarnos en el sofá para que te sientas más cómodo,  cierra la puerta para que no nos interrumpan… me indicó Doña Fernanda, feliz por haber conseguido que yo, ese chico al que tanto adoraba hablara de mis zozobras…

Yo me encontraba con la cabeza inclinada hacia abajo y con la mirada algo dispersa me dirigí a cerrar la puerta y tomé asiento a su lado. Así comencé mi relato, le conté todo desde el momento en que el inglés se cruzó en mi camino, todo con detalle no obvié absolutamente nada. Doña Fernanda me escuchaba atentamente sin interrumpirme, estaba entendiendo cada palabra que yo le decía, estaba analizando cada detalle, estaba oyéndome como bien lo sabía hacer. Una vez que terminé el relato dejé caer mis hombros en señal de fatiga, quizás algo cansado de tanto pensar y con voz casi infantil le dije…
-         Entonces ¿qué piensa usted de todo esto Doña Fernanda? ¿Cree que debo asociarme con estas personas? ¿Aun sin tener idea de quiénes son? Dígame, porque bueno con todo lo que he averiguado pues no me da motivos para desconfiar de ellos, hasta ahora no he conseguido rastro de que algo malo pueda suceder, solo que bueno, usted sabe, no quiero que ocurra lo de Flavio, aquel gran amigo del que ya le he contado, que aun y cuando desconozco los líos en los que se metió sé que han sido de gravedad, ya ve que desde que se ha marchado nada se dé el, sin embargo antes de irse de esta ciudad me indicó que debía ser precavido, que tuviera cuidado con la gente que me rodeaba o se acercaba a mí, porque habían personas que de seguro iban a querer hacerme daño o quizás buscando otros intereses tratarían de usarme para luego de haber conseguido su beneficio desecharme, suscitando consecuencias negativas si es que el caso así lo ameritase, para el algunas personas actuaban como las aves de rapiña, buscaban su presa, la señalaban, la estudiaban, luego la embobaban y esperado el momento actuaban sin ninguna sensibilidad, porque ellos no tenían conciencia y nada les remordía la testa o alteraba su tranquilidad, esa era su naturaleza, aplicaban la ley de la supervivencia del más fuerte,  gracias a Dios hasta ahora pues nada ha sido así, porque la vida me ha cruzado en el camino a personas buenas y honestas como usted, el Doctor Camargo y el Señor Alonso…
-         Exceptuando a don Cristóbal Mendoza ¿no?...  Me interrumpió Doña Fernanda ..
-         Así es, exceptuando al gobernador, pero no podemos olvidar que por medio de esa relación he podido ayudar a muchos de mis paisanos…
-         No lo sé Giuseppe… me reprochó Doña Fernanda… si a eso le llamas ayudar entonces diremos que sí, pero tú sabes muy bien que la paga no es muy buena y siempre tienes que enfrentarte a ese Señor para que responda por los beneficios que promete al inicio del contrato y que después quiere hacerse de la vista gorda, ¿no crees? Pero bueno Giuseppe, esas son cosas tuyas y bien sabes que en eso no me meto, por otro lado, vamos a tratar lo que de verdad nos importa en estos momentos ¿qué has averiguado con respecto a todo ese plan minero por así llamarlo? algo importantísimo que no podría dejar de lado ¿qué has averiguado sobre este extranjero y sobre su procedencia?

Levanté la cabeza y con gran entusiasmo comencé a enumerar mis hallazgos.
-         En primer lugar Doña Fernanda pude averiguar que es cierto lo de las minas, son muchos los garimpeiros que se concentran en esta zona, parece que tienen tendencia a contaminar los ríos con mercurio, muchos de los indígenas que viven en los alrededores han muerto afectados por esta contaminación y hasta ahora las autoridades no intervienen, no le dan la atención necesaria, por cierto que se han visto masacres de estas tribus indígenas y los cuerpos son arrojados en fosas que ellos mismos cavan sin dejar rastros, esas mismas fosas son descubiertas por yanquis que van en la misma búsqueda y excavando ven los cadáveres o esqueletos de los indígenas, tal parece que no existe misericordia humana en estos sitios, Doña Fernanda, además pude comprobar que muchos de los terratenientes que rodean la capital han obtenido sus lucros a través de exploraciones que han pagado donde han conseguido diamantes y otros minerales haciéndolos millonarios de la noche a la mañana, esto me lo ha indicado el doctor Camargo que según parece tiene una lista de clientes terratenientes, por lo que me pudo dar fe de la veracidad de esta actividad. ¿Sabía usted Doña Fernanda que el mayor yacimiento de hierro se encuentra en la zona y que todo eso de las empresas es una cortina para las demás exploraciones? Muchos llegan allí con excusas y roban todo lo que hallan, desde los minerales que tienen las tierras de las tribus indígenas hasta lo que puedan conseguir en su camino de exterminio.
-         Vaya… me interrumpió Doña Fernanda… veo que te apasionan las cosas que sean hechas con injusticia, hablas con aquella dignidad como si fueran uno de los tuyos lo que estuvieran afectados por estos declives de la humanidad…
-         ¿Cómo no sentirlo Doña Fernanda?... Proseguí… Mi nana, quien era española siempre me narró historias de la colonización y la manera que eran vejados los indios solo para ocupar sus tierras y le llamaban colonias a estas ciudades, fueron historias atroces las que me contó, como sometían y perseguían a tribus enteras con tal de dominarlos y quitarles lo que por derecho les pertenecía, aun no comprendo el salvajismo del hombre y eso que le llamaban civilizados, si civilizados y no les importaba nada, matar, someter, violar, todo por el poder de controlar unas tierras que según ellos ¿eran de nadie? Y entonces ¿los indios eran quiénes? ¿A caso no eran seres humanos? ¿No eran nadie? Ahora es que comprendo porque Europa vive tantas guerras y pestes hoy día. Sabe Doña Fernanda, el Doctor Camargo una vez me dijo que con la vara que mido con esa misma vara seré medido, eso es lo que ha sucedido en Europa estamos pagando esta generación las vicisitudes que nuestros ancestros hicieron padecer a estos pueblos y ¿todo por qué? Por el bendito poder, ese mismo poder de control, creerse más que otros países, ser dueños y señores de la tierra ignorando que la tierra no se posee, que es de todos y que nadie absolutamente nadie puede echar manos a lo que Dios ha creado para que todos vivamos en armonía, pero la ambición, el hambre de control sobre otros ha hecho que la armonía que el supremo siempre ha querido para nosotros se rompa, por ello quizás es que estas historias tristes y lamentables debemos vivirlas.
-         Tranquilízate Giuseppe… me dijo Doña Fernanda… No te alteres que tampoco es para tanto, recuerda que muchas veces estas cosas debemos vivirlas para poder evolucionar y no quedarnos varados en la historia, aun seriamos una población inocente e ignorante de no ser por la llegada de los colonizadores, pero vamos que de esto no es lo que nos interesa conversar, dime algo, ¿qué crees sobre las verdaderas intenciones de este ingles que se ha acercado a ti? ¿Aun desconoces sus propósitos o tienes alguna idea?.. por cierto ¿cómo fue que me dijiste que se llamaba? ¿Él ha venido al restaurante? ¿Sería ese el lugar donde te ha podido fijar?.. la verdad es medio misterioso ese hombre y quizás ha notado tu vulnerabilidad a tal punto que se ha atrevido a localizarte, vamos continuemos desenredando todo esto, la verdad me intriga, no deseo que nada te suceda… Ella me sonrió con ternura quizás para darme más confianza y poder continuar con todo mi relato…
-         Nunca lo había visto por el restaurante, esa es la verdad, ni en ningún otro sitio… respondí... quizás he sido poco advertido para detalles de esa magnitud, su nombre es Scoth Blair, al menos eso es lo que me ha dicho, quizás sus amistades lo conozcan ya que según él se desenvuelve en el mundo comercial o empresarial, algo así. Aquí está su tarjeta de presentación…

Doña Fernanda la tomó en sus manos, revisando el contenido de la misma y para sí dijo.. Es raro me suena este nombre pero ¿dónde lo he escuchado? Estoy segura que en algún lado he oído este nombre, tendré que hacer memoria…

Por otro lado yo continué con mi explicación…
-         Ahora con respecto a sus propósitos he revisado todo lo que me ha dicho y acá tengo una lista… saqué de mi saco una hoja repleta de preguntas… todo esto es lo que he anotado de mis investigaciones y bueno el asunto es que quedamos que yo haría unas preguntas sobre las dudas que surjan con respecto a todo esto y él me daría las respuestas de la misma manera, todo por escrito…
-         Todo eso está muy bien Giuseppe… interrumpió Doña Fernanda… pero hay un punto elemental, esas interrogantes no deberían ser contestadas por él, debemos buscar a alguien experto en la materia que nos de luces, ¿no te parece? Este ingles te responderá de la manera que mejor le convenga, como me has indicado sus modos de proceder no son de una persona torpe, él sabe lo que quiere, sabe lo que busca,  ha intentado entrar en ti a través de la ambición que pueda desarrollar en tu interior, algo que yo no culparía debido a tu poca edad y experiencia, pero se y confío que faltaría algo más que eso para poder seducirte en los malos caminos, ¿no es así?
-         Así es Doña Fernanda…  jugueteando un poco con el papel, le respondí… he querido dejar de investigar sobre esto y tratar de no volver a contactar a este Señor así me evitaría problemas, la verdad no sé qué hacer, tengo la cabeza algo agitada, por otro lado hay una parte de mí que me dice que no tenga miedo que es una buena oportunidad para explorar otros caminos ¿ha escuchado el refrán del tren de la suerte? ¿Que solo pasa una sola vez? Es lo que no deseo perder mi oportunidad ¿sabe?
-         Te comprendo perfectamente hijo… me respondió Doña Fernanda e Incomprensiblemente su rostro le cambió, de pronto ya no era tan radiante como siempre, se tornó sombrío y algo desilusionado, era el rostro de una mujer triste quizás abandonada.

Es que así se sintió, por primera vez en tanto tiempo, sintió que yo la estaba abandonando en su mundo, que ya no deseaba continuar bajo su tutela como si todo lo que ella me había transmitido en todo este tiempo ya no me hacía falta, yo había aprendido lo suficiente, ya me había terminado de formar, solo pensaba ahora en mi porvenir de manera egoísta, quería ser alguien en la vida y no lo quería conseguir de la mano de Doña Fernanda, así se sintió ella, el tren de la suerte pasa solo una vez, se repetían estas palabras en su mente como una tortura. Se levantó del sofá casi sin aliento, se dirigió a la ventana que daba a la calle, en ese instante pudo apreciar el paso de la sociedad caraqueña perdida en sus mundos, en sus vidas, algunos haciendo los típicos chistes, ese humor venezolano que siempre los caracterizaba, niños correteando con sus padres, molestándose entre ellos o a los que pasaban a su lado, había caras alegres, otras tristes, llenas de pesadumbre, miradas perdidas en la soledad de una multitud, de pronto sintió que ella era una de esas personas, llenas de sueños que se disipan, que no aceptan su realidad y que prefieren el silencio y la soledad para no reconocer que su realidad es otra, que están más solas que cualquier otra persona en el planeta, sin embargo en su mente solo circulaba esa frase, el tren de la suerte pasa una sola vez….
Yo no pude notar el cambio repentino de Doña Fernanda nunca me imaginé que pude haber dicho algo inadecuado así que solo figuré que quizás ella había visto algo en la tarjeta y recordé al inglés. Como el silencio era perturbador y agobiante y mi impaciencia se extralimitaba, yo la interrumpí en sus pensamientos y en sus silencios, sin notar que estaba invadiendo el dolor que en ese preciso instante había abordado el corazón de esa bella mujer…

-         Doña Fernanda, disculpe mi impaciencia pero ¿qué sucede? Dígame por favor, ¿ha recordado algo? ¿Conoce usted al inglés?? Dígame no se quede callada, ¿sí?…
Ella volteó y me dio la tarjeta… no hijo, no sé quién es este inglés, toma, la vas a necesitar… me entregó la tarjeta de presentación de Mister Scoth, tenía los ojos llenos de lágrimas, esas mismas lagrimas que supo aguantar para que yo no notara que se estaba muriendo de tristeza… déjame llamar al Doctor Camargo, él te podrá ayudar en esto, de verdad hijo, ahora discúlpame pero es que no tengo cabeza para pensar en estos momentos, de pronto me sentí un poco mal, debe ser el clima que me está afectando o una bajada de tensión, iré a casa a tomar un descanso, después continuaremos con esta charla, ¿te parece?
Yo me levanté y haciendo un movimiento con mis hombros le respondí… Está bien Doña Fernanda como usted diga.
-         Por cierto Giuseppe… me dijo doña Fernanda… está pendiente a lo mejor el Doctor Camargo te llame en el transcurso de la mañana y piensa en esto que te voy a decir, a veces niño, estamos montados en el tren de la suerte pero no sabemos apreciarlo ni distinguirlo, porque siempre queremos andar en trenes que no están en nuestro destino, es por ello que cambiamos a veces nuestra propia suerte, por arrebatos e impulsos que no sabemos dilucidar a tiempo… acercándose a mí me tomó la mano derecha y se la llevó a su corazón… escucha a tu corazón siempre Giuseppe, por muchas respuestas que te dé la razón o muchas vueltas que de tu cabeza, aprende a escuchar a tu corazón, solo así podrás tomar las decisiones correctas y nobles que te llevaran a donde quieras llegar… y con un beso en mi frente se retiró a su mansión a descansar…

Yo continué con mis obligaciones en el restaurante, pensando en todo, ahora quedando más confundido que antes, eso que dijo Doña Fernanda, ¿a qué se refería con eso? ¿De qué tren hablaba? ¿Escuchar mi corazón? Pero si yo siempre lo escucho, me decía sin parar, a la vez que limpiaba los rincones del restaurant, al menos así lo pensaba…

Transcurrió la mañana y antes de que fueran las diez fui a reunirme con Don Cristóbal. Ese día tenían la preselección de un grupo de extranjeros que llegaron la semana anterior, los llevarían para el tramo de la autopista la guaira que estaba en plena construcción, así que necesitaban mano de obra urgente. Yo me había olvidado de ese compromiso y debía llevar por lo menos cien personas que me estarían esperando en el albergue, así que tomé mis cosas y salí de prisa del restaurante. Camino al albergue me conseguí a unos de mis paisanos.

-         Giuseppino hermano, ¿cómo estás?
-         Hola Rigoberto ¿cómo está todo?... respondí sin tener ningún tipo de interés en quedarme a charlar… déjame saludarte de prisa es que debo ir al albergue.
-         Espera amigo… me dijo Rigoberto… tengo algo para ti, espera hombre deja la prisa..
-         Muy bien Rigoberto no puede esperar. Te prometo que paso ahora por la tarde y hablamos… le dije con impaciencia tratando de zafarme de mi amigo debido al afán que tenía en llegar al albergue y alistar a los obreros.
-         Es de Flavio hermano… me dijo Rigoberto a manera de retenerme…
En seguida presté toda la atención debida, tenía mucho tiempo sin saber nada de su paradero, tenía miedo que las cosas no le hayan salido del todo bien.
-         ¿Flavio? ¿Qué sucede con Flavio? dime…
-         jajaja nada amigo, es que te tengo noticias de él… me respondió Rigoberto al mismo tiempo que sacó de su bolsillo un sobre… mira esto me lo entregó un amigo mío que estaba por los lados de Guayana, me dijo que se consiguió a Flavio por allá y bueno como nos conocemos del albergue pues envió esto con él, me dijo que si yo tenía suerte de conseguirte te lo entregara a ti personalmente, sellado y todo como viene, por cierto, el quedaría encantado de verte ahora, estaría orgulloso de ti hermano, de verdad… y me golpeó la espalda… eres un chico de buena suerte…
-         Gracias Rigoberto… tomé el sobre de Flavio y me retiré a un lado para comenzar a leerla, olvidando todo, incluso mis obligaciones pendientes, era realmente importante para mi saber que había sucedido con él, suponía que si ahora recibía noticias de su destino era porque se encontraba bien, sin embargo me inquietaba, Flavio siempre fue tan desequilibrado que tenía miedo de leer el contenido de ese sobre, tenía miedo de saber que había allí adentro..
Además, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que había leído aquella carta de despedida que dejó Flavio en la habitación. Este sobre era el primero que recibí después que se marchó de la pensión…

Eran las primeras noticias que recibía de mi gran amigo, no podía esperar, eso era algo que también me inquietaba. Al abrir el sobre conseguí un papel con solo una palabra: Vente..  Escrito con carbón, algo así parecía. Vente, me dije enseguida, ¿qué es esto..? ¿Acaso es una broma?  revisé el sobre para ver si conseguía algo más y vi unas piedritas doradas de color opaco, eran pequeñitas, parecían caraotitas, eran como cinco más o menos, volví a ver el papel, vente…no decía nada más. Algo consternado pensé… ¿Flavio que quieres decir con vente? ¡Vente a donde carajo…! ¿Por qué eres tan loco? ¿Estas piedritas que podrán ser?
Tomé todo y lo guardé en mi chaqueta, al mismo tiempo que recordé que tenía que estar en el albergue para llevar a mis paisanos a la casa de gobierno para su contratación, cielos pensé, debo irme es tarde. Comencé a caminar calle abajo, algo acelerado por lo tarde que se me había hecho ya…  

Terminada la jornada del día, con algo de estrés, por las demoras acontecidas y las faltas adquiridas, me dirigí a la pensión, allí pasé directo a mi dormitorio de manera sigilosa, no quería que nadie me sorprendiera por esos lados, necesitaba con urgencia llegar a mi habitación, estar en la tranquilidad de mi soledad para revisar con sumo cuidado la encomienda de Flavio. Fue tanta mi intriga que dejé de ir a la oficina del Doctor Camargo como solía hacerlo todas las tardes, pensé que Doña Fernanda se había encargado de ponerlo al corriente de todo, así que mi estadía allí si llegase a ir, se prolongaría por mucho tiempo,  yo necesitaba descifrar lo antes posible la nota que recibí de Flavio. Una vez en mi habitación sobre mi cama coloqué las piedritas, eran algo raras, parecían rocas, tenían un color amarillento, fue cuando recordé que mi amigo Rigoberto al momento de entregarme el sobre me dijo:
-         Un amigo mío lo vió en Guayana…
Guayana pensé y me llevé la piedrita a la boca, quise partirla pero era dura realmente. Tenía un brillo metálico… mmm Guayana  me dije internamente ¿esto podrá ser oro? Sí. Así debe ser el oro, antes de transformarse en lingotes, esto es oro puro. Luego tomé la nota donde estaba escrito una unísona palabra: vente… solitaria como Flavio, pero que decía mucho. Era obvio que Flavio no quería que nadie se enterara donde se encontraba,  mucho menos  que hacía, ¿pero en qué parte de Guayana podría estar? Guayana es muy grande y ¿si esto es oro? Tiene que ser algún pueblo minero entonces… Flavio, Flavio amico ¿dónde podrás estar?  Llevándome la carta a la altura de mi mentón en forma pensante, logré percibir un olor acido que provenía del papel donde estaba la diminuta nota, lo olí, era limón, recordé los juegos que hacíamos cuando éramos pequeños…
El abuelo de Flavio nos  había enseñado una vez a realizar cartas secretas. Según él, era una forma de comunicarse en la guerra, no sé de donde lo aprendió, lo cierto es que nos enseñó a escribir con una espiga de trigo mojándola en agua de limón escribíamos sobre el papel cualquier cosa que se nos ocurriera, luego la dejábamos secar, al día siguiente tomábamos una vela y una vez encendida pegábamos no tan cerca el papel y como arte de magia se hacían visibles las letras que habíamos plasmado el día anterior, todo lo que habíamos escrito aparecía allí, para nosotros en aquellos tiempos, esa técnica artística por así explicarlo, significaba magia…
Enseguida tomé una vela que usaba siempre de noche para leer y no molestar a los demás. Pegué el papel allí y resaltaron al instante las palabras… al callao… Me sobre salté, de una carcajada comencé a alabar a Flavio… ajajjajaja Flavio eres grande jajajajá lo recordaste… vente al callao… eso era lo que decía exactamente la nota. Más abajo había una oración: No olvides tu sexto sentido…vaya manera las que tenía este loco de comunicarse conmigo, sus pocas palabras no me indicaban más que solo el nombre de un lugar que conocía perfectamente gracias a mis investigaciones, no tenía idea de cómo llegar allá, no sabía siquiera el lugar exacto de la existencia de aquel lugar, sin embargo, era Flavio quien se reportaba, era Flavio quien me necesitaba, algo grande tendría, quizás sus sueños fueron alcanzados y como siempre me lo dijo quería compartirlo conmigo. Para ese momento no pensé en nadie más, no pensé que faltaría mucho y pasarían innumerables cosas antes de conseguirme frente a frente con mi noble amigo, un encuentro donde ya no sería yo, no sería el mismo de tiempos atrás…

Mi padre, para ese momento solo visualizó un único futuro, esas piedritas lo sacaron de lo real, lo transportaron a los sueños que siempre quiso alcanzar, convirtiéndose en una razón más, que lo inclinaba a viajar al territorio guayanés. Si esas piedras resultaban oro, eran la prueba de que la información dada por aquel inglés era certera. Esas tierras de Guayana estaban abarrotadas de oro puro, solo tenía que cerciorarse de que sus conclusiones eran atinadas, que su decisión de marcharse no fuese errónea ya mañana se encargaría de aclarar sus dudas, había sido demasiado por ese día. Él aún ignoraba que nada había sido demasiado como todo lo que se le avecinaba. Conocería sentimientos marcados y profundos que dejarían heridas abiertas que jamás cicatrizarían. Tan grande era su inocencia que su poca elocuencia no lo hacía ver más allá de la maldad del prójimo que lo rodeaba. Maldad que lo consumiría y lo marchitaría en un abrir y cerrar de ojos.

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Este obra cuyo autor es GLOSMARYS ELEORANA CAMACHO ALBARRAN está bajo una licencia de Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons.